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Marilope: La flor de Cienfuegos

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Contada una y mil veces más, la leyenda de Marilope es sin duda una de las historias más bellas y tristes recopiladas dentro de la antigua comarca de Jagua, convertida hoy en la centro-sureña ciudad de Cienfuegos.

Dicen que en la zona de Punta Gorda, una lengüeta de tierra bordeada de mar dentro de la propia bahía homónima, vivía un español de apellido López, o Lope, quien por los años de 1520 había llegado a esos lares en busca de fortuna.

Además de hacer estancia definitiva, se unió a una de las aborígenes del cacicazgo de Jagua, quien le dio una hermosa niña y fue nombrada Mari.

El mestizaje que obró en aquella criatura le premió la atracción de sus coterráneos, que crecieron enamorando a la chica y halagaban su belleza y virtudes de joven hacendosa y caritativa, pero ella  con mucho candor rechazaba los reclamos de amor.

Hasta que apareció en la zona el pirata nombrado Jean “El Temerario”, que tras aguas mansas para carenar sus naves entró a la rada de bolsa de tales dominios.

Verla y enamorarse de Marilope fue tan fortuito para el pirata que se empecinó en una conquista rápida, con promesas y alabanzas; sin embargo, todas fueron repelidas por la muchacha.

Aquel marino mostró a flor de piel su crueldad e instintos despiadados, así como una cicatriz en la mejilla izquierda, todo ello asustaba aún más a la joven, pese a las múltiples promesas de tesoros, joyas, y riquezas.

Fue de esa manera que El Temerario impuso la fuerza bruta, e intentó poseerla en contra de su voluntad, pero Mari Lope pudo soltarse y correr hacia un bohío, mas los hombres de Jean se interpusieron. Él se acercó, muy seguro de dominarla, pero entre este y Mari Lope de pronto surgió una muralla de espinas.

Al ver que se alejaban las posibilidades de hacerla suya, disparó con su pistola y ella cayó herida mortalmente en el suelo, de donde se alzó al instante una paloma blanca hacia el cielo.

Un rayo fulminó a El Temerario, mientras sus secuaces caían al suelo sin sentido y tras recobrarse vieron cómo ardía el cuerpo de su jefe marino.

Para asombro de todos, donde cayó Mari Lope nació una planta de flores de un intenso color amarillo, que la gente dio en llamar la Flor de la Marilope.

Para los cienfuegueros la Flor de la Marilope es símbolo de identidad cultural.

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