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Febrero Miércoles

Nuestra victoria ha de tener la limpieza luminosa de Martí

 

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Hay pasiones fugaces; otras duran más y, algunas -solo algunas-, la vida entera. La de Luis Toledo Sande por José Martí es de esas para siempre y lo desborda cuando habla y hasta cuando piensa a ese hombre excepcional, inabarcable, genial y a la vez tan cercano, del cual se aprende y debemos aprender todos los días.

Doctor en Ciencias Filológicas, narrador, poeta, ensayista, crítico, investigador, pedagogo, colega. Todo esto es Toledo Sande, Premio de la Crítica de Ciencias Sociales por su biografía de Martí Cesto de llamas y que ahora, ya jubilado, tiene tanto o más trabajo, lo cual lo hace muy feliz. Pero, sobre todo, es un estudioso del más universal de los cubanos al que, si se le pregunta cuándo descubrió al Maestro, responde:

“Eso, si realmente puede hablarse de descubrimiento, porque es algo que surge, quizá imperceptiblemente, y va creciendo. En mi caso, los primeros indicios vienen de la escuela primaria. Luego fue tomando mayor fuerza, ‘organicidad’ visible, en el bachillerato y más aún en la universidad, con un entorno en el que pronto aparecieron los Seminarios Juveniles de Estudios Martianos, y con profesores como José Antonio Portuondo y Roberto Fernández Retamar, quien fue, además, mi primer editor, en la revista Casa de las Américas.

“Lo hecho hasta ese momento explica que se me incluyera en el equipo fundador del Centro de Estudios Martianos, institución a la que dediqué 12 años, tramo de un camino que no he abandonado ni podría abandonar, nutrido por la lectura de Martí, y convencido de que él nos resulta necesario. No solo a Cuba”.

Pese a todo lo anterior, no cree ser alguien que ha consagrado sus días al estudio y difusión de la vida, obra e ideas del Apóstol de nuestras luchas emancipadoras. El término, empleado en sí mismo, le parece desmesurado. Piensa que, más bien, fue “crecientemente ganado por el placer que proporcionan leer a Martí y su compañía, y la necesidad de tratar de llegar al fondo de su mensaje”.

--Y después de pasar junto a él tanto tiempo, ¿sigue siendo un misterio?

--Que yo sepa, y aunque ya en vida sus seguidores lo llamaron Maestro y Apóstol, el primero que asoció a Martí con el misterio fue Julio Antonio Mella, quien confesó que ante su legado sentía ese temor que se siente ante las cosas sobrenaturales. Es muy serio y revelador que un joven marxista, aguerrido y brillante como él, haya experimentado tal sensación con Martí.

“Mucho después vendría el gran poeta José Lezama Lima con el acierto del “misterio que nos acompaña”. La continuidad es altamente significativa. Pero, me parece que lo fundamental en Martí es la mezcla que trasmite de misterio y realidad, de esperanza y certidumbre, de guía y cumplimiento propio, de encantamiento y sentido de responsabilidad.

“Se habla de un ser humano extraordinario, excepcional, aunque haya quienes pierdan el tiempo intentando probar que fue una persona como otra cualquiera. ¡Qué error! Pero un error conceptual que da pábulo a actitudes muy equivocadas. Para referirse a los torpes afanes de ‘humanizar’ a Martí, José Antonio Portuondo solía emplear ese refrán de que ‘todos estamos hechos del mismo barro, pero no es lo mismo bacín que jarro’.

--¿Algo en la vida de José Martí especialmente inspirador o que lo haya impactado?

--El sentido moral -misional, si se quiere- de su existencia toda, su entrega, su conciencia de redentor. Aunque tratase de no lastimar a los demás con su grandeza, era tan inteligente que no podía desconocerla. Pero quería ser, sobre todo, bueno y útil, y en eso campeó a lo largo de su vida, y sigue campeando desde la tragedia de Dos Ríos. No cesa, ni cesará.

--¿Cómo es su Martí?

--Seguramente todo el que ha pensado medianamente en él tiene ‘su’ Martí. Concretamente para Cuba, está consustanciado con el subsuelo y la atmósfera de la patria, de nuestras vidas. Pero me sentiría petulante si creyera que tengo un Martí particular. Martí es Martí.

“Tengo, sí, una imagen de él y he procurado plasmarla, por partes o con afán más abarcador, en no pocas páginas, especialmente en Cesto de llamas. Espero que, al menos algunas, sean útiles. Lo que puedo asegurar es que todas son sinceras, porque, ¿cómo acercarse sin honradez a quien fue ejemplo magno de esa virtud?”

--Frecuentes son sus encuentros con niños, adolescentes y jóvenes. ¿Cómo logra “conectarlos” con Martí?, ¿Qué temas siente que les son más atractivos?

--Tengo la impresión de que nada sustituye a la sinceridad, y a lo que se dice a partir de conocerlo lo mejor posible. En Martí nada hay que ocultar ni que reclame vericuetos explicativos. Fue un ser humano limpio. Creo que a niños y niñas, y a personas de todas las edades, eso les resulta atractivo y conmovedor. Hace años fui profesor –de colegas y de estudiantes- en la hoy Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona, y esa experiencia me lo ratificó.

--Se suele citar mucho a Martí, pero ¿no cree que nos hace falta pensar más a Martí y obrar y vivir más martianamente?

--Al parecer, Cristo fue ágrafo, y no pidió que se reprodujeran sus palabras, que otros recogieron con mayor o menor fidelidad. Ni siquiera reclamó que se creyera en él, sino que se actuara como él estaba convencido de que debía actuarse para bien de la humanidad.

“Saltando distancias y diferencias, algo similar puede decirse de Martí, quien no creía precisamente -lo comprendió alguien como Cintio Vitier- que Cristo fuera el hijo encarnado de Dios, pero quiso ser cristiano, pura y sencillamente cristiano en cuanto a voluntad y realización éticas, y entregar la vida por el bien de los demás.

“Está bien citar a Martí si se hace honradamente, sin falsearlo, pero a menudo se abusa de su palabra como si fuera un comodín, y abundan por ahí citas que se le atribuyen y no son suyas.

“Tampoco hay que asociarlo con algo que le fue ajeno: el cansancio. Hace años, al final de una conferencia, alguien del público me preguntó qué sugería para estimular la lectura de Martí. Como yo tenía en mente el mal uso y el abuso que se hace de citas suyas, casi sin pensarlo respondí: ‘Prohibirlo’. Porque hay ejemplos, hasta patéticos, de cuán estimulantes pueden ser las prohibiciones.

“Pero prohibir a Martí no tendría sentido ni sería posible ¡ni moral!, y enseguida añadí que, como no podía prohibirse, lo pertinente era, y es, difundirlo bien, seriamente, con respeto y fidelidad. Lo que urge es buscar el modo de tener una conducta que se acerque a la suya, aunque él fue un ser fuera de lo común, o porque lo fue, pues para eso están los seres extraordinarios, para aprender de ellos”.

--¿Necesita Cuba a Martí? ¿Qué representa en este punto y hora de nuestra historia?

--Lo necesita, y mucho. Pero no solo Cuba, y si de ella se trata en particular, no lo necesita únicamente para ver en qué puede él avalarla hoy, sino también -cuando no sobre todo- qué pudiera impugnarle. No para tomarlo dogmáticamente como guía, pues todo él fue visión y luz.

“Y los tiempos cambian y no siempre se puede actuar como se quiere, sino como se puede. Pero Martí fue un ejemplo de pensador y hombre de acción que no se resignó a lo que parecía posible, y se planteó metas que para otros serían inalcanzables, imposibles, y él sabía necesario proponérselas y luchar para hacerlas realidad.

“Tal vez una computadora dictamine hoy que en tiempos de Martí la expansión del imperialismo era indetenible. Pero, de su empeño en ponerle freno para bien de Cuba, de nuestra América toda, del equilibrio del mundo y hasta del honor de los Estados Unidos –honor cada vez más mancillado por esa nación en sus desafueros-, se fraguó y llegó a nosotros el afán antimperialista que ha hecho de Cuba una nación libre, independiente, soberana y afanada en sembrar algo que para él era esencial: toda la justicia.

“De ahí que el pensamiento y los actos de Martí, al igual que en su tiempo contradijeron raigalmente a colonialistas, autonomistas y anexionistas, contradigan hoy a pragmáticos y positivistas. Si unos y otros se creen en poder de la razón, será porque están marcados por el pensamiento capitalista, con raíces en el positivismo y el pragmatismo, que a menudo anclan pretensiones economicistas y nada tienen que ver con Martí”.

--Los enemigos de la Revolución pretenden usarlo y hasta suelen citarlo para justificar sus planes.

--Los enemigos de la Revolución podrán simular que intentan adueñarse de Martí, pero saben o deberían saber que él los desmiente, los refuta de raíz con argumentos y luz para combatirlos.

“Hace años escribí ‘De vuelta y vuelta’, un artículo en el que no podía hacer sino eso, poner de vuelta y vuelta a un cubano-estadounidense, que en una revista latinoamericana de derecha se propuso descalificar lo que él llamó pensamiento teleológico de la Revolución Cubana, y terminó arremetiendo contra José Martí, al percatarse de que la vocación martiana de la Revolución no era un invento de esta, sino un “pecado” del propio Martí, quien legó el pensamiento en que ella se fundaba y se funda.

“En cuanto a la significación de nuestro Héroe Nacional, no hay que desconocer la torcida retórica de la contrarrevolución ni pasarla por alto ni permitirle ninguno de sus despropósitos, pero tampoco hacerle demasiado caso. No lo merece.

--Está el ultraje reciente contra varios bustos del Apóstol en La Habana, y ha habido intentos de desacralizarlo, como sucedió tiempo atrás en una Muestra Joven ICAIC.

--Personalmente he escrito contra esos hechos abominables. Pero también siento vergüenza ajena al ver que, aunque sean pocos, hay individuos capaces de protagonizar actos que los degradan y, si algo pueden granjearles, es el desprecio de las personas decentes, revolucionarias o no, pero con cerebro y honradez para entender qué significa José Martí.

--¿Y qué posibilidades de éxito tienen acciones semejantes entre los cubanos?

--¿Entre cubanas y cubanos de veras? ¡Ninguna!

--En lo escrito en las redes sociales para apoyar o excusar la injuria y a sus autores, se advierte una absoluta desmemoria histórica y una dosis increíble de cinismo. Se habla de que la Revolución ha traicionado a Martí. ¿Qué opina al respecto?

--Si de traicionarlo se trata, ¿cómo desconocer lo que significa ser aliado, cómplice o sirviente del imperialismo, cuya expansión él quiso impedir a tiempo y contra el cual murió combatiendo? En su carta póstuma a Manuel Mercado ratificó, además de su posición anticolonialista y antimperialista, su condena a autonomistas y anexionistas.

¡Allá ellos, digan lo que digan! Saben que mienten y, si no lo saben, será porque son mucho más ignorantes que lo que cabría suponer.

--¿Qué hacer para que atrocidades como esta reciban siempre una respuesta como la de ahora, para que Martí esté cada vez más en el corazón de cada cubano?

--Seguir promoviendo el mejor, el más fiel conocimiento de la vida, la obra y las ideas de José Martí. Seguir defendiendo la verdad, la justicia. Seguir luchando contra el imperialismo y sus secuaces. Seguir fomentando la decencia y la cultura. Apostar cada vez más por la delicadeza, la ternura, la fineza, virtudes que, como probó, al encarnarlas en su existencia, lejos de debilitar, fortalecen la acción y el pensamiento revolucionarios y les dan la perdurabilidad de lo bueno invencible.

“En caso de que fuera posible vencer sin esas virtudes, no sería triunfo, sino derrota. Y no la merecemos ni la tendremos. Nuestra victoria ha de tener la limpieza luminosa de Martí”.

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