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Febrero Martes

Cuidar a Martí le hizo más revolucionario (+Fotos)

 

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Conocí a José Martí a través de la Edad de Oro, no podía ser de otra manera porque ese es el primer acercamiento de los niños cubanos a la vida y obra del más ilustre de los nacidos en este archipiélago.

El valor de la amistad, la modestia, la solidaridad como condición humana, la inteligencia para sortear grandes obstáculos, y sobre todo el amor y respeto a los héroes de la Patria, lo aprendí de las lecturas martianas.

Aprendí también, que él es un símbolo sagrado para Cuba y para el mundo, porque llevó en sí el decoro de muchos hombres y dedicó su existencia a luchar por la independencia de su país, y con ella, evitar la expansión de los Estados Unidos por América.

A Martí lo llevo en mi corazón porque a él debemos regresar siempre para ser más humanos, más dignos y sentirnos más cubanos.

Las palabras anteriores son de Eduardo Ricart, un joven que, como pocos, tuvo el privilegio de custodiar el mausoleo que resguarda los restos del Apóstol en el cementerio patrimonial Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba, durante el cumplimiento de su servicio militar, hace un tiempo ya.

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Según el entrevistado cuidar a Martí lo hizo más revolucionario. Bien sabe que cuidar el sendero de los padres fundadores de la Revolución Cubana es tarea que dignifica a los hombres, es así que considera ese año como uno de los más importantes de su existir.

Cuando le explicaron que pasaría el servicio militar en el pelotón de ceremonias del “ Santa Ifigenia” sintió gran orgullo, comentó, en tanto es un sitio trascendental para la historia patria y como joven se propuso asumir lo mejor posible tal responsabilidad, porque -- a su juicio-- era la manera de homenajear a quienes tanto hicieron por la Cuba libre y soberana que hoy se tiene.

Eduardo nunca imaginó permanecer tanto tiempo en ese sitio, más allá del 27 de enero en la tradicional Marcha de las Antorchas como estudiante de preuniversitario o cada cuatro de diciembre, día que el pueblo de la Ciudad Héroe peregrina hasta el monolito del Comandante en Jefe Fidel Castro; sin embargo, la vida le cambió.

Supo de la historia de los cinco entierros del Apóstol, de la construcción del mausoleo, de la necesidad de los cubanos por darle una tumba digna al autor intelectual de los sucesos del Moncada, tal como lo definió Fidel Castro el 16 de octubre de 1953, en su alegato de autodefensa La Historia me Absolverá.

Aunque ya se consideraba revolucionario, Ricart reconoció que en ese campo santo aprendió a amar verdaderamente a su tierra, a enorgullecerse de sus héroes, de sus símbolos y de la obra de la Revolución, que trasciende fronteras.

Durante su etapa como soldado vivió la visita de cientos de extranjeros, casi a diario, en busca de información de Carlos Manuel de Céspedes y Mariana Grajales; de Fidel, pero, sobre todo de José Martí, por considerarse la figura más importante e influyente del siglo XIX cubano.

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Para este joven, el Héroe Nacional constituye un paradigma, y se debe en gran medida a su legado a las nuevas generaciones, a los caminos de independencia que mostró, a la República con todos y para el bien de todos que soñó, a los valores que inculcó en sus obras literarias y periodísticas; y a su ardua labor por la unidad entre todos los cubanos, la misma que ha llevado a resistir el más férreo bloqueo económico, financiero y comercial impuesto a nuestra nación por Estados Unidos por más de seis décadas, con el fin de destruir al proceso social cubano.

Desde el 19 de mayo de 2002 se realiza la guardia de honor en el mausoleo de José Martí, último lugar de entierro del héroe el 30 de junio de 1951. La construcción de este sitio en el campo santo santiaguero comenzó el 19 de mayo de 1948, según refiere el texto Los cinco entierros de José Martí, de Francisco Ibarra Martínez; y su estructura guarda estrechísima relación con la vida, la prosa y el ideario martianos, en tanto fue justamente esa una de las bases del concurso lanzado, en la década de 1940, por el comité Por una tumba digna para el Apóstol del local Club Rotario.

En José Martí se sintetiza la idea más alta de nación, de Patria y de humanidad, por esa razón es respetado y venerado por todos los que con orgullo se sienten cubanos y revolucionarios.

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