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Fernando y su vocación de ser útil (+Fotos)

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El pinero Fernando Domínguez Redondo, fundador del Movimiento de la Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar (MAUSF), destaca en Cuba como “maestro” en el manejo agroecológico del sistema de organopónicos semiprotegidos.

Acreedor de la quinta corona a la excelencia, máxima condición que otorga en el país el MAUSF, el septuagenario productor sustenta el desarrollo de la organoponía a partir de la siembra escalonada de los cultivos, metodología gracias a la cual oferta a la comunidad hortalizas frescas durante todo el año.

Aquí no perdemos tiempo ni espacio cultivable -dice a la Agencia Cubana de Noticias mientras pasa su mano por la frente- aprovechamos las variedades mejor adaptadas para extender su período de floración y a la postre disfrutar de cosechas fuera de temporada, manipulamos el volumen a recolectar y los canteros se mantienen siempre con producción disponible, explica.

Mientras camina entre los sembrados con una cultura que roza la exquisitez refiere que contar con el conocimiento de la ciencia, aportado tanto por la universidad local como por el MAUSF, hace más eficiente el trabajo del organopónico Nueve Plantas en un área de mil 716 metros cuadrados.

En el año logramos más de 30 toneladas de vegetales dispuestas a la venta en el reparto Abel Santamaría, de Nueva Gerona, para lo cual existe un punto de venta, apunta.

Asociadas a la cotidianidad de la faena está la comercialización de nuestros productos y la atención al círculo de interés, espacio en el cual los niños, además de aprender a cultivar las hortalizas, reconocen la importancia de incorporar ese tipo de alimento a su dieta, refirió en tanto abanicaba el rostro con su sombrero, que porta a cualquier hora del día.

Recordó con sano orgullo que en 2014 su pequeño colectivo de obreros mereció el Premio del Barrio, instituido por el Secretariado Nacional de los Comités de Defensa de la Revolución, debido al vínculo comunitario y donativos de condimentos frescos al hospital Héroes del Baire, círculos infantiles y escuelas de la demarcación.

Aunque este hombre afable nació y creció en el campo, el momento de la jubilación lo esperó al volante de una rastra a bordo de la cual trasladaba grandes volúmenes de cítricos, cosechados a inicios de los años ’90 en las extensas plantaciones del agrio en el municipio especial.

Su apego al sector agrícola y espíritu proactivo no le han permitido acogerse al retiro en la calidez de su hogar, no es casual entonces que a los 75 años de edad se empeñe en cultivar en espacios citadinos vegetales y condimentos frescos, que son siempre bienvenidos en la cocina.

Contraje un compromiso de amor con la Revolución, dice sonriente.

Antes de 1959 viví en un bohío con piso de tierra, el servicio sanitario era una letrina y la higiene bucal la resolvía con un buche de agua. Aquel primero de enero me dio la posibilidad de estudiar, hacerme de un oficio y lo más importante es reciprocar ese beneficio, acota, y por un momento levanta el sombrero para alisar sus canas.

Ahora Fernando -quien anda a cuestas con la vocación de ser útil- da una mirada al sitio donde labora hace más de dos décadas y bicicleta en mano se dispone a retornar a casa.

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