La Habana, Miércoles 23 de Agosto de 2017 05:10 pm

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Juan Farrel Villa, apasionado por el periodismo y Fidel

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Mi entrevistado lleva más de 45 años entre textos, agendas, lapiceros, una grabadora e ideas tatuadas en papel. En varias ocasiones, ha desandado la serranía de Granma en busca de historias para compartirlas luego con miles de personas.

Tal vez, usted haya leído varios de sus artículos, comentarios e informaciones. Juan Farrel Villa, un Quijote del periodismo en este oriental territorio, ha vivido momentos inolvidables en la vida profesional, pero recuerda con especial agrado aquellos cuando estuvo cerca de Fidel Castro, a quien admira y quiere como parte de su familia, según manifiesta.

Este humilde hombre, actual redactor-reportero del semanario La Demajagua, en la provincia granmense, narra que él era apenas un niño cuando estuvo a unos metros del Comandante en Jefe por primera vez.

Fue el cuatro de febrero de 1959. Había un ajetreo singular en Manzanillo, ciudad de la costa de ese territorio, y el héroe que había sobrevivido al Moncada, a la expedición del Granma, al  combate de Alegría de Pío y a la guerra en la Sierra Maestra hablaba ante muchos en esa tierra de gran tradición patriótica y artística.

En la multitud estaba el pequeño Juan, de casi 10 años de edad, quien, sobre los hombros de su padre, atendía de manera especial, cautivado por la luz del señor alto que despertaba aplausos. Después de 16 años, aquel niño trabajaba como corresponsal de prensa y supo que Fidel realizaría un recorrido por varias instalaciones de esa urbe, también conocida como Perla del Guacanayabo.

Según relata, era muy reducida la cantidad de periodistas para la cobertura, por eso consiguió el posible itinerario, pidió una bicicleta y fue a los lugares con la velocidad lograda por sus pies sobre los pedales.

Como es comprensible, en todas las ocasiones el Comandante ya había seguido camino, pero Farrel realizó sus trabajos con las opiniones de trabajadores y otras personas, repletas de emoción por conocer al hombre de verde olivo, barba y mente infinita.

Él habla con orgullo de las casi 10 veces que estuvo cerca del líder, todas relacionadas con su labor como reportero, incluida una
visita del entonces Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros al periódico La Demajagua, en Bayamo, el 20 de diciembre de 1986, y durante sus participaciones en congresos de la Unión de Periodistas de Cuba.

“Esas ocasiones se convirtieron en experiencias muy enriquecedoras, lo vi sonreír, preocuparse por los demás, ser jocoso y exigente, hablar como un amigo, y todo eso incrementó mi admiración hacia él y me hizo mejor persona", expresa quien es hijo de una ama de casa y peluquera y de un obrero agrícola, el cual antes del triunfo de la Revolución también fue vendedor de carbón.

La noche del 25 de noviembre de 2016 significó tristeza y dolor para él. Narra que no aceptaba la noticia del fallecimiento del Comandante, el padre de millones en el país y el mundo. “Fue como un mazazo, un golpe muy fuerte que jamás olvidaré”, asegura quien tiene varias imágenes del líder en su cuarto, y era estudiante de Estomatología cuando, por circunstancias de la vida, abandonó la Universidad y comenzó en la prensa en 1972.

 “Lo veo en las fotos en cada amanecer y cuando me acuesto, siempre muy vivo y en colores, en una está con uniforme de combatiente, en otra con sombrero de yarey…, Fidel jamás morirá”, dice con un tono especial este amante del deporte y coleccionador de recortes de periódicos, quien tiene dos hijas, cuatro nietos y un bisnieto.

  Farrel a veces levanta la mirada y hace un breve silencio como si recordara su infancia en Manzanillo o los años cuando viajaba casi
todos los días desde ese municipio hasta Bayamo, para trabajar en el actual semanario La Demajagua, donde en ocasiones se quedaba y dormía sobre un buró.

  Cuando conversa sobre su labor reporteril en Haití durante más de cuatro meses, varios relatos brotan como de un manantial, incluido uno sobre la vez que presenció un parto, realizado por una doctora cubana en una barcaza, y otros repletos de tristeza por ver las calamidades de muchos en aquella nación.

  Menciona a su esposa y los ojos muestran un brillo especial. Asegura que ella es su compañera ideal, fuente de amor y confianza desde antes del casamiento, realizado el 24 de julio de 1971, una fecha grabada en su mente de manera singular.

   Tal vez, cuando usted lea estos párrafos Juan Farrel Villa, el niño manzanillero, el joven soñador, el periodista dedicado…, esté frente a una computadora en la Redacción de La Demajagua, lea en su casa, en el reparto Las Caobas, o mire las imágenes de Fidel, su paradigma como revolucionario y ser humano.

Comentarios   

 
0 #1 Benjamín 14-08-2017 11:27
Mis respetos a usted señor Farrel por tanta dedicación y amor a sus compatriotas en especial al lider de la revolución Fidel Castros. Desde Puerto Rico mis respetos y admiración.
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