Nancy vivió una amarga experiencia por la COVID-19 (+Fotos)

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A Nancy Arencibia Brito le trastocó la existencia la COVID-19, enfermedad con la cual se contagió insospechadamente, y como para lo fue para muchos otros pacientes en el mundo, resultó una desgarradora experiencia sentir el sonido de los equipos médicos funcionando o estar acoplada a un respirador artificial en la sala de terapia intensiva de un hospital.

La camagüeyana tuvo la confirmación a inicios de abril último haber contraído el peligroso padecimiento, casi al cumplirse un mes de detectarse en Cuba los tres primeros casos positivos al nuevo coronavirus SARS-CoV-2, provenientes de Italia, epicentro de la pandemia en aquel entonces.

Solo con sospechas de COVID-19, Nancy llegó al hospital Clínico Quirúrgico Amalia Simoni, de esta ciudad, e inmediatamente requirió por su estado de gravedad, cuidados intensivos especializados, condición con la cual fue traslada al Militar Octavio de la Concepción y de la Pedraja, tras el diagnóstico definitivo.

Así narró la zozobra experimentada, incluso antes de ingresar en la primera unidad asistencial, cuando se sentía desfallecida, con grandes dificultades para respirar, malestar general y su temperatura corporal alcanzaba los 40 grados Celsius, registro que descendía, pero subía al instante otra vez.

Cinco jornadas transcurrieron también en el Octavio de la Concepción y de la Pedraja con reporte de gravedad para la agramontina de 53 años de edad.

“No recuerdo cuando me colocaron los aparatos, me parece que estuve dos días casi sin conocimiento, y en otras me desperté y me vi conectada a esos dispositivos, y sentí también cómo movían la cama de un lado a otro para bañarme”, recordaba al evocar sus vivencias antes de rebasar el peligro mayor.

“Siempre agradezco a Dios y al personal en la zona roja, aunque, si bien no recuerdo los nombres y no aprecié nunca sus rostros por los trajes usados para no infectarse, guardo en mi memoria a dos jóvenes doctores, quienes me trataron muy bien cuando ya no existían amenazas para mi vida”, agregó.

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Los días de ingreso para ella se tornaron más tristes mientras pensaba en los cerca de 250 contactos aislados, o luego cuando fueron diagnosticados su mamá, esposo, cuñado, nieta y una vecina con la cual mantiene una relación de amistad.

La cadena de contagios provocó el establecimiento del régimen de cuarentena en parte del consejo popular Buenos Aires- Bellavista, en la capital provincial camagüeyana, donde está su residencia y las de sus seres queridos, como un procedimiento muy necesario para frenar la trasmisión de la enfermedad en esa zona.

“Padecer la COVID-19 me dejó, además, muchas secuelas, como pérdida del cabello en abundancia, dificultad respiratoria y frecuentes dolores de cabeza y en las extremidades inferiores, la gran mayoría aliviadas en los últimos tiempos”, señaló.

Por ello, su primera recomendación es el autocuidado personal, comportamiento más exitoso ante la actual situación epidemiológica, y que adopta, sobre todo ahora que se recupera de una fractura en la columna vertebral, pues días después de incorporarse a su rutina laboral tuvo un accidente en su moto eléctrica.

Aun cuando el 2020 ha sido un año muy difícil para ella- incluyendo en esa valoración el accidente de tránsito sufrido-, la alegría de vivir la desbordan, y lo manifiesta al expresar sus deseos de retomar la actividad en su función diaria en una unidad gastronómica del Estado.

Precisamente por ese ímpetu Nancy logró reponerse y sobrevivir a la COVID-19, amén de la excelente labor desplegada por los profesionales de la salud camagüeyanos, protagonistas de la batalla diaria en cualquier zona roja de algún hospital.

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