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Liga General de Trabajadores: la simiente bien plantada

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   El ocho de septiembre de 1899 se fundó la Liga General de Trabajadores Cubanos (LGTC),  un suceso de importancia relevante –no siempre visto así- en la historia de una nación cuya  sociedad vivía una etapa crucial, traumática y dolorosa.
   A cuatro días del acontecimiento se habían establecido las bases de la organización empeñada en representar y defender los intereses del proletariado cubano.
   Fue trascendente por ser el primer intento de organización y unidad de la clase trabajadora cubana, a pesar de que su existencia no logró sobrepasar poco más de dos años.
   Y hay que hablar inevitablemente de 1899, año que nació desde el primero de enero bajo la ocupación militar
estadounidense, frustrante de la libertad a punto de ganar heroicamente por los cubanos en la guerra de independencia librada contra el dominio colonial español, desde 1895.
   Eran terribles las  consecuencias de la confrontación bélica y los métodos criminales usados por las autoridades de la metrópoli, sobre todo la exterminadora reconcentración del final de la contienda .
  Con esa despiadada acción se obligó a miles de habitantes de los campos cubanos, a hacinarse en infectos campamentos a la intemperie, sin alimentación, en pueblos y ciudades, lejos de sus lugares de origen y sustento.
 Las víctimas de esa política tuvieron una suerte muchas veces dantesca. Se calcula que a consecuencia de ese genocidio murieron en la Isla entre 200 mil y 400 mil personas, sobre todo niños menores de 14 años y ancianos.
  Además de empobrecer y depauperar el campo, también se afectaron los lugares de recepción  de los infelices condenados  a abandonar sus hogares con el fin de que no ayudaran al Ejército Libertador, que  se había expandido con éxito de Oriente a Occidente.
 Las producciones del campo y de la industria azucarera, muy significativas antes en la región occidental decayeron sensiblemente. Escaseaban los empleos, la producción y la vida comercial era mínima.  A esto se añadió el ultraje del bloqueo naval norteamericano, después de declarar la guerra a España con el simulacro de la auto explosión del Maine, y el bombardeo de sus tropas modernas a ciudades costeras.
  Algo de mucho relieve, que actuó como atizador de la emergencia de las luchas obreras fue la desigualdad de derechos –al empleo y a salarios justos-  de los trabajadores de origen cubano respecto a migrantes foráneos.
  Entre los más menospreciados estaban los migrantes nacionales que habían retornado al país procedentes de fábricas de tabaco de Tampa y Cayo Hueso, EE.UU, después de haber dado una decisiva contribución a la independencia bajo la invocación de José Martí.
    Esos trabajadores eran tratados como parias al volver a la Patria por la que lucharon y se daba preferencia al nativo español antes que a los criollos. La razón: los directivos y empleadores seguían siendo de la nacionalidad colonizadora.
  El país pobre, depauperado por un cruento conflicto, ocupado militarmente por un invasor, bajo la incertidumbre de no saber siquiera qué pasaría con su futuro inmediato, alumbró una organización de trabajadores dispuesta al combate por sus derechos y la justicia social.
  Muchos de los tabacaleros, los más fogueados en esas lides, eran martianos confesos y no concebían que se perdiera la República “con todos y para el bien de todos”, que les anunciara el Maestro en los encendidos discursos de los preparativos de la Guerra Necesaria.
  Carlos Baliño, de filiación marxista, llegó a Cuba en 1898 dispuesto a continuar su lucha por la libertad que entonces vio amenazada y por los derechos de los trabajadores. Así lo hizo hasta su muerte.
  La clase obrera cubana, que ya se había entrenado de manera tímida en algunas organizaciones de corte anarquista y reformista en el siglo XIX, al que se sumó el fuerte activismo sindical de los tabaqueros en Tampa dirigidos por líderes de la talla de Carlos Baliño, no bajó las banderas de lucha.
  Tras la disolución de la LGTC, debido a que los obstáculos sobrepasaron las posibilidades de real funcionamiento, no se dejó de hacer reclamos por una jornada laboral de ocho horas, el pago en salarios y no en vales o fichas, como se hacía normalmente en entidades factoriales agrarias, y la discriminación de los cubanos ante las opciones de empleo, entre otras injusticias.
  La Liga General de Trabajadores Cubanos fue una simiente y, aunque disuelta, la labor de sus antiguos líderes aún en lucha  condujo a la consecución de leyes favorables  en los años 1909 y 1910, aunque más adelante muchas pasaron a ser letra muerta hasta el triunfo de la Revolución Cubana.
Fue  la LGTC un antecedente imprescindible de la posterior Confederación  Nacional Obrera de Cuba, fundada en los años 20, y de la Confederación de Trabajadores de Cuba, conocida después como CTC, con el cambio de la palabra Confederación por la de Central, fundada por Lázaro Peña, el capitán de la clase obrera, en 1939.

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