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Prisciliano no puede vivir lejos del mar (+ Fotos)

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El santiaguero Prisciliano La O Pérez, más conocido por “Priki”, no puede vivir lejos del mar.
Su padre se mudó en 1920 a El Cayo, como es conocido popularmente el islote ubicado próximo al canal de entrada de la bahía, nombrado Smith hasta antes del triunfo de la Revolución y después de 1959 Cayo Granma.

Ese ambiente marino donde su progenitor formó una familia, le permitió ser, desde pequeño, un diestro nadador, pescador y convertirse en buzo.
Diversas circunstancias demandaron sus habilidades de inmersión, algunas de ellas envueltas en interesantes historias.

Una de estas fue participar en la extracción del ancla del barco carbonero USS Merrimac, de la escuadra de los Estados Unidos, junto a los experimentados buzos Iván Pérez Alabo y Pedro Soberats Triguero.

La pieza la entregaron entonces a la Academia de Ciencias de Cuba como testigo del hostigamiento a la escuadra naval de España durante la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana, en julio de 1898.


Resultó el “Merrimac” el único barco de la flota del norte hundido en esa batalla naval, aunque ocurrió antes de comenzar el ataque a la flota del Almirante español Pascual Cervera a su salida por el canal de entrada de la bahía, luego de abandonar el puerto.

Ese pecio yace entre La Estrella, La Socapa y Cayo Granma; y nada fácil resultó sacar el ancla del fondo marino por su peso, para lo cual emplearon una veintena de bidones de 55 galones, a lo que siguió su traslado hasta el litoral de Punta Gorda y luego auxiliarse de equipos de izaje para su transportación.
Tal nave forma parte del Parque Arqueológico Batalla Naval de Santiago de Cuba-1898, declarado en el 2015 Monumento Nacional.

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Como es natural la participación de Prisciliano en la recuperación del ancla, ha atraído hasta él a periodistas, fotógrafos e investigadores para saber de primera mano sobre ese hecho.


Muchísimas anécdotas del mar tiene para contar a sus 75 años, unas buenas y otras no tan buenas.


Entre estas últimas figura la desaparición de la casa hincada sobre pilotes donde residía, por estar casi la mayor parte de su construcción sobre el mar, debido al destructivo huracán Sandy que azotó territorio santiaguero en octubre de 2012.


Aunque le entregaron un apartamento en el reparto Punta Gorda, muy cerca del litoral, no puede vivir sin “tocar” el mar a diario en El Cayo y pasa la mayor parte del tiempo en la vivienda de un hijo.


Posee un bote de motor, ahora en reparación, para los ratos que disfruta de la pesca y, además, auxiliar a vecinos de ese dominio de ultramar que necesitan trasladarse a tierra ante una situación de premura, sobre todo fuera del horario de servicio de las lanchas de transportación de pasajeros.


El “Priki” es un hombre de mar, solidario y presto siempre a contar historias y leyendas de El Cayo, donde ha vivido desde su llegada al mundo hace 75 años y y dice que nunca abandonará, por estar enamorado de sus encantos naturales.

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