Bello, el criador de cabras

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La cabra es un mamífero rumiante que posee cuernos arqueados y rugosos, de su mandíbula inferior le cuelga una barba, tiene cola y pelos cortos, y de manera científica, queda demostrada la alta calidad de su leche, con menos cantidad de lactosa respecto a la de la vaca.

Tales cualidades hace mucho que forman parte del conocimiento adquirido por Pedro Luis Bello, un productor de la Cooperativa de Crédito y Servicios (CCS) Pedro Lantigua, del artemiseño municipio de Bauta, poseedor de 70 animales que representan no solo el sustento de su familia, sino también la dieta básica para muchos de sus clientes.

Niños con intolerancia reciben este alimento y los beneficios son buenos porque los padres se mantienen comprando la leche, asegura, mientras trata de demostrar que estamos en presencia de un producto altamente digestivo, que una vez en el intestino ayuda al desarrollo de la flora probiótica.

Pero sus bondades nutricionales no acaban aquí, ya que contiene incluso una mayor cantidad de ácidos grasos esenciales que la leche de vaca, lo cual significa que ayuda a disminuir los niveles de colesterol, reduce las transaminasas altas y previene enfermedades cardiovasculares, según conoce el pequeño productor.

En sus puntos de venta -uno en el Mercado Estatal Agropecuario y otro en su casa-, Bello, como cariñosamente le nombran en el barrio, expende, además, queso, mantequilla, yogurt, suero y requesón, todos de muy buena calidad y alta demanda entre los consumidores.

También resultan agradables al paladar de los cinco menores que se hospedan en el Hogar de Niños sin Amparo Familiar, de Bauta, donde entrega cada semana una donación de yogurt, queso, suero y mantequilla, suficientes para mantener el balance alimenticio.

Un pequeño grupo familiar mantiene la sostenibilidad del negocio, explica el criador de 53 años de edad, y resalta el apoyo incondicional de su esposa Odaimis, quien se encarga de procesar la mantequilla, con técnicas netamente manuales.

En la industria del yogurt se especializa mi hijo Adrián, de solo 20 años, pero ya usted pudo presenciar con la seriedad que se toma su trabajo, acota el entrevistado.

Y qué decir de su acarreador, Noel, quien derrocha ternura con los animales que este guajiro pone en sus manos, incluso, las que ordeña de manera manual.

Cuando visitamos el hogar de esta humilde familia, había 22 cabras en producción, que mantenían un promedio de dos litros y medio cada una, aunque algunas cargaban una cantidad superior en sus ubres extremadamente acrecentadas.

Descriptivamente, podemos dividir los animales de Bello en dos bandos: una tarima que coloca en el patio de su propio hogar con las nuevas cabritas que aún no producen, y otro de pastoreo donde se encuentran los sementales, algunas madres y las que están en proceso de gestación.La alimentación, a base de hierba, piñón mexicano y pienso casero, denota efectividad, pues los animales gozan de una belleza que salta ante la mirada del visitante, y para el período de seca, se agrega a la dieta semilla de marabú, al parecer, rica en proteína y vitamina A.Con Licencia Sanitaria otorgada hace cuatro años, los animales de esta finca, Excelencia Nacional de la Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar, son sometidos a un muestreo sistemático por parte de especialistas de la dirección de salud pública, quienes avalan la calidad de lo que se vende o se dona.

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