La familia: antídoto para enfrentar consecuencias negativas de la COVID-19

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La Habana, 13 jun (ACN) La unión familiar es un antídoto para enfrentar las consecuencias psicológicas negativas que se generan de la pandemia de la COVID-19, que tanto en Cuba como en el resto del planeta se está incrementando el número de nuevos contagios y las muertes por esa causa.

En opinión de la Doctora en Ciencias Olga Esther Infante Pedreira, Profesora de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana (UCMH), hay muchos elementos psicológicos que están incidiendo en las elevadas cifras de contagios en Cuba por la COVID-19, que desde su introducción en el país hace 15 meses ya suman 157 mil 708 enfermos y mil 087 fallecidos.

Según el parte del Minsap, al cierre de este sábado se reportaron mil 470 personas infectadas con el virus del SARS-CoV-2 con un 7,5% de positividad e las muestras, las cifras mayores desde el inicio de la enfermedad en la nación antillana.

Lo más alarmante es que cada día crece el número de contagios en edades pediátricas y solo ayer se diagnosticaron 231 menores de 18 años de edad, con lo cual ya se acumulan 21 mil 059 enfermos y están activos ingresados 978, incluido 78 menores de un año, la cifra más elevada en toda la pandemia desde su introducción en marzo de 2020.

La también Secretaria del Grupo Nacional de Psicología del (Minsap) explicó que después de la prolongación de una crisis sanitaria como la que se ha vivido hace más de 15 meses, hay algunos mecanismos de negación, de evasión, hay cierta familiaridad acrítica, las personas se han acostumbrado a recibir una serie de informaciones y llega el momento en que no responden ante esta situación.

No solo la percepción del riesgo, son una serie de variables, de categorías, de procesos psicológicos que están en la base de asumir un comportamiento responsable y que es importante tener en cuenta y se ven afectados cuando esta situación se prolonga, señaló la experta en una comparecencia trasmitida hoy por la Televisión Cubana.

En este sentido la familia ocupa una posición privilegiada porque los niños y adolescentes están al cuidado de los adultos y algo está pasando que están fallando esas medidas de protección y tenemos que analizar y reflexionar para poder asumir las conductas adecuadas, aludió.

Para la familia cubana y en el mundo que está enfrentando una situación de este tipo ha sido todo un desafío enfrentar la crisis por la pandemia, que se ha prolongado en el tiempo y por lo tanto exige de mayores recursos adaptativos y de ajustes para poder hacerle frente, acotó.

Hay una serie de procesos psicológicos que pueden estar en la base de un comportamiento saludable pero la familia tiene una influencia importante, no solo en el cuidado de los niños y adolescentes sino también en el auto cuidado de los adultos, señaló la profesora de la UCMH.

También aclaró que no todas las familias tienen las mismas condiciones, ni son iguales desde el punto de vista de su estructura, de su funcionamiento, y estos procesos mediatizan la manera en que afrontan esta crisis.

Las relaciones sistémicas que existen entre los miembros de la familia, cómo se da la comunicación, la unidad, la cohesión, son fortalezas, pero lamentablemente no todas tienen este nivel de funcionamiento y por supuesto ello influye también en el comportamiento de sus miembros, recalcó.

Otras fortalezas pueden ser las condiciones socioeconómicas, los espacios habitacionales con los que cuentan que a veces no permiten el respeto de la individualidad y de los intereses cuando compiten varias generaciones en un mismo espacio.

No se puede subvalorar la dimensión que ha conllevado esta pandemia para la familia que constituye todo un desafío, pero la cubana cuenta con una serie de fortalezas que han permitido que de alguna manera este afrontamiento haya sido positivo, favorable en muchas de ellas.

La familia constituye un valor para el cubano, es una fortaleza tremenda, incluso para los jóvenes y los adolescentes el grupo social más altamente valorado es ese seno, por lo tanto estamos confinados pero con personas con las que poseemos vínculos afectivos importantes y esto atenúa de cierta manera el tener que permanecer en la casa, expresó.

Destacó que la familia cubana es abierta, es permeable con respeto a las influencias de la comunidad y de otras instituciones sociales, es dada a la solidaridad, a recibir y brindar apoyo y esto es muy importante también.

Sin subvalorar todo lo que ha significado esta pandemia, la incertidumbre, el temor por el contagio, las preocupaciones por la alimentación, el cese del curso escolar, el trabajo, también para los cubanos representa una fortaleza tener la garantía de la seguridad social, del trabajo, de la educación, la salud que da la Revolución a pesar del bloqueo de los Estados Unidos, enfatizó.

Infante Pedreira expresó que el “agotamiento pandémico”, es un término acuñado por la Organización Mundial de la Salud para hacer referencia a un estado de cansancio generalizado, desmotivación, apatía, producto de la prolongación de las medidas restrictivas que acompañan a la pandemia.

Este se expresa en una sensación de cansancio pero lamentablemente está asociado también a la desmotivación por conductas de autocuidado, o sea por descuidar medidas de protección que pueden llevar al aumento del riesgo.

Cuando algún miembro de la familia tiene este estado de agotamiento descuida el autocuidado y si a su cargo está el cuidado pues también esto se ve afectado, alertó.

Por otra parte se afectan las relaciones familiares porque aparece la irritabilidad, manifestaciones de ansiedad que pueden generar determinados conflictos en las relaciones familiares y se encadenan otros problemas psicológicos, enfatizó.

Hay algunos autores que han hablado de la fatiga familiar, haciendo alusión a la sobrecarga generada por la prolongación de las medidas donde han tenido que asumir nuevos roles porque la familia se convierte también en nuevo espacio de trabajo, de estudio.

Incluso se reportan sobrecargas en algunas figuras como la mujer que tiene que asumir todas las tareas del hogar y otras responsabilidades, entonces aparece la irritabiidad, la intolerancia, sensación de desesperanza por el futuro y lo más importante que la población reconozca que esto es una respuesta que puede ser normal ante una situación anormal, subrayó.

Para frenar esta situación de crisis pandémica la primera medida es que las personas tienen que reconocer cuando están en este estado de agotamiento, de cansancio generalizado.

Es importante conversar en la familia sobre lo que estamos sintiendo, a veces por proteger a otros familiares ocultamos lo que nos está ocurriendo y no damos la posibilidad de recibir ayuda o de ser comprendido empáticamente por el otro, significó.

Una de las medidas que recomienda la especialista es respetar los horarios de vida, es importante no violentar el sueño, ni la hora de la alimentación, seguir rutinas que permitan mantener estos estilos de vida saludables, evitar los hábitos tóxicos como el tabaquismo y la ingestión de bebidas alcohólicas.

Asimismo, destacó la importancia de la práctica de ejercicios físicos, gestionar el tiempo para buscar en familia actividades de esparcimiento, juegos de mesa, compartir una película, un tema a conversar, entre otras.

Para atenuar el estrés la doctora recomendó también la comunicación con otras personas a través del teléfono, familiares, compañeros de trabajo, amistades.

A veces dar una vuelta a la manzana cuando no tenemos ese espacio en el hogar nos puede ayudar, siempre y cuando se cumpla con el distanciamiento físico y el uso de la mascarilla y otras medidas de bioseguridad, aconsejó

Esta es una oportunidad familiar y tenemos que aprovechar el tiempo que nos queda de confinamiento para dialogar, comprender y conocer mejor a nuestros hijos, concluyó la profesora Olga Esther Infante Pedreira.

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