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Mujeres en la ruta del café (+ Fotos y Audios)

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No lo toma por razones de salud, pero ni la embestida de las hormigas o las largas y duras jornadas han logrado quitarle a la cubana Idalmis Vicet Calderín la voluntad de trabajar en los campos de café, donde- además de ganar el sustento- satisface su deseo de ser útil a la sociedad.

El Presidente cuenta con el apoyo de cada uno de nosotros y como mujer me siento honrada de poder ayudar, expresó; y hasta podría pensarse que le resultan pocos los quehaceres de ama de casa y el aporte implícito en formar parte de una familia igualmente integrada al trabajo y el estudio.

Profesa la fe cristiana, es muy amable, risueña, de estatura mediana, piel trigueña y voz dulce, y desde las lomas de Buey Arriba, uno de los municipios mayores productores del grano en Cuba, afirmó su acompañamiento a la Revolución.

Descendiente de campesinos, Idalmis vive en la comunidad de Nuevo Yao, y hace aproximadamente cinco años labora como contrato en la Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) Delfín Carrillo Sosa, de la zona de San Rafael, en el Plan Turquino de la oriental provincia de Granma.

Allí también ayudó a levantar muchos muros de piedra, como parte de un proyecto de recuperación de suelos, y en cada cosecha regresa para la recolección del café, que es sin dudas un trabajo difícil, pero la hace sentir realizada, resaltó.

¡Ay, queridos!, muchas veces hasta me ha subido la presión en el campo, o sucede que halas un gajo a las siete de la mañana y son hormigas de los pies a la cabeza; he padecido ronchas, alergia.

A pesar de todo –dijo sonriente- sobre las 6:30 a.m. ya estoy en la UBPC y marcho entre los primeros rumbo a los cafetales, junto a su retoño Ángel Muñoz Vicet, quien tiene 23 años de edad y es plaza fija.

Si hay buena maduración puedo recoger hasta dos latas y media en un día, y estoy satisfecha con mis ingresos, entre los 400 y 600 pesos mensuales, declaró.

Pero para Vicet Calderín la jornada de labor comienza mucho antes, sobre las cuatro y treinta de la madrugada, cuando despierta en el hogar y prepara el desayuno y la merienda de la familia, la cual completan su esposo, también obrero, y una hija de 22 abriles que estudia corte y costura.

Curtida en el trabajo y sin miedo a quehacer alguno, al término de la cosecha cafetalera dedica el tiempo a sus seres queridos y se busca el dinero, honradamente, haciendo lo que haya que hacer.

Limpio patios y casas, blanqueo vasijas, lavo y plancho…Todo lo aprendí de mi madre, una mujer campesina luchadora e integrada, que siempre me instó a saber hacer las cosas y ser una persona útil a la sociedad, agregó.

Empuje femenino también desde la oficina

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Igual de emprendedora y enérgica es Marlenis Ortiz Cedeño, otra fémina que impulsa el quehacer de la cooperativa y sigue atentamente la ruta del café, pero en su caso desde los controles económico-financieros.

Graduada de Ingeniería Agrónoma en la Universidad de Granma, trabaja en la zona de San Rafael desde 1992, y dos años después vio nacer la UBPC Delfín Carrillo Sosa, que hoy agrupa a 53 trabajadores, 43 de ellos directos a la producción.

Considero a este lugar como mi casa grande, y así lo transmito al resto del colectivo. Si hoy mostramos buenos resultados es gracias a la responsabilidad, el sentido de pertenencia y la unidad que hemos alcanzado.

Sin embargo, una cooperativa rentable no se erige de la nada. Ha costado mucho, casi tres décadas de perseverancia y trabajo, como para no descansar, el tiempo verdaderamente no alcanza, incluso me llevo papeles para la casa, que no debe ser, porque también tengo que atender la familia, subrayó.

A veces suele pensarse que el café sólo demanda laboreo durante la cosecha, y eso es un error, porque luego vienen todas las atenciones culturales para asegurar que el año próximo te produzca un poco más.

Ortiz Cedeño vive en el poblado de Buey Arriba, cabecera del municipio, por lo que diariamente se traslada unos cuatro kilómetros hasta San Rafael, y luego camina otros dos, aproximadamente, entre la carretera y las oficinas de la cooperativa.

Ello implica tiempo de espera en las paradas y suma un total de 12 horas a la jornada de labor, algo que sólo es posible gracias al apoyo familiar, afirmó Marlenis, quien ni por un segundo descuida su feminidad, pues el trabajo en el campo no implica contrariedad alguna con la condición de mujer.

A mí me encanta vivir así, arregladita y pintadita todo el tiempo, y si hay que ir para los cafetales, pues voy pintadita también, remató con una sonrisa y el sonido de sus pulsas.