La Habana, Domingo 16 de Junio de 2019 06:44 pm

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El verdor de Guamuhaya

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  Dicen que caminar por el macizo Guamuhaya es una experiencia de ampollas y felicidad, que desandar estas alturas fortalece el ánimo, la respiración y la complexión física, pues nadie niega que se necesita de buenos pulmones y unas piernas firmes.

   En estos parajes, ricos en helechos y árboles gigantes, flores y otras plantas únicas, a veces puede que no se vislumbre ni un pequeño rayo de Sol. Y es que con sus subidas y bajadas,  el macizo se presenta infinito e indomable, con pequeños espacios selváticos donde el verdor se hace cielo.

   Este paraíso insospechado, que a cada rato se hace eco de alguna noticia, un hallazgo o simplemente porque vale la pena hablar de él con sus amplios valles arcillosos y cumbres húmedas y altas, aún se resiste a borrar su legendario nombre del Escambray, y se presenta para los investigadores como un caudal eterno de secretos.

   Su punto más alto, el Pico San Juan, con mil 140 metros sobre el nivel del mar, se erige en un espacio único, quizás porque en sus abruptas quebradas muchas cuevas permanecen vírgenes, “escondidas”, de ojos exploradores que llegan hasta aquí con la idea y el reto de que la serranía no es tan fiera como se pinta.

   El Grupo Espeleológico Samá, conformado por unos cuantos apasionados -o mejor, "cabeciduros"- y amantes de las ciencias, lleva yendo y viniendo a esta zona desde la década de 1950, contra viento y montañas, en este caso.

   No es de extrañar que con unas cuantas anécdotas en sus memorias, llenas de tropezones, peligros y sustos, sobresalga una serie de descubrimientos que enriquecen este patrimonio natural.

   Por solo mencionar algunas, hace poco más de dos años se identificó la cueva más alta del centro y occidente de la Isla, ubicada a mil 123 metros sobre el nivel del mar y a la que denominaron A6.

   O la conocida como la Cueva Martín Infierno, Monumento Nacional en el año 1990 y donde se encuentra la estalagmita más grande del mundo con 68 metros de altura.

    La localización en esas alturas de restos de animales, la ubicación de una planta carnívora que por su tamaño y capacidad solo puede comer pequeños insectos, y de 11 nuevos tipos de arañas que habitan en cavernas de la cordillera de Guamuhaya, son otras de las maravillas encontradas allí.

   Mientras, recientes exploraciones en Julio César, antro ubicado en el Pico San Juan, en el municipio Cumanayagua, en el territorio cienfueguero, evidenció que la gruta presenta el registro fósil más rico de todos los yacimientos paleontológicos cavernícolas del Cuaternario hallados en el macizo montañoso.

   Salvajes continuarán estas laderas, tesoro de la fauna y la flora cubanas pero, sobre todo, cuna de otros descubrimientos futuros, que solo esperan la agudeza de exploradores, científicos o aficionados, o de algún campesino que viva en estas prominencias.

   Esos tupidos y encumbrados lomeríos, que besan de vez en cuando las nubes y que se alzan pacientes y rebeldes al ser testigos de tanta historia, tienen aún mucho que contar para aquel que mire con otros ojos y sepa sentir sus verdes latidos.

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