Nardo, su carga y los mulos por el lomerío

Nardo Martínez Delgado

Al arriero Nardo Martínez Delgado, del poblado de Jibacoa, una de las cosas que más le satisface es el servicio que presta con los mulos a las comunidades lejanas del Escambray villaclareño, labor que realiza hace más de 30 años.

Refiere que las condiciones de los caminos afectados por las intensas lluvias de los meses anteriores, en muchos lugares aún no permiten la entrada de vehículos pesados, como son los poblados de Guanayara, Pico Blanco, Tres palmas y el Salto de Hanabanilla, adonde se desplaza con sus animales por los tortuosos caminos.

Actualmente se acometen varias obras de fábrica en el territorio que comprende el plan Turquino con vistas a facilitar el paso de los carros, y entre las de mayor prioridad se encuentra la carretera de Manicaragua a Topes de Collantes, en la zona de Guayabal Abajo, afectada tras las inundaciones provocadas por la tormenta subtropical Alberto.

El arriero recuerda la denominada "retenida", cuando se inunda todo el valle y en múltiples ocasiones ha desempeñado una meritoria labor en el trasiego de mercancías, razones que motivan a este hombre de 63 años, de complexión fuerte, a trasladarse con su arria de mulos por los intrincados parajes del lomerío sabiendo que cumple con una importante misión.

Entre otras tareas, mi labor consiste en transportar la carga a las bodegas de los lugares más apartados de la zona montañosa, y al regreso recojo los productos agrícolas que producen los campesinos de esos lares, fundamentalmente café, viandas, algunos frutos y todo lo que haga falta, asegura con disposición.

Ahora se encarga del tiro de posturas de café y para septiembre comienza la recolección del grano, desde los campos hasta la planta despulpadora donde las cerezas reciben beneficio para ser procesadas con destino a la comercialización de un producto de alta calidad, con gran aceptación en el mercado internacional.

Estos animales son nobles, la guía nombrada Cartagena, obedece las órdenes como una persona, cuando retorno las suelto y ella sabe el camino como el mejor práctico, así conduce a las demás bestias, comenta el lugareño.

Con los mulos hay que tener paciencia, principalmente en los primeros tiempos cuando están muy cerreros para domarlos, pero poco a poco, a los dos o tres meses, aprenden y se dejan conducir, exclama.

Explica que esos cuadrúpedos poseen gran fortaleza, tienen cruce de percherones con mulas criollas, provenientes del Centro de cría y desarrollo de ganado mular Don Quijote, en Valle Blanco, a pocos kilómetros de Jibacoa.

Después de ponerle los arreos a los mulos y la correspondiente carga de mercancías, cada bestia toma su posición y emprenden la marcha, mientras Nardo sonríe y se despide jocosamente con la conocida frase de ¡arriero somos y en el camino andamos!

Nardo Martínez Delgado

Nardo Martínez Delgado

Escribir un comentario

No se admiten ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
Nos reservamos el derecho de no publicar los comentario que incumplan con las normas de este sitio


Código de seguridad
Refescar