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La jubilación: una fiesta para la alegría (+ Fotos)

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He visto muchas celebraciones, desde las realizadas por el nacimiento de un bebé, los 15 de la “princesa” de casa, un enlace amoroso, o el cumple de cada año, pero nunca había asistido a una fiesta por la jubilación de una persona, rodeada de amigos y colegas con quienes laboró durante décadas.

Felicia Ponce Sarría, química analítica de la termoeléctrica Carlos Manuel de Céspedes, era el centro de atención en aquella velada, donde recibió regalos, contó anécdotas, historias, rió y lloró, y por supuesto degustó los platos preparados con amor, así como los licores aportados por el colectivo.

Para mí que fui invitada, el valor simbólico de la fiesta de jubilación radicaba en ese acompañamiento espiritual de sus allegados, cuyo mensaje llevaba implícito frases como: "cuánto nos sigues importando aunque tú te vayas del turno", "te vamos a recordar siempre y puedes contar con el apoyo de todos en las buenas y en las malas".


Como en la empresa cienfueguera llegaron a laborar juntas tres trabajadoras nombradas Felicia, los integrantes del turno se referían a ellas por el apellido, de ahí que La Ponce, una de las más veteranas, era como la líder de sus tocayas, y hasta del grupo.


"Entré en 1978, con 19 años, a laborar en las unidades checas de la termoeléctrica de la Perla del Sur, en la operación de la turbina, y me evaluaron como operaria de equipos auxiliares, donde permanecí varios años en las posiciones locales.

"Luego pasé a la sala de control y cuando descontinuaron las unidades checas que eran muy viejas, me evalué de química analítica, y ahí en el laboratorio central estuve mucho tiempo, por ello laboré en total 40 años y dos meses en esta entidad que me ayudó mucho, sobre todo, a superarme".

Con la jubilación a Felicia le sobrevino una nueva etapa en su vida, por eso confiesa que para ella es un poco traumático porque luego de toda la vida activa y en el trabajo por turno, se siente triste al dejar a sus compañeros de oficio, aunque sabe que debe descansar a los 60 años de existencia.

"Extraño el horario en que iba a abordar la guagua del turno, las bromas de mis camaradas, ese ambiente alegre, pues es un colectivo muy bueno con el cual he permanecido más tiempo que con la familia".

Felicia es un caso entre más de un millón de jubilados que existen en Cuba, y que durante el proceso de recesar laboralmente sintieron estrés, miedo, preocupación, sobre si se sentirían bien con esa otra "nueva vida" en casa.

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Sin dudas, varios factores inciden en el estado de ansiedad del jubilado, desde la pérdida de la ocupación habitual, la reducción de los ingresos salariales y la falta de los coequiperos, entre otros.

Además, hay un cambio del estatus en el seno familiar porque de un papel de proveedor dentro del hogar, pasa a ser un ente protegido económicamente por el cónyuge o los hijos, y en la comunidad ya no le miran como el trabajador activo sino cual elemento pasivo que va a ser, tarde o temprano, respaldado por la seguridad social.


A ello se unen las posibles reducciones de las facultades vitales del ser humano con el avance de la edad, como la audición, visión, o trastornos de la marcha, lo cual deprime a las personas de la tercera edad.

Estos estados anímicos derivados del cese laboral definitivo pueden encausarse mejor de asistir a la ayuda sicológica profesional, existentes en policlínicos y en la red de salud en Cuba, pero generalmente no se toman en serio los traumas del proceso previo y pos jubilación, algo a tener en cuenta en una sociedad que va hacia el envejecimiento cada vez más.

En el policlínico universitario Dr. Enrique Barnet del municipio de Santa Isabel de las Lajas, en la provincia de Cienfuegos, desarrollan un programa educativo previo a la jubilación, dirigido a trabajadores en etapa pre-jubilatoria.

A cargo de la licenciada Tania Maité Ponce Laguardia, el proyecto abarca el periodo 2019 – 2025 y tiene como objetivo desarrollar iniciativas que favorezcan la adaptación de los trabajadores a la nueva situación, con un afrontamiento positivo.

"¿Planes?, repite Felicia Ponce Sarría: Pues cuidar los nietos, y ver novelas, sobre todo quiero descansar".

Decididamente se ha extendido entre la población cubana el mito de que a los jubilados solo les espera el cuidado de los nietos o la jaba de comprar los productos del agro o de la bodega.

Como tal la jubilación constituye una etapa relacionada con la madurez, el descanso y la plenitud, de ahí que etimológicamente el término proviene del latín iubilare, cuya significación es gritar de alegría.


Es un tiempo para tener tiempo y valga esa redundancia. Sin embargo, el cese de la actividad se percibe de manera diferente conforme se avanza hacia ella.

Para muchas personas la jubilación significa un punto de inflexión, desde el cual pueden aspirar a metas enriquecedoras con su desempeño en tareas laborales diferentes, de superación, o de inserción social en otros ámbitos.


Sería muy inteligente entonces antes de tomar la decisión de jubilarse, que cada cual posea un proyecto de vida y estar preparados para asumir el nuevo rol y estatus de jubilado, pero con miras optimista, de realización y entrega.

Posibilidades hay, por ello son muchos los jubilados que encuentran en las casas de abuelo una vía para hacer amigos, compartir nuevas esperanzas, insertarse en un grupo coral, en la elaboración de artesanía, o de enamorarse otra vez.

Algunas mujeres, sobre todo, asisten a clases de artes manuales para aprender el corte y costura, bordar, tejer, cultivar plantas ornamentales y ello puede hacerse de forma paralela con el cuidado de los descendientes y con las tareas hogareñas.

No hay de otra si se trata de tener una vida próspera, activa, útil, y de realizaciones personales luego de traspasar el peldaño hacia la jubilación.