Recuerdos desvanecidos (+Fotos)

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Antes de ser diagnosticada con la enfermedad de Alzhéimer, los nietos no entendían por qué su abuela, desde hacía unos meses, repetía frases con frecuencia, cambiaba de estado de ánimo muy seguido o no los reconocía.

Con el tiempo ella comenzó a hablar de manera desordenada, a decir números una y otra vez, a tener más fallos en la memoria a corto plazo, a confundir a la hija con su madre o al esposo con otra persona, incluso, se volvió un poco violenta.

Esta situación se tornó difícil para la familia, resultaba triste pensar que ella no era la de antes, ya no relataría a sus nietos el cuento de los conejos Natacho y Cecilio, producto de su imaginación, convertida luego en recuerdos desvanecidos.

La enfermedad de Alzhéimer, también denominada demencia senil de tipo Alzhéimer (DSTA) o mal de Alzhéimer, es la forma más común de demencia y constituye un padecimiento neurodegenerativo que habitualmente afecta a ancianos con más de 65 años.

Investigaciones científicas señalan que existen cuatro fases principales del cuadro clínico: predemencia, así como demencias inicial, moderada y avanzada, en cada una de estas el paciente muestra síntomas de deterioro de sus habilidades.

Dificultad para rememorar acontecimientos recientes o adquirir nueva información, inconvenientes para acordarse del significado de las cosas y apatía suelen ser algunos de los signos de alarma en la etapa de predemencia.

En el ciclo inicial de la DSTA las personas empiezan a presentar desorientación, problemas con el lenguaje o en la ejecución de movimientos, además de torpeza para ejecutar funciones motoras como escribir o vestirse.

Con el período moderado de la dolencia se pierden de modo paulatino ciertas aptitudes, tal es el caso de identificar objetos y familiares o amigos cercanos, a la vez que aparece la incontinencia urinaria.

Asimismo, se evidencian arranques violentos, incapacidad de recordar el vocabulario y la retentiva a largo plazo ―intacta hasta ese momento― se deteriora.

La disminución de la masa muscular y la consiguiente pérdida de movilidad, la incapacidad de alimentarse a sí mismo y la pérdida total de la comunicación verbal figuran dentro de las señales de que se llegó a un estadio avanzado del Alzhéimer.

Todo este cuadro conlleva finalmente al fallecimiento, muchas veces asociado a otras complicaciones y no a la enfermedad en sí; no obstante, algunas instituciones dedicadas al estudio de la DSTA recomiendan acciones a los cuidadores para ofrecerles a los aquejados con el mal un entorno lo más favorable posible.

Desde la Fundación Pascual Maragall, entidad española que apoya la investigación científica en el ámbito del padecimiento, explican que en las primeras etapas el paciente está capacitado para desarrollar diferentes actividades a diario, las cuales harán sus jornadas más interesantes y divertidas.

Labores domésticas sencillas como lavar los plantos, poner la mesa, preparar parte la comida, barrer o doblar la ropa son algunas de las rutinas que los mantendrán ocupados y los harán sentirse útiles.

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Por otra parte, escuchar música aviva la función cognitiva, contribuye a mejorar el estado de ánimo, la calidad de vida y el bienestar; mientras que realizar tareas de jardinería como preparar la tierra, plantar y regar las plantas puede estimular los sentidos.

Cada 21 de septiembre, desde 1994, se celebra el Día Internacional del Alzhéimer, fecha seleccionada por la Organización Mundial de la Salud y la Federación Internacional de Alzhéimer para concientizar a la población y ayudar en la prevención de ese padecimiento.

De acuerdo con Infomed, la Red de Salud de Cuba, en 2020 la prevalencia de la enfermedad sobrepasaba los 50 millones de personas a nivel mundial, cifra que se incrementaba cada tres segundos, y en la región de las Américas más de 10 millones vivían con demencia.

En igual año en la mayor de las Antillas se estimaban en 170 mil los ancianos con demencia, el 1.2 por ciento de la población, con una proyección de aumento a 260 mil en 2030 y 520 mil en 2050.

La DSTA está considerada la epidemia del siglo XXI y debe su nombre al alemán Alois Alzhéimer, quien en 1906 describió por vez primera la base neuropatológica de la dolencia.

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