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03
Abril Viernes

Altruismo a toda prueba en las misiones médicas de Edilberto (+Fotos)

 

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El doctor Edilberto Aguilera Aldana inscribe entre los mayores premios de su vida las tres misiones internacionalistas en las que ha puesto el nombre de la medicina cubana en los sitiales más altos, y las cuatro ocasiones en que estuvo muy cerca de Fidel, por su condición de estudiante primero y graduado de la carrera después.

Desde el 2019 está en Tanzania, donde ejerce como especialista en Urgencia y Emergencia Médicas en el hospital Bugando Medical Centre, en la provincia de Mwanza, pero antes fue a Venezuela y a Brasil, “lo que me ha permitido crecer profesional y humanamente, y ser más patriota y más revolucionario, al apreciar la grandeza de lo que tenemos en Cuba”, confiesa.

En territorio venezolano fue fundador del programa Barrio Adentro, en 2003, lo cual le aportó aleccionadoras experiencias como médico y como persona, porque en ese hermano país había cierta confusión en la población acerca del verdadero sentido del trabajo que lo había llevado a tan lejana tierra a cumplir sencillamente un sagrado deber.

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“Un día, por ejemplo, vino un paciente con un dolor agudo en un pie, lo habían entretenido en los hospitales, el problema era de amputación y se lo indiqué. Eso me dio prestigio y validó de tal manera el auténtico objetivo de la misión médica que propició un positivo impacto, y hasta personas de la oposición reconocieron nuestra calidad y empezaron a asistir a las consultas.

“Hay un aspecto importante, recalca, y es que la medicina cubana se basa en el método clínico, mediante el cual interrogamos primero al paciente y luego hacemos el examen físico exhaustivo que permite llegar al 90 por ciento de un diagnóstico certero, lo que llama la atención, pues no se aplica en otros lugares del mundo.

“Nuestra escuela es muy sólida y competente en la formación de los galenos, no solo en conocimientos sino también en valores, es humanista; de ahí que la población de otros países no conciba el altruismo de marchar a curar y salvar a personas desconocidas en sitios, muchas veces inhóspitos, con la misma pasión con que laboramos en la Patria, por el único interés de hacer el bien”.

Cuenta Edilberto que al poco tiempo de su estancia en la patria de Bolívar, los venezolanos empezaron a decir que toda la riqueza del petróleo de su nación no pagaba el servicio de calidad de los galenos de la Mayor de la Antillas, el sacrificio de alejarse de su terruño y, sobre todo, de la familia y de los hijos.

“Yo asumo las misiones, enfatiza, por mis convicciones y la satisfacción de cumplir un sagrado deber: así hice en 2013 cuando participé en la fundación del programa Mais Médicos para el Gigante Sudamericano, haciendo culto y honor al legado de que Patria es humanidad.

“Aunque se sufre igualmente, en mi primera misión dejé a mis dos niñas pequeñas y sentí un dolor inmenso; ahora Deyadira me dio la alegría de que aspira estudiar medicina. También, al mes de estar en Tanzania murió mi madre y no pude verla por última vez, imagínate lo que eso significa para un hijo que está tan lejos.

“Solo me recompensa evocar lo que aprendí del Héroe Nacional José Martí de que el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber”, subraya el galeno santiaguero.

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“Integrar el Contingente de Ciencias Médicas Carlos J. Finlay fue gratificante para mí, decisivo en mi vida, porque me posibilitó estar en cuatro ocasiones bien cerca de Fidel, dialogar con él, y expresarle mi felicidad de poder poner mi granito de arena para hacer realidad su sueño de que un mundo mejor es posible”, recuerda.

Edilberto estuvo junto al Comandante en Jefe en 1982, cuando se constituyó el Contingente en La Habana; en 1988, al estar en el hospital Olo Pantoja, de Contramaestre, inaugurado por el Máximo Líder; también ese año en la graduación del “Carlos J. Finlay”, y en 2003 en la despedida para la misión en Venezuela.

“Todas esas vivencias e intercambios con Fidel creó en mí un mayor compromiso con mi país, con mi historia y, especialmente, con él, que es mi ídolo, mi modelo revolucionario, mi maestro”, confiesa con emoción Edilberto.

Quería estudiar ingeniería agrónoma, no pensaba ser médico, pero un día pidieron la disposición de integrar el primer Contingente de Ciencias Médicas Carlos J. Finlay para trabajar en el exterior, y no lo pensó dos veces, dio el paso al frente.

“Una vez que empecé, explica, me enamoré con pasión de la carrera, no concebía realizar otra cosa que prevenir enfermedades, curar y salvar vidas, tenía una semilla escondida que floreció moldeada por insignes profesores como los Doctores en Ciencias Médicas Reinaldo Roca Goderich, y en Ciencias Psicológicas Alberto Cobián, y el eminente pediatra Noel Balón, entre otros, a quienes agradezco tanto”.

No tiene mayor estímulo que el reconocimiento de la población este ejemplar médico, hombre culto, querido, afable, que se para en cualquier esquina a hablar con los vecinos, a los pacientes les da aliento, les regala una sonrisa, una mano en el hombro, un trato exquisito que cura como la mejor medicina.

Edilberto se graduó en 1988 en el Instituto Superior de Ciencias Médicas, hoy Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba, con notas suficientes para escoger cualquier especialidad, pero optó por la Medicina General Integral, laboró en hospitales de montaña, en Contramaestre y desde 1994 integra el colectivo del policlínico Josué País, en el Centro Urbano Abel Santamaría, de la Ciudad Héroe.

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