La Habana, Miércoles 23 de Agosto de 2017 05:24 pm

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Canes, otros protagonistas en el cuidado de la frontera cubana

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El trabajo de la Aduana General de la República de Cuba (AGRC) para garantizar que no se vulnere la frontera nacional tiene, además de los equipos de Rayos X y el hombre, otros protagonistas igual de importantes: los canes.
   Con probada efectividad en la detección de drogas y explosivos, la técnica canina en la Isla acumula una historia de 35 años, y se emplea en la actualidad en los 10 aeropuertos internacionales y similar número de puertos, ocho marinas, tres terminales de cruceros, y centros de envío y recepción de cargas postales existentes en el país.
   Y es que en las cuestiones de olores, al perro no hay quien le engañe, porque tienen cerca de 300 millones de células olfativas, cantidad muy superior a los humanos, que solo poseemos cinco millones.
   Gracias a su gran poder de olfato y sensacional archivo odorífico, ellos son capaces de reconocer cualquier sustancia que haya pasado delante de sus narices aunque sea una sola vez, de ahí la alta confianza en “el mejor amigo del hombre” para preservar la frontera cubana.
   Una rápida mirada al uso -desde el ocho de julio de 1982- de la técnica canina en Cuba y sus especialidades de drogas y explosivos, permite aseverar que su empleo se ha perfeccionado, hasta el punto de ser reconocida por entidades internacionales.
   Virginia Nelly González Miguel, jefa del Grupo Nacional de la Técnica Canina de la AGRC, comenta acerca de la importancia de fortalecer esta modalidad de detección en la frontera ante los complejos escenarios actuales, condicionados por un mayor flujo en las operaciones de viajeros, cargas y medios de transporte por vía aérea, marítima y postal, unido al impacto de la actividad criminal que impera a nivel global y en la región.
   Según la experta, los canes aptos para descubrir explosivos y drogas -puras o sintéticas- se someten a entrenamiento desde cachorros, luego de un riguroso trabajo de ejercitación y juegos a cargo de los instructores-profesores para identificar su temperamento y, de esa forma, saber cuáles utilizar en cada especialidad.
   La Aduana trabaja fundamentalmente con el Cocker Spaniel Inglés, el Springer Spaniel y el Labrador Retriever, razas juguetonas, medianas y pequeñas, además de ser muy dóciles y atractivas a la vista.
   No es cierto que a los perros se les suministra narcóticos para hacerlos adictos, aclara González Miguel. Se trata, dice,  de una dinámica en la cual el conductor se encarga de esconder objetos “contaminados” con las sustancias que luego el can deberá encontrar, acción compensada con caricias, elogios o juguetes de su agrado.
   Una vez que posean las habilidades suficientes, están listos para la acción. Es así como el binomio hombre-perro, o unidades cinófilas, se adentran en la labor de descubrir a infractores que quieran pasar por frontera sustancias u objetos ilegales.
   Según explica González Miguel, el marcaje de objetivos en su generalidad es siempre pasivo -echados o parados sin moverse cerca de la fuente de olor-, con la particularidad de que los canes “especializados” en drogas pueden ladrar en ocasiones, mientras a los que encuentran explosivos les está prohibido totalmente por los riesgos asociados.
   Como parte de los entrenamientos está la “selección” de personas, mediante la cual el perro, sin rasguñar, morder o ladrar, persigue al pasajero “sospechoso” por el salón, despertando la alerta de su conductor, quien procede ante el viajero según el procedimiento.
   En cuanto a los explosivos, el can puede reconocer hasta 300 diferentes, porque hay un principio activo que se repite en cada uno de ellos, de acuerdo con González Miguel.
   La Aduana trabaja de conjunto con el Ministerio del Interior, órgano rector de la especialidad y encargado de garantizar la adquisición y reemplazo de los canes a través de los centros de cría.
   También son los responsables de impartir los cursos básicos de sustancias a las unidades cinófilas y, además,  ofrecen opciones de superación a los conductores de mayor experiencia, que podrán prepararse hasta alcanzar el grado de instructores, en quienes recae el entrenamiento en las unidades de base.
   Más allá de los logros de la técnica canina en las modalidades mencionadas, Cuba incursiona en la actualidad, con el apoyo de China, en la especialidad de conductores de canes de raza Beagle, detectores y de cuarentena, para descubrir cárnicos, embutidos, mariscos, lácteos, frutas, flores, suelos, aves y huevos en terminales de viajeros, a fin de redoblar la seguridad.
   Pero no todo el crédito es para el animal, pues sin un conductor que cuide de él, lo entrene y acompañe en cada una de las misiones sería imposible la labor por sí solos.
   González Miguel habla con orgullo de los más de 180 hombres y mujeres de esa especialidad, desde los conductores, instructores, custodios de canes, hasta los veterinarios que velan por la salud de cada uno de los ejemplares.
    De cara a festejar el cercano cumpleaños 35 de la técnica canina, la Aduana realiza desde marzo múltiples actividades entre las que destacan competencias de base, regionales y a nivel nacional, para seleccionar y premiar a los mejores conductores y canes entre las más de 120 unidades cinófilas existentes en el país.
   Están inmersos, además, en las construcción y remodelación de las instalaciones caninas en Matanzas, Cienfuegos y actualmente en el Aeropuerto Internacional José Martí, unida a la edificación de un nuevo centro en el puerto de La Habana.

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