“Mis amigos me decían loco”, universitario cuenta su historia en la zona roja (+ Fotos)

 

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"Tengo que confesar que adentrarse en la llamada zona roja da un poco de miedo, pero una vez aquí no hay vuelta atrás". Yadián Rodríguez Noda se sincera vía telefónica desde el bloque B de la Universidad de Matanzas (UM), un edificio que alberga a positivos de bajo riesgo de la COVID-19.

El estudiante de cuarto año de la carrera de Ingeniería Informática asegura que se siente bien, es el sexto día desde que cruzó la cinta que separa el ambiente ordinario y seguro que siempre conoció por un escenario distinto y complejo, al que solo se atreven a entrar algunos locos.

Así me decían en Cárdenas (ciudad de residencia) antes de venir para acá: “que yo era un loco”, nadie entendía como un joven, del tipo que hace mandados a su abuelita Maritza, podía dejar detrás la comodidad del hogar para enrolarse en una peligrosa tarea, en la que un fallo puede significar enfermarse de una epidemia mortal, conversa.

Yadián, de 22 años de edad, es también cadete del Ministerio del Interior (MININT) y tiene un hermano enfermero con el cual suele pasar mucho tiempo, pero al que no ve desde hace semanas.

El día que Yadrían (nombre del hermano) salió de un centro de aislamiento con el resultado negativo de la prueba de PCR (reacción en cadena de la polimerasa) en tiempo real yo me disponía a viajar rumbo a la UM, así que no hubo chance de ni siquiera cruzarnos, revela con añoranza.

Dentro del edificio, en el que apenas quedan cuatro casos confirmados del virus, acompañan a Rodríguez Noda dos o tres profesores y otro estudiante llamado Arnaldo, un equipo que en apenas seis días ha estrechado lazos cual familia, porque en ese tipo de escenarios se funden las mejores alianzas.

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Hemos trabajado en la limpieza y desinfección de pasillos, de nuestros propios cuartos, en el traslado de alimentos hacia el interior del bloque y hasta una distancia prudencial de los enfermos, siempre con los medios de protección, jamás con excesos de confianza, resalta.

También vimos desfilar a varios grupos de pacientes de alta clínica, su sonrisa de felicidad y agradecimiento en el rostro fue suficiente para tomar impulso, para alegrar el alma, también para darme cuenta de que estaría dispuesto a volver a saltar la cuerda, a ponerme la bata.

Yadián Rodríguez Noda es un muchacho como otro cualquiera, no tan loco como lo pintan y quizás tampoco sea tan cuerdo, pero supo vencer el miedo propio para ayudar a otros, a otros que también tienen miedo.

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