En el macizo Guamuhaya, Onelio Echemendía Trocones vive pegado a la tierra (+Fotos)

Ni aquella caída en el año 2006 desde lo alto de una palma ni los problemas de salud que sobrevinieron luego apartaron del campo a Onelio Echemendía Trocones, un hombre que a golpe de consagración desde hace varios años “echa pa´alante” la finca El silencio, en pleno Plan Turquino de la provincia de Sancti Spíritus.

Sancti Spíritus, 17 oct (ACN) Ni aquella caída en el año 2006 desde lo alto de una palma ni los problemas de salud que sobrevinieron luego apartaron del campo a Onelio Echemendía Trocones, un hombre que a golpe de consagración desde hace varios años “echa pa´alante” la finca El silencio, en pleno Plan Turquino de la provincia de Sancti Spíritus.

Asentada en El Cacahual, una de las comunidades espirituanas localizadas en el macizo montañoso Guamuhaya, El silencio ha crecido significativamente a partir del empleo de las bondades de la naturaleza y de la voluntad de Echemendía Trocones quien nunca se ha escudado en las limitaciones de recursos para potenciar la cría de ganado y cuanto cultivo se de en aquellos parajes.

La serranía da toda la comida que uno sea capaz de sacarle y para el campesino que le guste estar en el monte es mucho más fácil, yo me siento muy bien trabajando estos suelos y siempre para el pueblo que es lo que hace falta y lo que se nos ha pedido, afirmó a la ACN mientras recorre las tierras pertenecientes a la Cooperativa de Crédito y Servicios Faustino Echemendía.

Ha sido esa filosofía de vida, quizás, la que ha mantenido durante tantos años a este productor junto a sus animales y sus cultivos, sin importar las veces que los mulos deben llevar y traer insumos y los propios alimentos porque el camino es largo y las lomas, en ocasiones, difíciles de escalar.

Nunca he abandonado la finca, dijo y su mente viaja a aquellos días aciagos, hace 15 años, cuando desmochaba una palma en la zona del Campamento de Pioneros Exploradores, en el propio El Cacahual, y una caída estrepitosa lo llevó hasta el salón de operaciones; en esas jornadas, incluso, Onelio “vivía” pendiente de sus sembradíos.

Aseveró que en sus tierras se trabaja mucho, sin mirar horarios, pues a la crianza de los carneros, vacas y cerdos se suma el cultivo de una hectárea de café de la variedad robusta, la comida que debe garantizarle a los animales –aunque la naturaleza es pródiga en estos sitios-, los frutales y “todo lo que demanda la familia”.

Excepto el arroz, desde El silencio bajan cada día los productos necesarios para autoabastecer el hogar de Echemendía Trocones; pero sus planes son mucho más ambiciosos e incluyen la extensión de los cafetales y la siembra de pinos, experiencias para las que se vale de lo aprendido en Topes de Collantes, uno de los emporios del aromático grano en esta región central.

Yo descanso poco, esa es la verdad, me levanto de madrugada y a las seis de la tarde aún estoy revisando todo, dando vueltas por los sembrados, detalló quien exhibe con orgullo sus plantaciones de guayaba, chirimoya, mamey colorado, yuca, aguacate.

Para tener rendimientos y cumplir con los encargos del Estado hace falta estar en la tierra, pegado a ella, sentenció finalmente.

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