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03
Abril Viernes

Chile, un gobierno ciego que dispara contra los ojos del pueblo

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Cerca de 300 ciudadanos de Chile recibieron heridas en los ojos durante los últimos tres meses por disparos contra manifestaciones ordenados por un gobierno cuyo presidente parece estar ciego ante el sufrimiento humano.

Las víctimas, comprendidas en una lista más numerosa de muertos y lesionados, fueron baleadas con perdigones o proyectiles de goma por los carabineros del país austral, que reprimen desde el pasado 18 de octubre a descontentos con las medidas neoliberales del ejecutivo.

"La intención de las fuerzas de seguridad chilenas es clara: herir a quienes se manifiestan y así desalentar las protestas", declaró la directiva de una ONG internacional Erika Guevara.

El suceso llamó como nunca la atención desde que la población reparó en que los militares apuntaban con intencionalidad hacia los ojos de los participantes en las movilizaciones, y se agravó con el creciente aumento de esos heridos, muchos de los cuales pierden la vista.

La cantidad de afectados en esa parte del cuerpo desde el estallido de las revueltas contra las desigualdades aumenta junto a las demás bajas, y provoca denuncias de expertos en salud y grupos de derechos humanos ante diversas instancias, mientras proliferan las quejas de las víctimas:
Numerosos puestos de atención médica improvisados en esquinas y bocacalles de Santiago de Chile registran a diario nuevos lesionados por esos proyectiles, que alcanzan velocidades de hasta 100 metros por segundo.

Las reacciones nacionales e internacionales ante la nueva modalidad criminal preocuparon incluso hasta al gobierno, al menos al principio, al punto de que el jefe de la policía nacional, Mario Rozas, anunció una suspensión del uso de perdigones.

Pero el militar añadió que a los agentes se les permitiría disparar municiones no letales como "una medida extrema y exclusivamente para defensa propia cuando exista una amenaza inminente de muerte".

Organizaciones benéficas recordaron que “las balas de goma y perdigones pueden no ser letales pero tienen el potencial de dejar ciego a quien recibe los disparos”.

Esas y otras instituciones alientan como una acusatoria expresión de protesta ante esos hechos la costumbre entre manifestantes de marchar en las calles con los ojos cubiertos de parches negros en solidaridad con sus compañeros heridos en los ojos.

Asociadas a respuestas populares frente a otras secuelas del capitalismo contemporáneo, también en países desarrollados de Europa como Francia se verifican actos de represión causantes de similares daños a personas descontentas.

Expertos en salud de la nación gala exigieron al gobierno prohibir el uso de balas de goma, en respuesta al aumento de las lesiones graves reportadas durante los enfrentamientos de la policía contra las movilizaciones de los llamados “Chalecos Amarillos”.

Las acciones independentistas en Cataluña también registraron incidentes de lesiones oculares por ese tipo de proyectil, mientras el fotógrafo palestino Muath Armaneh perdió su ojo izquierdo por una bala de goma durante una protesta en Gaza.

Sin embargo, mientras las autoridades de los citados países atentan de esa forma contra la visión humana, gobiernos como Cuba y Venezuela implementan medidas para cuidarla e, incluso, devolverla a quienes carecen de ella, mediante campañas como la llamada Operación Milagro.

Considerada entre las más relevantes estrategias médicas de carácter social en el planeta, y quizás la más integral destinada a recuperar la visión, se estima que seis millones de personas de América Latina, el Caribe, Europa y África fueron beneficiados por ella.

Esa cifra, ofrecida en fecha reciente por Caracas, se basa en el estimado sobre posibles pacientes a tratar, en el momento de concebirse el programa entre Cuba y Venezuela para un término de diez años a partir del inicio de la operación en abril de 2004.

Aunque ahora es difícil precisar la cantidad exacta de pacientes del proyecto diseñado por los entonces presidentes Fidel Castro y Hugo Chávez, el impacto humano tras 16 años transcurridos desde aquella fecha, carece de precedentes en cualquier región del mundo.

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