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Lo del recibimiento a los Cocodrilos de Matanzas no tiene nombre

 

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Lo advirtieron desde antes, “Matanzas está que arde”, dijeron algunos todavía en Camagüey, aun bebiendo el elixir de la victoria sabatina, pero lo sucedido un día después, en el recibimiento a los Cocodrilos de Matanzas, no tiene nombre en absoluto.

Se podía prever desde la entrada al municipio de Los Arabos, donde se contaban por miles los aficionados a ambos lados de las calles. Desde ese punto hasta el Viaducto de la ciudad de Matanzas, que marcó el fin del recorrido de la caravana, no hubo un solo minuto de tregua para los monarcas de la LIX Serie Nacional de Béisbol (SNB).

Cada poblado o caserío superaba al otro, la gente se multiplicaba con el color rojo encima, da igual si era una camiseta clásica del conjunto o el paño de sacudir los muebles, lo importante era estar ahí, en el momento exacto para extender el brazo en señal de saludo.

Fueron para algunos seis o siete horas de espera, bajo un sol radiante y calor inusual para el mes de enero, todo por escasos 10 segundos de gloria, secuencia en la cual el autobús que trasladaba a los jugadores del plantel pasaba justo enfrente del fan, y el ídolo le entregaba una sonrisa como premio.

Desde el móvil destinado a la prensa me llegaron flashazos merecedores de premio por originalidad y sentido del humor.

Una anciana de más de 90 años empuñó su bastón como si fuese un bate y se río como una niña, con total ausencia de dientes, y un chico de menos de cinco se golpeó el pecho hasta el cansancio y gritó “Yo soy el Bárbaro” en ponderación al ex Grandes Ligas Arruebarruena, uno de los símbolos de la novena.

Quedaba muy claro que razón y sensatez no cabían en la misma oración de ¡Cocodrilos campeones! Ya en el Viaducto apareció un ternero entre mucha gente dispuesta a sacarse a una foto o montársele encima, la confirmación de que el recibimiento a los peloteros era “una cosa de locos”.

En la Plaza del Tenis los presentaron como héroes y la fiesta apenas empieza, vendrán carnavales y más recorridos de los protagonistas por centros de trabajo, objetivos de interés económico para el territorio, parques, playas y hasta el más recóndito sitio en que se respire la necesidad de un selfie con el campeón.

La espectacularidad del recibimiento quedará en la memoria colectiva por tiempo largo y tendido. Son estas las experiencias que confirman al béisbol como el mayor espectáculo deportivo y cultural de Cuba, sin un adjetivo menos.

A este reportero le sigue pareciendo que resulta mucho más fácil disfrutar la gloria que entenderla, la llegada de los Cocodrilos a Matanzas, no se esfuercen, la llegada de los Cocodrilos no tiene nombre.

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