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Sensibilidad y humanismo: esencias de una joven contra la COVID-19 (+Fotos)

 

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Lizandra Rodríguez abandonó la comodidad de su hogar y cariño familiar para incorporarse como voluntaria al centro de aislamiento radicado en Alamar VI, en la capital cubana, con las esencias que la definen: la sensibilidad y el humanismo.

Movida por la convicción de que toca a la juventud marchar a la vanguardia en la batalla contra la COVID-19, la comprensión de sus padres y abuelos, y el ejemplo de varios amigos, la estudiante de tercer año de Derecho de la Universidad de La Habana desempeña, desde el 11 de febrero, tareas de mensajería y limpieza, según se requiera, en una de las instalaciones habilitadas para sospechosos con la enfermedad.

Rodríguez cuenta del temor de su familia por verla tan cerca del peligro, pero eso no significó que dejaran de apoyarla porque ellos, sus abuelos, también tomaron decisiones arriesgadas cuando partieron a la Sierra del Escambray para alfabetizar a quienes allí vivían, y le legaron el sentido de la responsabilidad y la utilidad por el bien común y donde más se necesite.

En exclusiva a la Agencia Cubana de Noticias, la muchacha de 20 años de edad aspirante a jueza refirió como de muy impactante la interacción con pacientes confirmados con el virus SARS-CoV-2, quienes se encontraban a la espera del traslado hacia las instituciones hospitalarias.

Una noticia como esa siempre conmueve, asegura vía WhatsApp, pero una se arma de valor para transmitir confianza en la pronta recuperación, la compasión resulta vital en ese momento, una tiene que ponerse en el lugar del paciente, comprender las circunstancias y condiciones personales de cada uno para darle la mejor atención.

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Las jornadas suelen ser largas y agotadoras por el subir y bajar, casi constante, de las escaleras, el calor provocado por el traje verde y los aditamentos para la protección del rostro y el cabello, más para su esbelta figura.

Sin embargo, Lizy, como le llaman, no renuncia a la faena y confirma su regreso cuando lo demanden porque estos días le permiten calar con exactitud el encomiable trabajo de los profesionales de la salud que enfrentan la pandemia en la primera línea.

Mensajes de admiración y respeto a través de las redes sociales de compañeros y profesores de la Facultad, y amigos la acompañan a diario en su empeño por contribuir al control, lo antes posible, de la pandemia en Cuba, hecho que agradece infinitamente.

Pese al ajetreo permanente, ella busca y consigue el tiempo para comunicarse con su novio Pedro Milán, graduado recientemente de Licenciatura en Turismo por la misma casa de altos estudios, y quien de no ser por las obligaciones laborales también se encontraría en este o cualquier centro de aislamiento u otra ocupación encomendada a las nuevas generaciones.

Con la disposición de repetir su etapa como voluntaria, Lizandra Rodríguez desafía a la COVID-19 desde Alamar VI, consciente de su rol y época, convirtiéndose en una de los tantos jóvenes cubanos que en estos casi 12 meses de enfrentamiento al padecimiento coloca sus esencias en función de la vida.