La Habana, Domingo 22 de Octubre de 2017 09:34 am

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Hermanas Giralt, ultimadas por sicarios de la tiranía batistiana

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Las jóvenes  hermanas Lourdes y Cristina Giralt Andreu  eran oriundas de Cienfuegos, y se trasladaron a La Habana  para tener un mejor desarrollo económico como empleadas en las oficinas de la Concretera Nacional S.A.
   Ya habían comenzado a lograr sus anhelos cuando  los esbirros de la dictadura de Fulgencio Batista acabaron con esos sueños y  vidas el 15 de junio de 1958.
   Cristina era reservada y hogareña, y  Lourdes, a quien sus amistades nombraban Maruca, se caracterizaba por su carácter alegre y la afición por los paseos y el baile, pero ambas   participaban  en el movimiento de la Resistencia Cívica en el que repartían bonos, propaganda y ayudaban en el traslado de armas para el Ejército Rebelde.
   El contexto  que les tocó vivir a las Giralt en esos últimos meses no pudo ser más  difícil. Durante el verano de 1958, La Habana era una ciudad tomada por el ejército azul de las fuerzas policiales empecinadas por acabar hasta con el último combatiente clandestino.
   Estaban envalentonados  por la derrota de la huelga general de abril, que convirtió la caza de revolucionarios  en un macabro torneo entre los asesinos del régimen batistiano.
   En esos días los combatientes Eduardo García Lavandero, Enrique Rodríguez y Faure Chomón, del Directorio Revolucionario 13 de Marzo, bajaron de su frente guerrillero del  Escambray para cumplir misiones de la clandestinidad  y se ocultaron en el apartamento contiguo al ocupado por las hermanas Giralt, en el edificio de la calle 19 y 24, en El Vedado, aunque estas desconocían a sus vecinos y las acciones que realizaban.
   El 13 de junio los combatientes del Directorio  realizaron un atentado a Santiago Rey Pernas, secretario de Gobernación, a la salida de un consultorio médico, en el edificio de 23 y L,  del cual resultó ileso pero movilizó a toda la jauría batistiana en la búsqueda de sus autores.
   Esteban Ventura Novo era el adelantado en la espiral de asesinatos que  ocurrían en las calles habaneras, y  quien por medio de la tortura y  delación  llevó a sus hombres al edificio de las hermanas Giralt,  adonde nunca regresaron los combatientes revolucionarios, pero al  parecer no tenían precisado bien el número del apartamento de estos  y  lo confundieron con el de las jóvenes.
   Era domingo 15 de junio, Día de los Padres, y las jóvenes pasaron la jornada con su familia en su natal Cienfuegos. Ya  al anochecer llegaron a su domicilio y estaban tan  entretenidas y alegres que no escucharon la advertencia que les hicieron desde otra vivienda los colindantes vecinos sobre la presencia de los policías, quienes  emboscados en los accesos del apartamento y sin mediar palabras las acribillaron a balazos.
   Según la prensa de la época, los cuerpos inertes de aquellas dos jóvenes fueron tratados a puntapiés por sus victimarios, sin
importarles los testigos aterrorizados, principalmente residentes del lugar.
   Este crimen  quedó inscrito para la historia como uno de los más horrendos de la dictadura de Fulgenio Batista, e influyó en la unidad de los sectores de la sociedad cubana de entonces en apoyo a la lucha armada en la Sierra Maestra, dirigida por el líder revolucionario  Fidel Castro, que en menos de seis meses  después del suceso logró la victoria del Primero de enero de 1959.

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