Con amor se educa el alma

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Vocación constituye una palabra que se encuentra impregnada en lo más profundo del ser humano, su despertar puede aparecer en cualquier etapa de la vida e incluso dar indicios de su existencia; pero por azares del caprichoso destino a veces se desandan otros caminos hasta llegar al indicado.

Con el inicio de la Campaña de Alfabetización en Cuba en 1961, momento cumbre de la historia del país, muchas fueron las personas que con edades muy tempranas se involucraron en el trascendental hecho convirtiéndose en estandartes de la educación, así sucedió con Gabina Elvira Soler Grillo, quien cambió la tranquilidad de los juegos por la enorme responsabilidad de enseñar a leer y escribir.

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"Nací el 19 de febrero de 1949 en la localidad de Pijuán, perteneciente al municipio de Colón. Cuando comenzó la Campaña de Alfabetización tenía apenas 12 años, me dispuse a ayudar en el proceso y me vinculé con ocho personas a las cuales enseñé.

"A todos los alfabetizadores en aquella época les daban la posibilidad de obtener becas para cursar estudios, las cuales eran en La Habana; la mía llegó cuando estaba en octavo grado y pese a la negativa de mi mamá viajé hacia allá".

Soler Grillo expresa que al finalizar el duodécimo grado, inicia en 1969 estudios en la carrera de Estomatología en el centro capitalino Victoria de Girón, pero luego de regresar a su natal Pijuán durante las vacaciones de ese curso conoce a Lázaro, la persona que la atrapó en los avatares del amor y se convierte en su esposa, relación que sobrepasa en la actualidad los 50 años y razón fundamental por la que abandona los estudios estomatológicos.

"Tras aquellos pasos iniciales como alfabetizadora de niña no me imaginaba en un aula dando clases, estaba en el hogar junto Lázaro pero tras el nacimiento de mi hija Yusimì, decido en 1976 incorporarme a la docencia en la escuela primaria Carlos Manuel de Céspedes, en la cual estuve seis años".

Con la memoria aún fresca como césped recién cortado, Elvira rememora que entrar a dar clases fue un golpe de aire fresco, el sentimiento de satisfacción al impartir conocimientos resultó extraordinario.

"Nunca imaginé que aquello que hice por primera vez de pequeña pudiese ser tan gratificante. Ser maestro es educar e instruir, para mí ver a los niños formarse supone un caudal de emociones indescriptibles y aunque resulta difícil la tarea si volviese a nacer escogería nuevamente el magisterio".

Al mudarse para la localidad de Sergio González en 1982, pasa a formar parte del colectivo de la escuela primaria Paulina Rodríguez, institución que se convertiría en su segunda casa hasta el año 2005, fecha en que se retira, pero ante la necesidad de profesores que demandaba el centro se reincorpora por tres años más.

"Fueron más de tres décadas al frente de las aulas, años en los que uno necesitaba superarse profesionalmente, por ello me hice Licenciada en Educación Primaria. Hay que portar conocimientos para poder enseñar".

Para Gabina Elvira Soler Grillo la obtención de varias distinciones, entre las que sobresale la Medalla Rafael María de Mendive, supone gran alegría; pero ver a muchos de sus alumnos formados profesionalmente que la recuerden y visiten su hogar, representa el mayor tesoro obtenido en su vida en recompensa por su entrega al sector en el que con amor educaba las almas de sus estudiantes.

 

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