Bladimir González, un artemiseño que ilustra la fantasía (+ Fotos)

 Bladimir González, un artemiseño que ilustra la fantasía

Dimas Bladimir González Linares es un artemiseño que transformó en imágenes algunos de los principales libros editados en Cuba para disfrute de niños y jóvenes como Sandokan, Había una vez… y La flauta de chocolate, seguro de que el dibujo es una de las mejores formas de decir.

Nacido en 1946 en Alquízar y relocalizado hacia Güira de Melena poco después, este güireño de corazón demostró desde pequeño su facilidad para el dibujo cuando llenaba páginas y páginas de libretas con sus creaciones, declaró en entrevista con la Agencia Cubana de Noticias.

Ese constante interés por el arte, dijo, lo llevaron a presentarse a las pruebas de aptitud de la Escuela Nacional de Artes Plásticas San Alejandro tras su salida del Servicio Militar, graduarse en ese centro como Instructor de Artes Plásticas en 1972 y culminar su superación profesional en la Escuela Nacional de Arte (ENA) en 1974, una etapa que le permitió aprender de muchos de los mejores pintores cubanos y donde comprendió la magia de la ilustración literaria.

Bladimir González, un artemiseño que ilustra la fantasía

De la mano de mucha Gente Nueva

Tras concluir su instrucción académica a fines de 1974, se le da la oportunidad de comenzar su vida profesional como parte del equipo de ilustración de la Editorial Gente Nueva, sello editorial cubano surgido en 1967 y especializado en la publicación de títulos para niños y jóvenes, un mundo que lo atrapó y del que aún forma parte.

Desde entonces, explicó, ha creado ilustraciones para 451 obras, destacando Sakuntala de Kalidasa y Las Fábulas de Esopo, Negrita, de Onelio Jorge Cardoso; La Marcolina, de Ivette Vian Altarriba; Herida profunda, del güireño Francisco Pérez Guzmán; El Corsario Negro, de Emilio Salgari; El vizconde de Bragelonne, de Alejandro Dumas; Cuentos del bosque frondoso, de Nathaniel Hawthorne; y Los nibelungos, de Friedrich Hebbel.

Otros textos más conocidos que llevan su impronta son Había una vez… (2001) y Oros viejos (2003), de Herminio Almendros; La flauta de chocolate (2001), de Dora Alonso; Sandokan (2001) y Los náufragos del Liguria (2008), ambos de Emilio Salgari; La bella y la bestia (2002), de Madame Leprince de Beaumont; El diario de Ana Frank (2009) y la serie de cinco tomos sobre mayas, aztecas, incas, romanos y egipcios, de Victor W. von Hagen

El creador subrayó que prefiere la literatura dirigida a niños y jóvenes, aunque no faltan textos para adultos, por la sencillez con la cual se cuenta la historia y aun así se transmite siempre, de cierta manera, un mensaje o enseñanza para los pequeños o se narran las mayores aventuras, capaces de llevarte a cualquier latitud del planeta, las profundidades marinas y hasta el cosmos.

Comentó que siente, además, una preferencia por la poesía, aunque su obra incluye un cuantioso volumen de propuestas narrativas y teatrales, por la belleza de este estilo literario y su relación con algunas de las principales poetisas cubanas como Dora Alonso y Excilia Saldaña.

En cuanto a técnicas de dibujo, resaltó, disfruta de utilizarlas todas, pero la experiencia lo han llevado a favorecer el uso de la tinta china sobre la cartulina por la posibilidad que le brinda de usar varias capas de pintura para crear exactamente el tono deseado y la calidad de la copia digital tomada a partir del producto terminado para su reproducción en los libros.

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Por los caminos del arte

Su labor profesional también le ha permitido desempeñarse como entrenador de la Escuela Vocacional de Arte (EVA) Juan Pablo Duarte (1994-1996) y profesor de la Academia Provincial Artes Plásticas Eduardo Abela (2000-2006), una experiencia que le ha brindado muchas alegrías con la evolución de sus alumnos y que lo ha llevado a seguir aconsejando a los jóvenes creadores ahora a través de las redes sociales.

En su camino por el arte fungió como Presidente del Consejo de las Artes Plásticas (1997), ha participado en una veintena de exposiciones dentro y fuera de Cuba, y su obra ha merecido múltiples premios en el Concurso Nacional del Libro, el Premio La Rosa Blanca y la distinción por la Cultura Nacional (1997), y en 2020 recibió el premio de Artes Plásticas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en Artemisa por el críptico Crucifixión.

Nuevos horizontes

Hoy, a sus 75 años, Bladimir aún es un inquieto artista que se cuestiona el mundo a su alrededor y confesó busca nuevas formas de hacer, ahora como conservador de piezas del Museo Municipal Juan Manuel Sánchez Amat, en Güira.

Dicha tarea, además de darle un nuevo propósito y reavivar su espíritu, refirió, le permite entregarse a otra de sus pasiones: la restauración de piezas históricas, labor vital para la preservación de la historia e inspirada por su relación con Eusebio Leal Spengler, la figura más reconocida a nivel nacional e internacional por los trabajos de restauración de la capital de Cuba.

En su opinión le queda mucho por aprender y hacer, y mientras que esta letal pandemia pasa, desde la seguridad de su hogar planifica sus próximos proyectos, seguro de que el arte es la fuerza impulsora del alma para seguir adelante. (ACN)

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