Informe de Estados Unidos sobre la trata de personas: entre la manipulación y la hipocresía (+Fotos)

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La inclusión arbitraria de Cuba, por parte del Departamento de Estado del gobierno norteamericano, en la peor categoría (nivel tres) en un informe sobre la trata de personas correspondiente al año 2019, degrada los avances realizados en la materia y daña profundamente las ya tensas relaciones políticas y diplomáticas entre ambos países.

El tema de la trata y tráfico de personas ha suscitado un alto interés para las naciones que padecen o están relacionadas con la cuestión. Ciertamente han tocado a organizaciones internacionales, en especial a Naciones Unidas, las acciones para coordinar, impulsar y fortalecer los esfuerzos por combatir dicho problema.

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En Cuba, en febrero de 2017 fue aprobado el Plan de Acción Nacional para la prevención y enfrentamiento de la trata de personas y la protección a las víctimas en el periodo 2017-2020. Ello representa la voluntad del gobierno cubano de ejecutar acciones de “tolerancia cero” contra la trata de personas desde el ámbito nacional a partir de los principios internacionalmente establecidos. El texto reconoce acciones de cooperación con autoridades estadounidenses para dar respuesta a casos importantes.

Maria Grazia Giammarinaro, Relatora Especial de Naciones Unidas, para los derechos humanos de las víctimas de la Trata de Personas, cuando visitó Cuba en abril de 2017, tuvo la oportunidad de constatar los avances de Cuba en esta materia, así como de formular observaciones y recomendaciones al respecto.

“He sido testigo de la voluntad política del Estado cubano para combatir la trata de personas, hay un fuerte enfoque en la prevención que yo felicito. Observé buenas prácticas y el interés de las autoridades por fortalecerlas”, afirmó en aquel momento la magistrada italiana.

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La reciente inclusión de Cuba en el nivel tres del informe del Departamento de Estado persigue desacreditar todos estos esfuerzos cubanos. La categoría lleva consigo la posibilidad de sanciones, como la congelación de la ayuda no humanitaria y no comercial o la negativa de Estados Unidos a que reciban préstamos de instituciones multilaterales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

De acuerdo con el informe, el gobierno de Cuba no cumple plenamente con los estándares mínimos para la eliminación de la trata, a la vez que carece de esfuerzos significativos para hacerlo. En tal sentido enfoca a las misiones médicas que desarrolla el personal cubano en varios continentes, como uno de los ejemplos más claros de este supuesto.

El acto ha sido calificado como injustificado y arbitrario. A la vez que se hace desde el unilateralismo, constituye otra nueva calumnia para justificar la creciente hostilidad contra la Mayor de las Antillas por parte de Washington.

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Así se refleja en la declaración sobre el tema emitida por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba en la que se expresa: Se conoce que este informe unilateral, sin legitimidad ni reconocimiento internacional alguno, que cada año publica el Departamento de Estado, cumple un objetivo netamente político y manipulador, como arma de presión contra otros Estados y sin respeto, consideración o apego en lo absoluto a los esfuerzos internacionales por combatir la trata de personas.

El documento promovido por la administración Trump, responde a un “combate” a gran escala del problema. Sin embargo, una lectura del informe revela el elevado nivel de politización del cual es objeto, constituyendo un pretexto para instaurar una política agresiva desde una posición de una especie de “policía mundial”. 

Las cifras de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, señala sin embargo al Norte de América como una de las regiones con mayor cantidad de víctimas de la trata y bajas cifras de personas acusadas del delito.

Con respecto a ello, la declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba fue bien contundente: 

El documento del Departamento de Estado no reconoce a los Estados Unidos como principal promotor a nivel mundial de los delitos de trata y tráfico de persona. Como también ignora las políticas que alientan una migración desordenada y la necesidad que ha tenido históricamente la nación norteña de mano de obra migrante barata. Tampoco hace referencia a las desacertadas políticas migratorias domésticas ni a las hostilidades del gobierno de Trump que han puesto en crisis acuerdo bilaterales y multilaterales que influyen directamente sobre el tema.

La arbitraria inclusión de Cuba en esta lista, así como el mantenimiento de otros países como Venezuela, Rusia, Irán y la República Popular Democrática de Corea, no constituye un hecho al azar. Es clara evidencia de una intencionalidad política que responde a la constante arremetida de los Estados Unidos contra estos países, como consecuencia de la elección de su modelo sociopolítico o su posicionamiento en la geopolítica mundial al ser considerados amenazas para la “seguridad” del sistema estadounidense.

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