La salvación del amor

 

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A Yamila y Adrián cada mes se le acumulan más fechas de celebración que deben posponer o, simplemente, dejar pasar. Dice ella que es así desde marzo del 2020, y comienza a contar: cumpleaños, fin de año, aniversario de relación, día de los enamorados…, y deja abierta la enumeración, porque sabe se sumarán otras mientras la COVID-19 continúe haciendo estragos.

Sin embargo, además de la profesión, hay algo en lo que coincide esta joven pareja que trabaja en el Laboratorio de Microbiología y Química Sanitaria del Centro Provincial de Higiene y Epidemiología de Villa Clara: “todo el sacrificio ha valido la pena, de hecho, –acota Yamila– ha valido bastante la pena”.

Desde que el SARS-CoV-2 tocó tierra cubana, Adrián Fernández García, médico especialista en Microbiología, y Yamila González Bermúdez, residente de segundo año de la propia especialidad, se han mantenido enfrascados en la lucha contra la pandemia, un período que –reconocen–“ha resultado más llevadero gracias al amor, ese que también ha valido una gran batalla proteger”.

“Cuando todo comenzó yo aún era residente y, aunque estábamos juntos todo el tiempo en el trabajo, prácticamente no teníamos chance ni de hablarnos. Cuando llegábamos a casa lo único que podíamos compartir era el descanso; luego, me gradué y pasé a cumplir responsabilidades importantes dentro del laboratorio, mientras Yamila continuó con las rotaciones propias del período lectivo, eso nos ha mantenido bastante alejados en los último meses”, comenta Adrián.

Los tiempos iniciales de epidemia también trajeron consigo un compromiso profesional superior al que estos jóvenes habían conocido hasta el momento, 24 horas de trabajo por 24 de descanso, toma de muestras en diferentes municipios de la provincia, el temor a lo desconocido, el riesgo…

Ha pasado casi un año, y Yamila, quien (entre risas) acepta ponerse difícil en ocasiones, ha encontrado otros compromisos mucho más fuertes y difíciles de cargar: los espirituales.

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Las largas horas de trabajo y el riesgo epidemiológico se equipararon a la salud de la relación con su pareja, familia, amigos… Ahora Adrián llega tarde casi todos los días a su casa, siempre cansado, ella tiene que estudiar; coinciden solo a ratos en el hogar y cuando ella tiene guardia, en el laboratorio. Yamila adora esos días.

“Ha sido un tiempo difícil, incluso, hemos discutido producto a la escasa vida social y de pareja que tenemos; soy muy demandante porque en ocasiones necesito estar más tiempo con él, pero en el fondo lo comprendo y sé que está haciendo lo correcto, por eso disfruto tanto las jornadas en que trabajamos juntos y me siento muy orgullosa de la labor que Adrián realiza”, dice Yamila con la timidez propia de quien deja salir sus sentimientos más puros.

A pesar de las dificultades, ambos jóvenes se sienten orgullosos de esta etapa que les tocó vivir, no solo se han fortalecido como pareja, sino también han crecido a nivel personal y profesional, se han cargado de experiencias para futuras epidemias que puedan surgir y, sobre todo, se sienten privilegiados al decir: “ayudamos a muchas personas, contribuimos a salvar vidas”.

Por lo pronto, Adrián y Yamila continúan posponiendo fechas de celebración, mientras luchan contra una de las pandemias más grandes de la historia y planifican lo que contarán a sus hijos cuando llegue el momento de tenerlos: “fue un tiempo de prueba, pero lo superamos”, afirma ella.

“Así es el amor de tan complejo y frágil unas veces, tan fuerte y salvador otras”, recalca él en la despedida del dialogo.

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