La Habana, Sábado 21 de Octubre de 2017 10:57 pm

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Ni me pelo, ni entrego las armas", dijo el joven revolucionario

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Han pasado seis décadas, pero Rolando Pardillo Bravo guarda en su memoria los recuerdos como si estuviera viviéndolos.
  "Cuando vi publicado un reportaje de Fidel en la Sierra le dije a un amigo: Mira, ahora sí me voy pa' Oriente."
  Tenía entonces 23 años de edad y de duro bregar en la vida porque en Tayabacoa, un pequeño sitio de la geografía de la jurisdicción de Sancti Spíritus, tuvo que enfrentar las injustas exigencias impuestas a un niño de su época.
  A mediados de julio de 1957 llegó a las estribaciones de la Sierra
Maestra, a la casa del padre de unos muchachos que compartieron con él la infancia.
  "Al verme, aquel hombre me preguntó qué hacía allí. Le manifesté que iba a alzarme. Sorprendido me dijo: '¿tú estás loco?, no sabes que todos los días aparece un muerto en la carretera de Bayamo a
Manzanillo."
  Sin atender a la alerta del viejo Enrique Suárez, hizo contacto con
miembros del Movimiento 26 de Julio en Yara y luego de participar en algunas acciones clandestinas se alzó, en la zona de Canabacoa, en Manzanillo, a principios de 1958.
  El grupo de unos 40 escopeteros fue sorprendido y cercado por
fuerzas del ejército. En el lugar conocido por Nuevo Mundo se reúnen para proseguir la lucha. Allí piden voluntarios con destino a la escuela de reclutas de Minas de Frío y el bisoño de la zona
espirituana de Guasimal da el paso al frente.
  Cierto día seleccionaron a 30 hombres, entre ellos a él, y los
llevaron a los Altos de Mompié. Allí Fidel les entregó un fusil a cada
uno. Hicieron prácticas con aquellas armas, mientras él mismo observaba la puntería a través de una mirilla telescópica.
  "Fidel nos dijo que cada uno, con las 150 balas recibidas, tenía la
responsabilidad de paralizar a igual número de guardias que intentaran subir.
  "Hasta el punto de exploración y fuego donde estábamos llegó el Che, nos dio un binocular para observar los movimientos de los soldados y dijo: 'Ustedes no pueden dejarlos pasar, tienen que morir en esta posición."
  En una occasión la fiebre palúdica se apoderó de Pardillo. Sus
fuerzas flaquearon y a duras penas podía moverse. El jefe de su
escuadra le recomendó ingresar en el hospital de campaña; estuvo de acuerdo en hacerlo si se llevaba el fusil, pero al comunicársele que debía entregarlo, expresó: "No, entonces me quedo y trataré de curarme".
  Después de derrotada la llamada ofensiva de verano que desató la
soldadesca batistiana, el Comandante en Jefe Fidel Castro consideró que había llegado el momento oportuno para intensificar la lucha en todo el país, teniendo en cuenta la experiencia de la gesta mambisa de 1895.
  En su orden militar exponía:
  Se asigna al Comandante Ernesto Guevara la misión de conducir desde la Sierra Maestra hasta la provincia de Las Villas una columna rebelde y operar en dicho territorio de acuerdo con el plan estratégico del Ejército Rebelde.
  La Columna No. 8 que se destina a ese objetivo, llevará el nombre de Ciro Redondo, en homenaje al heroico Capitán rebelde muerto en acción y ascendido póstumamente a Comandante. La Columna No. 8 Ciro Redondo partirá de Las Mercedes entre el 24 y el 30 de agosto.
  Pardillo integró la tropa que durante 47 días recorrió unos 500
kilómetros hasta llegar a las montañas del Escambray.
  "El Che nos reunió en Las Mercedes para comunicarnos la orden de Fidel de bajar al llano. Luego de esbozar los riesgos pidió
disposición y dio la oportunidad a quienes quisieran quedarse con otra tropa. Algunos, aunque muy pocos, lo hicieron por razones de
familiaridad."
  La travesía se llevaba a cabo, en ocasiones, sin prácticos,
caminando por ciénagas, tomando agua de pantanos, comiendo pocas veces, sorteando la aviación, combatiendo en emboscadas y, por si fuera poco, resistiendo el azote de dos ciclones y el mal tiempo.
  Una anécdota de Pardillo evoca el valor humano del Che: "Un
compañero y yo nos alternábamos para cargar una bomba de 25 libras.
   Ambos estábamos en malas condiciones físicas, por lo que se hacía
insoportable el peso por encima del de la mochila y del armamento.
  "Julio Fajardo, quien compartía aquella misión conmigo, se negó a
llevarla en una oportunidad. Por disciplina la recogí, pero cuando
había caminado un buen tramo empezamos a discutir. De pronto un hombre a caballo se acercó y nos tiró el animal encima. En medio de la noche descubrimos que era el Che, quien nos llamó la atención y dijo: 'mañana nos vemos para conversar sobre este asunto'.
   "Al vernos al otro día subrayó: 'Así que vosotros fueron los del
escándalo anoche que puso en peligro la columna... ' Después de un fuerte regaño nos mandó para nuestra escuadra. Cuando apenas habíamos virado las espaldas nos llamó. Pensé que nos quitaría las armas y nos castigaría.
  "Nos sorprendió cuando se excusó con nosotros por habernos tirado el caballo encima. 'Yo cometí un error anoche -expresó- no debí hacerlo, pero me molestó mucho la actitud de ustedes'. ¡Qué clase de lección nos dio!"
  Después del combate de Cuatro Compañeros, en la provincia de
Camagüey, el contingente rebelde acampó en el batey de Rosa Liberal. A las cuatro y treinta de la mañana del seis de octubre se puso en marcha, pero el joven espirituano no pudo continuar.
   Joel Iglesias, en su libro De la Sierra Maestra al Escambray, narra
los hechos:
   Durante el desplazamiento de la Columna, el compañero Rolando
Pardillo, de la primera escuadra de mi pelotón, al darse la orden de
salida se quedó rezagado y se extravió posteriormente. Producto del mal estado en que se encontraba físicamente, además de las pésimas condiciones en que tenía los pies, el compañero, impedido de ponerse los zapatos, comenzó a retrasarse.
   Pardillo, sin ponerse los zapatos, al cabo de un rato, salió (…)
tratando de alcanzar el grueso de la Columna.
   ...Después de grandes esfuerzos... se desplazó. Ya era
completamente de día cuando llegó a un lugar más alto y seco. Allí se tiró definitivamente sobre su mochila, sin tener esperanzas de lograr darle alcance al resto de la tropa. Conservaba en su poder el fusil Springfield, una pistola y una granada, además de 130 proyectiles.
   En un informe enviado a Fidel desde el Escambray, el jefe de la
Columna ocho relató algunos incidentes ocurridos el siete de octubre al acampar en el lugar conocido como Monte de Hilario:
  Este día para tratar de limpiar la escoria de la Columna, ordené el
licenciamiento de todo el que lo solicitara, siete aprovecharon la
oportunidad y doy sus nombres para la historia negativa de esta
Revolución: Víctor Sarduy, Juan Noguera, Ernesto Magaña, Rigoberto Solís, Oscar Macías Elias, Teodoro Reyes y Rigoberto Alarcón. Un día antes se había extraviado y sospecho que desertó Pardillo, del pelotón de Joel (...)
  Al hacer contacto con integrantes del "26 de Julio" que hacían
gestiones para encontrarlo por orientación del Jefe de la Columna
número ocho, le recomendaron pelarse, afeitarse y entregar las armas, pero según sus palabras con él no hubo arreglos: “Se los dije claro: ni me pelo, ni entrego las armas; yo voy por la misma ruta de la invasión hasta donde está el Che."
   Y así fue, por el camino se le unió una treintena de
revolucionarios que quisieron alzarse en contra del régimen imperante y llegó a Caballete de Casas, en el Escambray.
  "Cuando el Che me vio le manifestó a un compañero: 'Mira, el que se apendejó... Me hizo varias preguntas y le expliqué lo sucedido. Seguí con él en la campaña de Las Villas y al triunfar la Revolución estuve a su lado en La Cabaña. Luego me designaron para otras misiones como la de jefe de tanques en la Isla de Pinos."
  Conversar con Pardillo sobre estos temas de la historia es como
quedar suspendido en el tiempo. Sus anécdotas sin alardes, ni afán de protagonismo, permiten admirar a este hombre, quien con la misma voluntad que empuñó las armas fue solidario hasta con el enemigo en especiales.

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