Repasadores, ¿necesidad o simplemente moda? (I)

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  Al iniciarse el nuevo curso escolar una polémica vuelve a constituir el centro de conversaciones hogareñas: si el pequeñín o el joven de la casa necesitan o no un repasador y por qué.
   Algunos consideran que resulta complicado determinar si la figura del repasador es buena o mala para la sociedad, y por ello abundan los criterios contrapuestos sin llegarse a un consenso colectivo respecto al tema.
   Sin embargo, lo cierto es que, aun cuando el sistema educativo en Cuba tiene entre sus principales objetivos la atención diferenciada de alumnos, el déficit de docentes que existe actualmente incide en que la familia busque como alternativa una preparación para sus hijos, más allá del ámbito institucional.
   ¿Es qué los padres no confían en los maestros y el repasador constituye una necesidad real o simplemente es un lujo de aquellos que poseen mayores ingresos económicos?
   Resulta innegable que la carencia de profesores repercute no solo en la calidad de las clases y provoca insatisfacciones en alumnos y progenitores, sino también incide cuando los educandos se enfrentan a las exigentes pruebas para la continuidad de estudios, mucho más cuando desean optar por el nivel superior.
   La estabilidad educativa constituye un componente esencial para que el escolar transite de un grado a otro sin lagunas de conocimientos, pero, sobre todo, repercute en el índice académico y en el futuro desempeño como profesional.
   Ante la carencia de maestros, los padres recurrieron a los repasadores, un fenómeno mucho más antiguo pero que alcanzó su boom cuando esta actividad fue reconocida como una de las modalidades de los trabajadores por cuenta propia.
   Hoy día no basta con la escuela, más si mi niña quiere ser universitaria, afirmó a la ACN una madre espirituana, quien argumentaba que su hija tuvo mucha inestabilidad en la
Secundaria Básica con el profesor de Matemática, por lo que para optar por el Instituto Vocacional de Ciencias Exactas tuvo que pagar a un repasador que la preparó para los exámenes.
   Y es que el número de estos cuentapropistas sigue creciendo a medida que se visualizan los cambios socioeconómicos en la Isla y mientras persisten fisuras en el sistema educacional cubano.
   Según Edelberto Cancio, director de Educación en la provincia de Sancti Spíritus, la dinámica de la sociedad ha llevado a que los padres prefieran, por ejemplo, que los productos se los enseñe a sus hijos una tercera persona para así aprovechar más el tiempo en otras actividades económicas y sociales.
   Desafortunadamente, no todos los repasadores van a contribuir al fortalecimiento del sistema educacional, ya que algunos lo que hacen es hacerles las tareas y los trabajos prácticos a los muchachos, refirió Cancio.
   El directivo enfatizó que no cree que estos cuentapropistas logren sustituir al maestro en el aula, principalmente porque es el profesor quien domina las dificultades del alumno, le da seguimiento a la familia, se preocupa porque el niño salga bien en las clases y conoce qué pregunta escrita desaprobó y por qué.
   No niego que existan repasadores que con su sabiduría hayan ayudado a que algunos estudiantes resuelvan lagunas de conocimientos, pero le sigo dando mayor peso al claustro de profesores, apuntó.
   Mientras, otra arista se pone sobre el tapete: la renta de los padres para mantener la asistencia de sus hijos a los repasos provoca, en no pocas ocasiones, que el estudiante deje de atender a las clases y crea una doble jornada de estudio y aprendizaje.

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