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El adiós de Julio Antonio Mella a Cuba, desde muelle de Cienfuegos (+ Fotos)

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Cienfuegos fue el último pedazo de tierra de su patria que vio el líder antiimperialista Julio Antonio Mella, el 18 de enero de 1926 -hace 95 años-, antes de salir de Cuba al exilio forzado a fin de salvar su vida, amenazada de muerte por el dictador Gerardo Machado.

Como el dirigente estudiantil debía protegerse bajo el manto de la clandestinidad, el doctor Gustavo Aldereguía Lima, su amigo, debió sacar un pasaje en La Habana por tren a nombre de Juan López en la litera No. 6 del coche dormitorio Tuinicú, rumbo a Cienfuegos.

En ese transporte viajó el joven Julio Antonio hasta el central Perseverancia y luego por carretera hasta la ciudad cabecera cienfueguera.

Traía consigo el recuerdo de la huelga de hambre asumida por él desde el cinco de diciembre de 1925, ante procedimientos arbitrarios con su detención y la negativa de fianza por el tribunal; y guardaba el agradecimiento a la lucha del pueblo por lograr su liberación luego de 18 días en ayuno.

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El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz definió a Mella como "El cubano que más hizo en menos tiempo".

Entre esas acciones estuvo la fundación de la Federación Estudiantil Universitaria en 1922, organizó y dirigió el Primer Congreso Nacional de Estudiantes, creó la Universidad José Martí en 1923; así como el Partido Comunista de Cuba y la sección cubana de la Liga Antiimperialista de Las Américas en 1925.

Todas esas tareas de envergadura ya las había realizado el líder revolucionario a sus 22 años.

Al llegar a la bien llamada Perla del Sur, Mella fue acogido en la casa número 6114 de una familia comunista humilde que residía en la calle Santa Cruz, entre Manacas y Holguín.

Durante su estancia allí conoció a una adolescente de 13 años, Ángela Idalia Espinosa Valdés, que visitaba por relación amistosa a las personas residentes en aquella vivienda.

Muchos años después, cuando ya rebasaba las ocho décadas de vida, y en entrevista con la Agencia Cubana de Noticias, Idalia contó que había estrechado vínculo con Julio Antonio por asuntos literarios, pues en el hogar en cuestión había una buena cantidad de libros.

Dijo que Mella le recomendó leer a José Martí y que continuara estudiando para su propio bien.
Jornadas después, el 18 de enero le pidieron a Idalia acompañarlo hasta el muelle Real de la ciudad y ella fue gustosa mientras en el trayecto hablaban de diferentes temas.

Al llegar al parque de la Aduana se le acercó la persona que esperaba a Mella, Felipe Fernández Seijo, se despidió del joven y regresó a su residencia.
Años más tarde, la entrevistada fue alfabetizadora, maestra, oficial del Ministerio del Interior, delegada del gobierno provincial y diputada por Cienfuegos a la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Aquel 18 de enero, Mella embarcó en el vapor Comayagua, rumbo a Honduras, y de allí pasó a México, país donde tres años después lo alcanzó la sentencia de muerte del dictador Gerardo Machado, aquel que Rubén Martínez Villena había bautizado como el asno con garras.