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Un pacto de unidad en medio de la metralla

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       Luego de recorrer más de 600 kilómetros, en 50 fatigosas jornadas en las que hubo que enfrentar emboscadas, bombardeos, dos ciclones, y soportar hambre y sed, entre otras vicisitudes, llegaba a la provincia de Las Villas, a mediados de octubre de 1958, la Columna Ocho Ciro Redondo bajo el mando del Comandante Ernesto Che Guevara.

      Fue el 16 de octubre cuando arribó al macizo de Guamuhaya aquella tropa de 140 hombres, quienes junto a pequeños destacamentos del Movimiento 26 de Julio y de los rebeldes del Directorio Revolucionario 13 de Marzo que se encontraban en la zona formaron el Frente de Las Villas, pero en ese que hacer hubo que vencer desavenencias, sorteadas por la inteligencia del Che.

      El jefe de los recién llegados, quienes venían desde la Sierra Maestra en el oriente de Cuba, traía instrucciones unionistas dadas por el máximo líder del Movimiento 26 de Julio, el Comandante en Jefe Fidel Castro.

      Aunque había referencias sobre la división creada entre los grupos de alzados en la zona del Escambray, donde debía operar el Che, la realidad era mucho más compleja.

      Desde febrero se había constituido el Segundo Frente del Escambray, fundado por el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, pero algunos miembros de esa organización decidieron apartarse de la agrupación armada, dadas las discrepancias existentes, y surgió entonces otra guerrilla dirigida por Eloy Gutiérrez Menoyo, la que mantuvo el nombre de Segundo Frente.

      El comandante Faure Chomón Mediavilla quedó a cargo de las fuerzas del Directorio Revolucionario 13 de Marzo bajo el nombre de Frente Guerrillero de ese movimiento.

      Además de esos dos grupos insurrectos, en el intrincado paraje del Escambray había un destacamento del Movimiento 26 de Julio, encabezado por el comandante Víctor Bordón, quien se había alzado luego del fracaso de la huelga general de abril del 58.

      Sobre el recibimiento dado a la Columna Ocho por la tropa dirigida por Chomón Mediavilla el Che escribió el 21 de octubre:

      “Al llegar a la Sierra del Escambray, escenario de heroicas luchas por la libertad de Cuba, desde este campamento general del Directorio Revolucionario, los hombres del 26 de Julio, damos testimonio de nuestro agradecimiento por el recibimiento fraterno que nos hiciera  esta organización combatiente y expresamos nuestra esperanza de que las largas jornadas de sacrificio por los llanos se vean coronadas por el éxito supremo de una unión entre todos los grupos combatientes de esta región cubana para el logro común de la extinción de la dictadura”.

      Comenzaba la difícil tarea de unir en un frente común a todas las tropas insurrectas que actuaban en el área. Sólo la inteligencia de un hombre como el Che podía enfrentar las adversas circunstancias.

       Primero absorbió a un pequeño grupo del 26 de Julio, encabezado por Pompilio Viciedo que había tenido conflicto con la tropa del Segundo Frente, e inmediatamente la columna de Víctor Bordón, respondiendo a una nota en la que ordenaba reunirse con él “tratando de esquivar todo tipo de encuentro con la tropa del Segundo Frente”, llegó a Las Piñas, finca donde se encontraba en ese momento el Jefe de la Columna No. 8.

      Rápidamente el Comandante en Jefe de Las Villas por el Movimiento 26 de Julio se percata de que era imposible llegar a acuerdos con la gente de Menoyo, porque en las primeras conversaciones rechazaron su presencia y la de sus hombres.

      Ante tan incómoda situación se delimita el teatro de operaciones guerrilleras, la Columna No. 8 se sitúa en el área donde venía operando el Directorio.

       Al Guerrillero Heroico, como fue bautizado años más tarde Ernesto Guevara, le surgió la idea de redactar un documento que testimoniara la unión de las fuerzas rebeldes, para actuar juntas y así asediar al ejército de Fulgencio Batista, cuyo ocaso ya se vaticinaba.

       Después de un mes y medio del arribo de la “Ciro Redondo” y de realizarse algunas acciones en las que participaron juntas tropas del “26” y del Directorio, se firma el documento conocido históricamente como Pacto de El Pedrero; signado por el Che, en nombre de su  organización, y por Rolando Cubela (traidor después), quien era en ese momento el segundo al mando de las fuerzas del “13 de Marzo”.

       El Comandante Faure Chomón no pudo llegar en tiempo porque la ofensiva de la tiranía sobre El Pedrero, que venía aconteciendo desde el 29 de noviembre, se lo impidió.

       Ni la metralla, ni las bombas que caían en la fría mañana del lunes primero de diciembre de 1958 sobre esa zona montañosa fueron capaces de impedir la firma de aquel manuscrito, al cual se adhirió días más tarde el Partido Socialista Popular y que surgió como una necesidad política y militar, que se resume en sus últimas frases:

    “Unir es la palabra de orden: juntos estamos dispuestos a vencer o morir”.

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