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También en Bakú los cubanos enfrentan a la muerte (+ Fotos)

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Ni el intenso frío, ni las barreras idiomáticas, ni tan siquiera las extenuantes jornadas dedicadas por entero a salvar vidas logran amilanar a la enfermera intensivista cubana Ana Ilsa Sardina Ferrera, integrante del contingente internacionalista Henry Reeve que lucha contra la COVID-19 en Bakú, Azerbaiyán.

Procedente de la occidental provincia de Matanzas donde forma parte del colectivo del hospital pediátrico provincial Eliseo Noel Caamaño, la cubana dedica todo su esfuerzo a los pacientes sospechosos graves y positivos al mortal coronavirus SARS CoV-2.

Durante un diálogo vía Whatsapp Ana Ilsa asegura que nunca en sus 28 años de labor vivió una experiencia tan dura, porque constata a diario la desolación y el dolor causados por la pandemia a los enfermos tan necesitados de su atención, y también a sus seres queridos.

Primero en un centro asistencial improvisado dentro de una instalación deportiva, luego en el hospital Semashko, y más tarde en una clínica con tecnología de punta conocida como Yeni Klinika, la mujer de 49 años de edad se crece ante un virus que mantiene en jaque a la humanidad toda.

Mucho trabajo y mucho frío se sufría al ver cómo llegaban tantos enfermos y las camas no alcanzaban; ahora bajó el índice de graves e infestados ya que el país está en cuarentena, pero la indisciplina social acá es mucha, relata la licenciada en Enfermería.

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Nunca vi a tantas personas morir en cuestión de horas, lo mismo por déficit de oxígeno o de camas, vi hijos desesperados tratando de comprar máscaras para ventilación no invasiva a precios exorbitantes. La COVID-19 no entiende de ricos ni pobres.

Mi familia y amigos me preguntan en ocasiones: ¿cómo puedes trabajar en la terapia con lo triste que es?, y contesto: “alguien tiene que hacerlo, porque quienes amamos la vida debemos luchar siempre por salvar a cada paciente”.

Sardina Ferrera admite que hay días tristes, pero entre las sombras siempre acaba por abrirse paso la luz: pacientes, médicos y paramédicos nos abrazan y dan las gracias en español, inglés, ruso y azerí, piden tomarse fotos con nosotros. Verlos salir de la terapia es lo más bonito que he vivido aquí.

El apoyo de su gente en Cuba es una constante que la fortalece para seguir adelante por ella misma y por los demás: la familia, los vecinos, los compañeros de trabajo, los amigos todos hacen patente su amor y orgullo, mientras la apoyan manteniéndose cercanos pese a la distancia entre la isla caribeña y el país euroasiático.

Era triste llegar al hospital y ver cantidad de cuervos entre los pinos del patio, me recordaban las películas donde hay muchos muertos en campos de batalla, creo que esas aves presentían la cantidad de fallecidos, para mi representaban la muerte.

Ahora ya no hay cuervos que griten para anunciar la muerte por COVID-19 en los pasillos de Semashko, es una señal de la disminución de los fallecimientos a partir del apoyo del personal sanitario cubano.

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