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Historia entre vegas: La vida antes y después de la Revolución

 

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Sancti Spíritus, 1 ene (ACN) Mientras observa la plantación de tabaco que comienza a crecer, los ojos claros de Walfrido González Enrique -o mejor Fillo Torumbo, como lo conoce toda Santa Lucía, en la provincia de Sancti Spíritus, y hasta en las Islas Canarias- penetran cada palmo de esa tierra donde su familia ha protagonizado una larga historia.

Con 96 años sobre sus espaldas, su quijotesca figura es imponente aún: mira de reojo sus manos recias, nervadas, y la vega siente su presencia.

Era apenas un muchacho de 11 años y el "viejo", partidario de la finca Santa Rosa, de Rafael Ordoñez y familia, empezó a entrenarme en los trajines de la surquería y los sembradíos, rememora en la tranquilidad del hogar.

Qué tiempos aquellos, dijo a la ACN, era el trabajo o la subsistencia; duro..., que bien me acuerdo yo, con 11 o 12 años regabas posturas y con 14, tenías que entrarle al veguerío cuchilla en mano.

Y era un muchacho apenas, acotó, pero bien entrenado por su padre Miguel González Pérez, un isleño que tuvo que criar a nueve hijos en esos años que prefiere olvidar.

Fillo Torumbo hace una pausa y la memoria vuela en el tiempo: a los 16 años su papá lo responsabilizó con la primera vega, "una plantación fenomenal" según exclamó, para que no queden dudas.

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Faltaba de to’, subrayó con su verbo guajiro, menos bueyes, brazos, tierra, posturas y mucho trabajo; era lo único seguro para entrarle al surco porque si llovía, felicidades, si no, mira para el cielo e implórale que mande algo para la tierra, ni pensar en aquello es bueno, significó.

Bien lo recuerda Fidel, uno de los cinco hijos varones de Miguel, una prole que desde muy temprano tuvo que crecer entre vegas.

Con la Reforma Agraria Santa Rosa pasó a ser nuestra, resaltó Fidel, y nada más justo porque allí había bastante sudor de la familia; desde entonces ha crecido mucho tabaco, pero en otras condiciones, más justas y humanas, aclaró.

Dos enormes hileras de palmas reales custodian el camino que va desde el poblado de Santa Lucía, en el municipio de Cabaiguán, hasta la casa de Fillo Torumbo y a la distancia llega el aroma a tierra mojada y vegas.

Aquí construí una familia hermosa que convive conmigo: mujer, hija, nietas, bisnietos, un tesoro, y nunca han tenido que pegarse a la tierra como yo para sostenerse, puntualizó.

Manifestó que pese a la edad, los dolores jamás han sido un problema, pero si aparecen ahí está el médico siempre, algo que ni remotamente podías soñar antes de enero de 1959.

Los años no lo dejan hacer mucho; sin embargo, aclaró que la tierra lo llama y Santa Rosa y la Revolución le han dado la vida.