Construir bien, para vivir seguro

Foto: ACN

En menos de un año los orientales han cambiado dos veces la cotidianidad por los caprichos de la naturaleza, si bien en enero durante 15 días una situación sísmica anómala tensionó la vida de todos , en octubre último el huracán Matthew destruyó en horas lo que llevó más de 500 años construir.

Si algo salta a la vista, es que sigue siendo una necesidad imperiosa convivir en armonía con la naturaleza y sus desafíos, y edificar para ello ciudades bellas, higiénicas, organizadas y preparadas para las contingencias, o lo que es lo mismo, aptas para enfrentar este tipo de fenómenos.

Expertos destacan que la preparación de las personas y sus autoridades ante esas situaciones,  así como el buen estado de las construcciones,  marcan una diferencia de “vida o muerte”.

Así lo demuestra una simple comparación de las consecuencias de fenómenos naturales similares en lugares diversos, pues han sido menos afectados los que estaban más listos y alertas.

Cuba cuenta con un sólido sistema de la Defensa Civil y en el área de las construcciones existen normas que garantizan resistir unos y otros eventos, además hay  estudios de planificación física y de peligros, vulnerabilidad y riesgo,  por lo que se ha decidido, a veces, trasladar barrios o reforzar estructuras.

Cierto que edificar de modo seguro requiere del recurso que en ocasiones escasea  pero, sobre todo, de la conciencia de su necesidad, pues se aprecia un auge constructivo en ciudades y campos y no siempre se toman en cuenta esos requisitos.

Se impone tener cuentas claras y pasos firmes en asuntos tan vinculados con la preservación de la propia existencia, ya que como rezan milenarios refranes a veces lo barato, sale caro.

Ante la falta del árido hay quien compra arena extraída del mar, cuyo salitre corrompe el acero con que se funden placas y columnas, lo cual debilita y hace vulnerable la estructura, y lo peor: hay quien la vende a sabiendas o lo permite sin la debida denuncia.

Abundan irregularidades, por ejemplo, se cierran balcones de los edificios con una pared para aumentar el espacio, con lo que se consigue, además, desbalancear y restarle confiabilidad a la estructura.

También algunos agregan tanques elevados, sin tener en cuenta el peso que significa y se descuidan las filtraciones que tanto debilitan.

Hay personas que recibieron ayuda del Estado para levantar su casa destruida por el huracán Sandy, en octubre de 2012,  y no pusieron todos los materiales al servicio de la calidad de la obra.

Las construcciones en el sector estatal no escapan tampoco de las consecuencias de los desvíos de recursos, el descontrol de inversionistas y ejecutores, o del crimen de la desidia de quienes lo contemplan en pose de Poncio Pilato.

Tales violaciones alertadas por especialistas, algunas penalizadas, reiteran la importancia de dirigirse a los Arquitectos de la Comunidad, velar por la ejecución de las obras por esfuerzo propio y cumplir con lo establecido, como el mejor inspector de su propia seguridad.

Arquitectos e ingenieros no solo asesoran, también  reciben periódicas y necesarias capacitaciones, y preparan materiales de apoyo, aún insuficientes, como la cartilla de consejos básicos del Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas.

En resumen, ante el peligro de una fuerza superior, en este caso la naturaleza, por más que represente un gran sacrificio, vale la pena construir de modo seguro.

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