Pascual Cervera, el almirante desoído por Madrid (+Fotos)

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El almirante español Pascual Cervera y Topete, jefe de la escuadra española surta en el puerto de Santiago de Cuba, esperó vestido con su uniforme de gala el tres de julio de 1898, el cual imaginó que sería el último de su vida cuando el deber con su patria lo llevaría a inmolarse en una batalla desigual y que consideró estéril contra la flota estadounidense que bloqueaba la ciudad durante la guerra hispano cubana americana.
En la proclama a los marinos no ocultó sus peores presentimientos. 0703--almirante-cervera-2.jpg
“He querido que asistáis conmigo a esta cita con el enemigo luciendo el uniforme de gala. Sé que os extraña esta orden porque es impropia en combate, pero es la ropa que vestimos los marinos de España en las grandes solemnidades, y no creo que haya momento más solemne en la vida de un soldado que aquel que se muere por la Patria".
Sin embargo, el almirante de 59 años no era un fundamentalista de instintos suicidas e intentó en reiteradas ocasiones persuadir al decadente gobierno de la metrópoli que la flota debía conservarse para defender las costas e Islas españolas y no ser enviada a un inútil sacrificio a las Antillas.
Comunicó a Madrid en carta del 28 de febrero de 1898, su desacuerdo con persistir con la guerra en Cuba sobre la que considera(...) ”perdida de hecho y con ella toda nuestra riqueza y una enorme cifra de hombres jóvenes, víctimas del clima y de las balas defendiendo un ideal que ya sólo es romántico”.
Todos sus esfuerzos por entrar en razón al decadente gobierno colonialista en Madrid fueron infructuosos y el 28 de abril se le ordenó partir desde Cabo Verde en África hacia la mayor de la Antillas sin inclusive garantizarles el carbón de calidad necesario para la travesía. .
Pocos días después arribó a Santiago de Cuba en su nave insignia el crucero pesado “Infanta María Teresa”, junto con el “Almirante Oquendo” y “Vizcaya” y el “Cristóbal Colón” y los destructores “Plutón”, “Furor” y “Terror” todos construidos en la década de 1890 y los primeros 4 buques mayores con un desplazamiento promedio de 7 mil toneladas, cada uno.
La flota española presentaba un estado técnico deplorable, con poco carbón de calidad, municiones de dudosa efectividad, El Vizcaya no tenía limpio el casco, lo que limitaba su velocidad y el Cristobal Colón, uno de los más rápidos de la época, increíblemente se le envió al combate desprovisto de sus piezas de artillería más gruesas que se encontraban en proceso de instalación en el momento del inicio de la guerra.
Mientras, la armada estadounidense comandada por el Almirante William Thomas Sampson podía contar con cerca de 10 acorazados y desplazaba en general 57 mil 252 toneladas de desplazamiento contra las 27 mil 980 de las naves ibéricas.
Durante la estancia de la flota de Cervera en Santiago de Cuba, este propuso desmontar los cañones de los barcos para apoyar el frente terrestre e incorporar a todos los marineros a las trincheras lo que realizó en parte pero fue rechazado por sus superiores en Madrid la totalidad del plan ante lo cual aceptó disciplinadamente salir a combatir a mar abierto, lo que consideró “un pasaporte para el cielo” como le dijo en carta de despedida y testamento a sus hermanos.
El 3 de julio, pasadas las 9 de la mañana, en formación de fila encabezada por la nave insignia de Cervera y como si fuera un desfile enfilaron los buques por el canal de salida de la bahía con un plan de combate simple. Mientras, el jefe de la flota se dirigiría directo contra los acorazados enemigos más cercanos para fijar el fuego sobre su nave, el resto de los barcos debían escapar del cerco de fuego enemigo.
La batalla duró alrededor de 4 horas en las cuales todos las naves españolas fueron hundidas o estaban envueltas en llamas embarrancadas a lo largo de más de 20 kilómetros de las costas santiagueras y más de 300 marinos y oficiales perdieron la vida, pero la suerte fue favorable a Cervera, quien ayudado por un hijo también oficial pudo salvarse de la destrucción de su barco y resultó prisionero de los estadounidenses junto a más de mil sobrevivientes del desastre.
El desenlace de la Batalla Naval de Santiago de Cuba, precipitó la rendición de la plaza el 16 de julio y del resto de las guarniciones españolas en la Isla y acercó los planes imperialistas de estrenar su sistema neocolonial en la Isla y desconocer las instituciones independentistas cubanas
Pero además la victoria naval fue muy oportuna para salvar la cara del incapaz general William Shafter, jefe de las tropas terrestres estadounidenses que solo el día anterior, dos de julio, desmoralizado y enfermo se proponía retirarse junto a sus tropas a los lugares de desembarco debido a los 200 muertos y más de mil heridos que sufrieron los invasores en los primeros combates en Santiago de Cuba debido a la improvisación y mediocridad como jefe militar.

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