La Habana, Domingo 25 de Junio de 2017 10:10 pm

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El último combate de El Generalísimo

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Durante la última etapa de su  vida, el generalísimo Máximo Gómez escribió: “La muerte de un hombre, en realidad, no es nada sorprendente ni poco ni mucho sensible a no ser por la falta que hace a la sociedad, a quien se debe, y por el recuerdo amado de sus virtudes y hombría de bien que deja entre los suyos con su eterna ausencia”.

Durante la última etapa de su  vida, el generalísimo Máximo Gómez escribió: “La muerte de un hombre, en realidad, no es nada sorprendente ni poco ni mucho sensible a no ser por la falta que hace a la sociedad, a quien se debe, y por el recuerdo amado de sus virtudes y hombría de bien que deja entre los suyos con su eterna ausencia”.
   Por su proverbial humildad es muy posible  que no pensara en sí mismo al concebir ese concepto, pues sin proponérselo el noble dominicano se ganó el corazón del pueblo cubano durante más de 30 años de lucha por la independencia  de la Isla que hizo suya.
   En la tarde del 17 de junio de 1905, el Generalísimo entraba en una agonía final  y se despidió de su esposa y de sus hijos, pero  hasta en sus últimas horas lo acompañaría la incomprensión de los que fundaron la república neocolonial  tres años antes.
  A las cuatro llegaron  enviados del entonces presidente Tomás Estrada Palma para consultar con la familia la visita del mandatario, denunciado por Gómez en sus últimos meses de vida por sus ambiciones políticas  y atropellos.
   Las diferencias eran ya tan irreconciliables entre el prócer mambí y el proyecto de la  seudorrepública,  que solo con la anuencia de los familiares, consiguió  Estrada Palma visitar al enfermo.
    El Generalísimo demostró en el transcurso de la Guerra Necesaria su temple y coraje, y  advirtió  las intenciones de Estados Unidos para ejercer su control sobre la ínsula.
   Cuando en 1898 EE.UU. se sumó a la guerra entre Cuba  y España, Gómez expresó: “La situación pues, que se le ha creado a este pueblo; de miseria material y de apenamiento, por estar cohibido en todos sus actos de soberanía, es cada día más aflictiva, y el día que termine tan extraña situación, es posible que no dejen los americanos aquí ni un adarme de simpatía.”
   Concluida la contienda, el jefe mambí consideró que su misión de combatir por la independencia de la Isla  había concluido y se sintió  extranjero, sin derecho a intervenir en los destinos de Cuba.
   Pero esa actitud no conllevó al refugio en la indiferencia cuando el primer presidente Estrada Palma poco antes de culminar su período presidencial en 1906 decidió reelegirse, para lo cual  se valió de la fuerza del poder y del fraude.
  Nuevamente el sentido de patriotismo y dignidad del Generalísimo lo hicieron emerger   en representación  de los  verdaderos patriotas que veían en la actitud del mandatario la causa de una guerra civil, y lo enfrentó personalmente junto a otros representantes, para decirle lo incorrecto de su proceder sin que este desistiera de sus ambiciones.
  Durante esos años Gómez, como el único sobreviviente de los máximos representantes de los ideales independentistas, se convirtió en objetivo de las campañas difamatorias y divisionistas de la administración estadounidense y sus acólitos anexionistas, principalmente en el seno de la única institución que quedó del movimiento independentista, en la llamada Asamblea del Cerro.
  La Asamblea se manifestó, a diferencia de Gómez, de acuerdo con aceptar la propuesta de un donativo del gobierno norteamericano y destituyó  a Máximo Gómez como General en Jefe  y eliminó ese cargo, en un gesto de gran torpeza política e ingratitud con el destacado líder, para regocijo de los representantes del naciente imperio yanqui.
   El prócer independentista llevó con entereza esos amargos años de su vida y se negó a asumir cargos públicos y declinó la candidatura a la presidencia de la futura república.
   En junio de 1905, Máximo Gómez  realizó un viaje a Santiago de Cuba acompañado de su familia para continuar con su campaña contra la reelección de Estrada Palma.
   Durante el recorrido  fueron tantas las muestras de afecto y cariño del pueblo hacia él, considerado el último representante de los verdaderos ideales independentistas, que al recibir numerosos saludos su mano se infectó como causa de una pequeña herida y en pocos días le produjo una sepsis generalizada que lo llevó a su deceso.
  A las 5.45 del 17 de junio el médico que atendía al jefe insurrecto expresó: “Señores, el General ha muerto”.
   Un nuevo aniversario de la muerte del viejo guerrero, héroe de incontables hazañas militares, obliga también a resaltar el ejemplo que legó con   su extraordinario ejemplo al  consumir  sus últimas fuerzas  vitales en una campaña popular de unidad  contra el engendro de reelección del anexionista Estrada Palma.
    Sin dudas, tal hecho significó  la primera batalla del pueblo cubano contra los males de la seudorrepública  y  el último combate por la Patria del insigne mambí.

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