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Ofelia Jerez, los campesinos en la Sierra un apoyo de los rebeldes (+ Fotos)

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Por los sitios intrincados y montañosos de la provincia de Santiago de Cuba se mueven historias y testimonios de la gesta revolucionaria antes de 1959, unos son de protagonistas y otros repetidos como tradición pero vividos por los más añosos, familiares o amigos.

Con el saludo a Ofelia Jerez, al pasar por el Consejo Popular Los Negros, en la localidad de Contramaestre, se desbordaron los relatos de una etapa de lucha, donde las serranías y sus campesinos fueron abrigo seguro de los integrantes del Ejército Rebelde en los frentes de combate.

Oportunidad única que ennoblece los corazones ante la humildad de campesinas que como ella ayudó y cooperó con los revolucionarios alzados en la loma, por la zona de El Oro, en plena Sierra Maestra del actual municipio de Guamá.

Ofelia dijo alto: ¡Viva la Revolución! porque tiene 86 años y ella es la prueba de cómo se dignificó al campesinado en la sociedad cubana, después del Primero de Enero.
Contó a la ACN que en el firme de esas montañas estaba su casa. Por allí era el paso obligatorio de los rebeldes y también pernoctaban, su papá los conocía y se trataban en silencio.

Ella era la mayor de sus hermanos y le correspondía hacer el café que pilaban al momento de colar.

Recordó que con tres días de bombardeo por los aviones de la tiranía de Fulgencio Batista en el sitio de La Anita, su padre escondió a un grupo de revolucionarios quienes le decían a ella que colocara sabanas para tapar la entrada de la casa y que no los vieran.

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Ofelia siempre fue muy despierta y les respondió: “no hace falta, ni se imaginan que ustedes están aquí”, para decir a continuación que sintió miedo como si la estuvieran buscando a ella.

Por esos lares conoció a Ramiro Valdés Menéndez, lo vio dos veces cuando atravesó desde un campamento que solo su progenitor podía nombrar. Llevaba sombrero y era muy joven y espigado.

Ya para esos últimos años de la década de los 50 del pasado siglo crecieron los deseos de emancipar a la Patria para poder trabajar la tierra, tener empleos, escuelas y hospitales, confesó la otrora muchacha de baja estatura y ojos verdosos.

En su casa todos querían ir al campamento, ganados por la ejemplar humildad y valentía de los rebeldes, por el hablar de sus sueños que hoy son realidades.
Entonces, un día, no amaneció su hermano Amador, el de 16 años, en la casa, y aunque todos sabían nadie preguntó ni dijo, pues lo mismo ocurrió en otros hogares vecinos.

Aquella fue una época de pobreza absoluta, muchos para vivir tenían que sembrar la comida en un palmo de suelo, tumbar monte para hacer un bohío o un vara en tierra que luego encontraba dueño que mandaba a desalojar, se vivía muy mal en el campo y en condiciones insalubres.

Durante la conversación, Ofelia contó del nacimiento de sus 13 hijos, de los cuales se realizó el parto de tres con la ayuda de los mayores porque no llegó la única autoridad sanitaria, la comadrona.

Después del ciclón Flora, en octubre de 1963, fue a vivir a Los Negros, más cerca de la familia de su esposo y aunque este constituye un sitio alejado de la ciudad santiaguera, es un Consejo Popular con escuelas de diferentes enseñanzas, circulo infantil, médicos y enfermeras de la familia, y un enorme hospital, el "Olo Pantoja", en Contramaestre.

Aunque está al amparo de uno de sus hijos, campesino y productor, camina sola hasta su casita pegada al campismo Las Golondrinas, sin miedo de guardias rurales y saludada afablemente por aquellos que la conocen o no, a quienes gusta contar sus historias, que son las de Cuba libre.