Ariel Reyes, por el amor a la familia y a la profesión (+ Fotos)

 

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A sus 29 años y apenas cinco de graduado como médico, Ariel Reyes Moreno no imaginó vivir una pandemia como el nuevo coronavirus SARS-CoV-2, causante de la COVID-19, mas al joven le ha tocado batirse contra la enfermedad desde el primer caso positivo confirmado en Las Tunas.

Era el mes de marzo de 2020 cuando Jan Carlos arribó a Las Tunas, convirtiéndose en uno de los viajeros italianos que importó la enfermedad a tierra cubana y por tanto fue anunciado como el primer paciente diagnosticado en esta provincia del oriente cubano; unos días después se le confirmó la enfermedad a su esposa, Iliana Pérez, la primera tunera contagiada.

Las alarmas y protocolos del sistema de salud, aún con demasiado desconocimiento sobre el virus, activaron las acciones en el poblado de Guayacán, en el norteño municipio de Jesús Menéndez, y en todo el territorio.

El joven galeno Ariel Reyes Moreno fue uno de los encargados de atender a Iliana Pérez en el centro de aislamiento Los Cocos, antes de su traslado a instituciones sanitarias en la vecina provincia de Holguín.

Me tocó romper el hielo y los temores naturales ante la COVID-19, un misterio por descubrir en ese entonces, no se hicieron esperar, dijo Reyes Moreno a la Agencia Cubana de Noticias durante el abanderamiento a la Brigada Médica Especializada en Situaciones de Desastres Henry Reeve que labora hoy en centros hospitalarios tuneros.

Tras vencer la primera tarea como iniciador de la atención sanitaria a la COVID-19 en el territorio, Ariel estuvo 12 meses en Venezuela como médico comunitario, y aunque el miedo y la responsabilidad siempre fueron de la mano, la certeza de no sentirse solo lo llenó de confianza, comentó.

A su lado, en suelo bolivariano, también estaban su madre, la Licenciada en Enfermería Marisela Moreno Peña; y su esposa, la joven doctora Zenia López Rodríguez, ambas integrantes de la “Henry Reeve”.

La misión internacionalista se interrumpió cuando el llamado del Ministerio de Salud Pública de Cuba indicó el traslado para enfrentar la pandemia en el momento de mayor crisis epidemiológica en Ciego de Ávila.

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Volvimos a Cuba --agregó-- y laboramos en centros de atención para infantes positivos a la COVID-19, y sus familiares, un reto que nos impuso sincronizar los conocimientos de las experiencias anteriores y trabajar mano a mano con el sector del turismo, pues los hospitales estaban ubicados en sus instalaciones.

Para Ariel, la pandemia no solo ha significado un reto profesional en su desempeño como médico general integral, pues mientras se encontraba en los dominios avileños, recibió la noticia de que su papá, epidemiólogo retirado de Las Tunas, estaba positivo.

Tener a mi papá enfermo mientras yo ayudaba a salvar otras vidas me hizo entender la magnitud del deber de mi profesión, y aunque no pude estar a su lado en el momento de su muerte, estoy seguro de que está muy orgulloso de mí, contó con profundo sentimiento.

De regreso a Las Tunas en el mes de septiembre, Ariel y otros 35 profesionales de la salud integrantes de la Brigada Henry Reeve se encuentran en sedes hospitalarias dispuestas para la atención de la COVID-19.

En estos momentos, labora desde el Centro de Convalecientes ubicado en la escuela Alberto Arcos Luque, en esa ciudad, donde expone su sapiencia y compromiso en la recuperación de personas que padecieron el virus.

A 20 meses de haber comenzado el azote del virus en Cuba, Ariel Reyes Moreno tiene plena conciencia de cuán grande es el amor por su familia y su profesión.

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