Cuando Laura María García finalizó la Secundaria Básica con calificaciones sobresalientes familiares y amigos esperaban que eligiera un preuniversitario de élite, como la Vocacional de Ciencias Exactas o el popular Pre de la calle; sin embargo, la entonces quinceañera tenía claro los derroteros a seguir en su camino al magisterio.

Quien converse con Teresita Rodríguez Sarría, aunque sea por media hora, de inmediato advertirá la pasión de esta profe de Cienfuegos por el magisterio, pues con apenas 18 años se incorporó a la campaña para llevar la luz de la enseñanza a los lugares más intrincados del país.

 Quizás las Ciencias Jurídicas perdieron a una excelente profesional, pero sin dudas, el sistema de Educación ganó a una persona apasionada por dar clases, enseñarles a sus niños, como ella les dice a sus alumnos de la primaria, además de contenidos, como crear capacidades y habilidades para vivir en sociedad.

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Con apenas 10 años Ileana Alvarez Pacheco se sumó a la Campaña de Alfabetización, gesta que indicó su camino de educadora, pasión frente al aula que suma 51 años; y contra el tiempo y problemas de salud se mantiene incólume como en sus inicios en la magia de enseñar.

Amigas del barrio, mayores que ella, se inscribieron en la campaña. Ella insistió en incorporarse y la madre la llevó para convertirse en alfabetizadora popular en su ciudad natal, Santa Clara.

Ileana recuerda que siempre iba con su mamá y entre las anécdotas que más la marcaron figura una señora minusválida, en silla de ruedas, quien tenía en su hogar un gran altar frente al que era preciso rezar antes del comienzo de cada sesión.

La alumna, entonces de edad avanzada, tenía un gran interés por aprender y logré alfabetizarla- dijo- lo que se convirtió en gran orgullo a mis cortos años.

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Después una fémina habló con mi progenitora, era lo que se llamaba una mujer de la vida, como se le decía entonces a las prostitutas, y siempre cuando iba a su casa estaba sola, y también aprendió a leer y escribir.

La alfabetización era para todos, la mayoría no tenía el control muscular necesario para escribir y había que tomarlos de la mano para hacer los trazos. En ese andar también enseñé a mi mamá, que era igualmente iletrada.

Cuando el comandante en Jefe Fidel Castro anunció a Cuba como territorio libre de analfabetismo, el 22 de diciembre de 1961, sintió un gran orgullo la aún niña, que sin saberlo, había elegido el camino de su vida.

Ileana Álvarez Pacheco pertenece al centro de entrenamiento provincial para concursos, que radica en el Instituto Preuniversitario de Ciencias Exactas Ernesto Guevara, de Villa Clara en la asignatura de Historia e imparte clases en el grado 12.

En mi casa todos somos docentes: mi hija es profesora. Yo tuve que jubilarme y estuve un tiempo alejada de la escuela por enfermedad, pero al finalizar la quimioterapia me reincorporé y adoro a mis alumnos, ellos me cuidan y yo los amo. (Por Luz María Martínez Zelada, ACN)

 María Guadalupe Guzmán Tirado quería ser astrónoma. Desde niña le apasionaba la investigación, conocer los porqués de las cosas, ser independiente. Sin saber cómo estudiar el cielo comenzó por la carrera de Matemáticas, pero los logaritmos y derivadas no eran lo suyo.

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