Leticia Domínguez Montañez, del aula a la zona roja (+ Fotos)

 

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A sus 23 años Leticia de la Caridad Domínguez Montañez le ha visto demasiadas veces el rostro a la muerte, pero ello, lejos de amilanarla, le ha confirmado que no estaba errada cuando decidió estudiar Medicina.

Integrante del movimiento de vanguardia Mario Muñoz Monroy, dio su disposición cuando la provincia de Ciego de Ávila mostraba el peor escenario epidemiológico a causa de la enfermedad COVID-19 y se convertía en epicentro de la pandemia en el país.

Con el último examen de la carrera vencido, llegó a la sala de terapia intensiva del hospital Doctor Antonio Luaces Iraola el 12 de julio pasado y permanece allí todavía, poniéndole cara a las manifestaciones más terribles del virus SARS CoV-2 y tratando de ganarle la apuesta a la parca.

De esta etapa todavía Leticia no puede hablar sin tristeza, por las veces que ha visto fallecer a un paciente, incluido uno de sus tíos, a pesar del empeño de todo el equipo médico, por eso no se cansa de recomendar la importancia de ser diagnosticado ante los primeros síntomas, pues el tratamiento temprano puede contribuir a salvar vidas.

Aunque reconoce que ha crecido profesionalmente, la joven galena se siente impactada ante la agresividad del virus que provoca la muerte a personas de cualquier edad y recalca que cumplir todas las medidas higiénicas y sanitarias es la única forma de no enfermarse.

Título de Oro junto a otros 84 egresados de la 41 graduación de la Universidad de Ciencias Médicas José Asef Yara, la doctora declaró que ahora comenzaba el camino más largo; el camino de superarse a sí misma y de llevar la salud a quienes lo necesiten.

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Con esa convicción volvió a la zona roja, a cuidar a sus pacientes y a enfrentar sus propios miedos, para controlar los nervios y aplicar adecuadamente la técnica a la hora de entubar a una persona en paro.

“Es el reto más grande que he tenido y no quisiera vivir esa situación nunca, porque es muy triste y desesperante”, afirma.

Sin embargo, tampoco rehúye el compromiso social que ha elegido al estudiar la carrera de Medicina, por eso pone en pausa su sueño de hacer la especialidad en Oftalmología y acude dispuesta a cada guardia.

Seguir los protocolos de bioseguridad y no descuidar el uso de ningún medio de protección (piyama, bata, sobrebata, guantes, botas, nasobuco, careta y gafas), más que una rutina, es el recurso indispensable para protegerse y proteger a su familia, que siempre la apoya y la espera con impaciencia en casa.

Al llegar al hogar viene otro ritual, describe, que abarca el lavado de su ropa separada de la de los demás y usar el nasobuco hasta para dormir con el objetivo de preservar la salud de su mamá que es hipertensa y de su pequeña sobrina.

Ahora, con el título ya en sus manos, la joven que supo sobreponerse a la presencia de la pandemia para acumular diversos éxitos durante la carrera, en la docencia, la investigación científica y actividades de las organizaciones estudiantiles, confía en que pronto habrá un mejor escenario epidemiológico que le permita retomar sus sueños de hacerse especialista.

Mientras tanto, aunque no adivinen su rostro, los pacientes que lleguen a la terapia intensiva del Antonio Luaces tendrán en Leticia una aliada y batalladora incansable por devolverlos a la vida.

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