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Febrero Jueves

San Antonio del Jíbaro demostró capacidad mambisa para combatir en el centro del país

 

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Tropas invasoras provenientes de Camagüey al mando del Generalísimo Máximo Gómez atacaron el 18 de enero de 1875, en horas de la madrugada, San Antonio del Jíbaro, un poblado fortificado situado al oeste de la trocha de Júcaro a Morón.

Aunque la localidad no era una fuerte posición, su asedio y toma se correspondían con una de las primeras acciones del contingente invasor en ese territorio que, compuesto por poco más de mil patriotas de infantería y caballería, había cruzado la trocha el seis de enero para consolidar en la región villareña la guerra y permitir el avance hacia las provincias occidentales.

Poco antes de atacar San Antonio del Jíbaro el jefe mambí realizó una maniobra de engaño a los numerosos batallones de infantería y caballería que lo perseguían, al simular que se disponía a atacar la ciudad de Sancti Spíritus, ante lo cual los peninsulares tomaron esa dirección y los cubanos cayeron por sorpresa sobre el poblado.

El combate se extendió por alrededor de dos horas y los colonialistas al final sufrieron una veintena de bajas, entre muertos y heridos. El Ejército Libertador tuvo dos bajas mortales y tres heridos, ocupó alrededor de 150 fusiles, miles de cartuchos y otros medios y se le sumaron alrededor de 200 hombres.

Se destacó el legendario jefe villareño Serafín Sánchez, quien para entonces era comandante y con 50 hombres atacó el fuerte principal defendido por una compañía de soldados españoles, que ante el empuje de los insurrectos desalojaron la posición para refugiarse en un edificio, en el que finalmente depusieron las armas junto con todos los demás efectivos de la guarnición.

El triunfo en San Antonio del Jíbaro, además de incrementar los recursos de los mambises, elevó la moral combativa y demostró la capacidad del Ejército Libertador para combatir en el centro del país y llevar la iniciativa estratégica en la campaña.

La columna, con Máximo Gómez al frente, continuó su marcha hacia las Villas y Cienfuegos, donde batió al enemigo con éxito y evidenció la factibilidad de la invasión en el terreno militar, pero las divisiones internas que darían paso a la capitulación del Pacto del Zanjón en 1878, junto con el regionalismo y la falta de recursos, impidieron la consumación de la visión del gran dominicano en la contienda bélica de 1868-1878.

Durante la Guerra de los Diez Años, en varias ocasiones Gómez propuso al Gobierno en Armas su extensión a todo el país para destruir la base económica de la colonia, dependiente esencialmente de la producción azucarera y agrícola de las ricas regiones centrales y occidentales.

Para ese fin las tropas mambisas aplicaban en sus acciones la táctica de la tea incendiaria con el fin de reducir a cenizas los cañaverales, los sembrados; así como los ingenios que aportaban recursos a los colonialistas.

El Generalísimo para realizar esos planes eludía la confrontación con grandes fuerzas y centraba su ofensiva en la toma y destrucción de fortificaciones y poblados para obtener armas y recursos.

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