La Habana, Jueves 22 de Agosto de 2019 12:09 pm

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La Enmienda Connie Mack y su nuevo fracaso

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        El 20 de julio de 1989, hace 30 años, el senador estadounidense Connie Mack propuso al Senado una enmienda para prohibir a compañías subsidiarias de firmas norteamericanas comerciar con Cuba y resultó aprobada.
      La propuesta de inmediato no llegó a convertirse en ley porque, entre otras causas, afectaba a algunos socios comerciales de EE.UU. y otros intereses dentro de la política interna del país.
      No obstante la tarea de Connie Mack estableció un antecedente importante para  las futuras legislaciones  Torricelli y Helms Burton  de la década de 1990, que en sus estipulados reiteraron extender el bloqueo aunque afectaran a terceros países en sus relaciones comerciales con la Isla.
      Mack fue un aliado estratégico de la mafia cubano-americana y pionero en llevar adelante su ofensiva dirigida a arreciar el cerco económico, financiero y comercial que tuvo sus momentos culminantes en las mencionadas leyes que llevan los nombres de otros políticos estadounidenses de extrema derecha que las presentaron como suyas.
      En realidad, las legislaciones  Torricelli y  Helms Burton fueron elaboradas en gran parte  por la Fundación Cubano Americana, principal organización contrarrevolucionaria que de esa forma pensaba y piensa aún derrotar a la Revolución y restituir el capitalismo en Cuba, para devolver las riquezas del país a los intereses norteamericanos y a sus servidores nacionales.
      Esas esperanzas de  revancha oportunista se justificaban, además, en el contexto internacional caracterizado por lo que parecía la victoria inminente y definitiva del imperialismo a escala mundial. Para 1989 el campo socialista y la URSS, esenciales aliados y socios comerciales de Cuba,  transitaban por su crisis final  hacia la desintegración que incluyó el propio país soviético en 1991.
      En ese escenario, muchos en el mundo tenían pocas esperanzas de que la Antilla Mayor resistiera, aislada y de la noche a la mañana sin más de la mitad de sus relaciones comerciales, sin créditos financieros, casi sin combustible y con dudosos nuevos mercados para sus productos.
      La estrategia entonces del gobierno estadounidense  y sus aliados era cortar cualquier posibilidad a la Isla bloqueada y condenar al hambre y la miseria al pueblo para provocar lo que creían el inevitable descalabro del socialismo y crear las condiciones para una intervención militar.
      El júbilo embargó a muchos enemigos de la nación que hicieron sus maletas para su regreso triunfal y desde Miami se pidieron días de licencia para matar revolucionarios bajo la tutela de los marines.
      Pero la historia fue  otra para frustración del imperio, aunque no por ello persisten aquellos  viejos sueños en la actual administración estadounidense, donde representantes de la mafia cubano americana dictan la política sobre Cuba.
      En la actualidad se superó con creces aquel inicio del viejo Connie Mack y fue aprobado para su aplicación el Capítulo Tercero de la Helms Burton, postergado por más de 20 años por varias administraciones y que está dirigido abiertamente contra terceros territorios que comercian e invierten en Cuba.
     Pero a  ese nuevo instrumento de la vieja política agresiva, también como en el pasado, le espera la misma derrota.

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