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El Diablo Cojuelo o el fin de la adolescencia de José Martí

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Al general español  Domingo Dulce Garay se le caracterizó como un liberal antiesclavista y cuando fue nombrado Capitán General de Cuba  en enero de 1869  decretó de inmediato la libertad de imprenta,  acontecimiento que  influiría en el inicio de la trayectoria revolucionaria e intelectual de un joven habanero de 15 años nombrado José Julián Martí y Pérez.

Para entonces, la Revolución  iniciada por Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868 tomaba fuerzas en toda la región oriental y se extendería a Camagüey y  la zona central del país, mientras que en la capital las ideas de independencia se reflejaban en las conspiraciones de patriotas que  aprovecharon  la nueva permisibilidad colonial para divulgar sus ideas.

José Martí y su entrañable amigo y condiscípulo Fermín Valdés Domínguez publicaron El Diablo Cojuelo,  uno de los primeros periódicos bajo la libertad de imprenta, el 19 de enero de 1869, del que  solo  saldría  el primer número impreso en forma de  volante de cuatro páginas en  el establecimiento  El Iris,  en La Habana.

Años después, el propio Valdés Domínguez dijo que su compañero escribió los trabajos de fondo de  la publicación, entre los que resalta el  emplazamiento que realiza   a los reformistas y cobardes a decidirse entre Yara o Madrid.

En un desacostumbrado estilo humorístico, que según investigadores no  se encontrará en su obra posterior, Martí refirió que:  “Esta dichosa libertad de imprenta, que por lo esperada y negada y ahora concedida, llueve sobre mojado, permite que hable usted por los codos de cuanto  se le antoje, menos de lo que pica; pero también permite que vaya usted al Juzgado o a la Fiscalía, y de la Fiscalía o el Juzgado lo zambullan a usted en el Morro, por lo que dijo o quiso decir”.

Pocas semanas  duraría la mencionada libertad de imprenta, a la que desde el principio se opusieron los círculos integristas  de la prensa, comerciantes españoles y el cuerpo de voluntarios, los cuales criticaron  y casi se amotinaron contra el  propio Capitán General, a quien tildaron de  flojo en sus acciones contra los independentistas.

El 22 de enero, los voluntarios armados atacaron el Teatro de Villanueva y asesinaron a varios cubanos porque la compañía de
bufos que actuaba esa noche dio vivas a Carlos Manuel de Céspedes  y a la insurrección de la manigua. En correspondencia,  esa jornada es considerada  actualmente como el Día del Teatro Cubano.

Martí  en esos días publicó  su poema dramático Abdala en el único  número de su  nuevo periódico  La Patria Libre, en el cual anticipó  también sus ideales independentistas, que reflejó tomando a Cuba como Nubia, donde se desarrolla la obra y escribe: “Por la patria morir, antes que verla / Del bárbaro opresor cobarde esclava”; “El amor, madre, a la patria / No es el amor ridículo a la tierra, / Ni a la yerba que pisan nuestras plantas; / Es el odio invencible a quien la oprime, / Es el rencor eterno a quien la ataca”(…)

En  junio de 1869, Domingo Dulce Garay-  el promotor de la libertad de imprenta con la que consideró podría neutralizar la sublevación  independentista-, frustrado y enfermo entregó el gobierno a un  sustituto provisional y dejó a la Isla bajo la ofensiva de la reacción española que abriría el camino a los terribles sucesos del fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina en 1871, y murió ese mismo año de cáncer en un balneario en  Francia.

Mientras que para el joven José Martí el año 1869  trajo terribles  pruebas por sus ideas revolucionarias, que expuso por primera vez en  letra impresa en sus dos periódicos: El Diablo Cojuelo y La Patria Libre.

También entonces fue condenado a  seis años de cárcel  por calificar de traidor a un condiscípulo unido a la causa peninsular y así de forma  abrupta, pasaría de la alegre adolescencia que dejó atrás en los sórdidos calabozos españoles a iniciar su ofrenda definitiva a la Patria hasta su muerte en combate en la Guerra Necesaria,  que organizó en 1895.

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