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Abril Domingo

Enrique José Varona: sabio y patriota (+Fotos)

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El 19 de noviembre de 1933, a tres meses de la caída del dictador Gerardo Machado, falleció en La Habana el relevante pedagogo, filósofo, político y patriota Enrique José Varona, acreedor del calificativo de Maestro de Juventudes, aceptado de muy buen grado por la muchachada estudiantil y revolucionaria, protagonista de importantes sucesos de la época.

Casi octogenario, en los últimos años de su vida se le vio como certero y valiente crítico de los males sociales de la república amañada impuesta a Cuba, y del propio tirano Machado, con una verticalidad antiimperialista que había crecido en él luego de verificar la verdadera esencia e intenciones del gobierno de Estados Unidos para con Cuba, pocos años después de la intervención.

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Había tenido una evolución política larga y no exenta de contradicciones complejas, pero su actitud fue siempre la de un hombre de luces y pedagogo, con una honradez, pureza de sentimientos y patriotismo dignos de la mayor admiración. Incorruptible y principista fue hasta su muerte.

Ello lo hizo, a juicio de Carlos Rafael Rodríguez, entroncar y ser reconocido por la generación de impetuosos y bisoños combatientes del 30, con una mentalidad posiblemente distante años luz, en lo formal, de la de su Maestro, pues ya algunas de sus ideas habían sido rebasadas por la vida. Pero esa conexión entre sabiduría y pinos nuevos fue real, y consta en la historia.

Varona tuvo una profunda formación humanista, prácticamente desde su niñez, en la ciudad de Santa María del Puerto del Príncipe, hoy Camagüey, donde vino al mundo el 13 de abril de 1849. Alcanzó el bachillerato en la ciudad de Matanzas y en La Habana los títulos de licenciado y de Doctor en Filosofía y Letras.

Hacia 1880 impartió en La Habana sus muy famosas “Conferencias filosóficas” sobre Lógica, Psicología y Moral. Resultó electo diputado a Cortes por Camagüey en 1884, si bien nunca pudo ocupar su silla por llegar con retraso a la metrópoli.

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Colaboró con José Martí en el periódico Patria, fundado por el Héroe Nacional Cubano en el exilio, en 1892. Allí se había radicado Varona, donde tuvo una actitud de colaboración patriótica con la guerra libertaria en preparación. Después de la muerte en campaña de José Martí, Varona pasó a dirigir “Patria”.

Valorado como uno de los intelectuales de la Isla más influyentes desde fines del siglo XIX y hasta la primera mitad del siglo XX, se dedicó a trabajar por la reorganización del sistema educativo cubano heredado de la colonia, anquilosado y deficiente. Puso en práctica ideas de avanzada para abrir las puertas de la enseñanza a diversos sectores sociales, sobre la educación y derechos de la mujer.

Para hacer realidad lo anterior, en 1899 aceptó el cargo de Secretario de Instrucción Pública y comenzó a trabajar en lo que se llamó El Plan Varona. También laboraba como profesor universitario, escribía ensayos y divulgaba sus ideas filosóficas.

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Hacia 1906, con la segunda y brutal intervención de EE.UU. se dio cuenta claramente cuál era el verdadero destino de Cuba en manos del poderoso vecino y rectificó, como hacía con vergüenza y dignidad cada vez que se creyó equivocado.

El quehacer intelectual del profesor Varona fue rico en vertientes. Publicó libros de poesía y ensayo, a los que sumó numerosos artículos periodísticos. Figuró en la membresía de la Academia Nacional de Artes y Letras, de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, y de la Sociedad Antropológica de Cuba, de la cual fue presidente.

A la lista de reconocimientos merecidos se añaden la de Catedrático Honorario de la Universidad de La Habana y Presidente de Honor de la Academia de la Historia de Cuba.

Luego decidió reincorporarse a la política y fundó el Partido Conservador, el cual presidió. Acompañó como vicepresidente al Mayor General Mario García Menocal durante el primer mandato de este como Presidente de la República de Cuba (1913-1917).

Por su profundo sentido crítico, algunos de su tiempo llegaron a acusarlo de pesimista, pasividad o falta de fe en los cambios. Su contacto con los jóvenes que luchaban por justicia y un mundo mejor, a quienes exhortó ponerse a la altura del futuro que alboreaba, desmiente en esencia tales criterios.

Como un homenaje a él y a otros tantos patricios llenos de experiencia y sabiduría, los jóvenes cubanos de hoy lo siguen viendo como el primer Maestro de juventudes. Pero, además, han sabido encontrar otros maestros a seguir en las generaciones que los antecedieron más cerca en el tiempo.

A ellos igualmente respetan y de ellos también aprenden. 

 

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