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Yuliet en el corazón de todos

0-13-yuliet-1.jpgYudisleydis Sánchez Domínguez a sus 19 años jamás imaginó que una alteración en su presión arterial durante el embarazo cambiaría el rumbo de una gestación hasta ese momento completamente normal, afectando a la niña que venía en camino y que de inmediato al segundo día de nacida comenzó a presentar convulsiones.

A partir de ahí fueron casi 50 días de gravedad en los que Yuliet Moya Sánchez, la recién nacida, se debilitó totalmente.

Dieciséis años después Yudisleydis cuenta a la Agencia Cubana de Noticias que Yuliet presenta una parálisis cerebral infantil (PCI), sufre de microcefalia con una atrofia cerebral, epilepsia, asma bronquial y alergia.

Los primeros ataques, y hasta los seis meses cuando aumentaron las convulsiones, provocaron que la pequeña no lograra caminar, hablar, masticar ni tener independencia para realizar sus necesidades fisiológicas. Está postrada totalmente, aunque reconoce a algunas de las personas más allegadas a su entorno.

Durante su inicial año de vida, desde el Hospital General Docente Ernesto Guevara de la Serna hasta el Pediátrico Mártires de Las Tunas la atendieron por etapas, primero la capacidad de movimiento, luego el neurodesarrollo, también desde la psicología en busca de avances, pero con sólo una convulsión se retrocedía lo que costaba varios días de rehabilitación, cuidados que recibió hasta los 12 años.

Mas, la esperanza para Yudisleydis nunca faltó. A partir de los dos años la atención multidisciplinaria se proyectó por completo a garantizar una mejor calidad de vida: le otorgaron una batidora, un refrigerador y un subsidio de 58 mil pesos para la construcción de la casa.

En la provincia de Las Tunas más de 21 mil 900 personas de diferentes edades sufren algún tipo de discapacidad, de ellas más de seis mil 200 presentan afectaciones físico-motoras entre las que se encuentra la parálisis cerebral. Y todas reciben atención médica y social.

La atención en Cuba a personas vulnerables por su condición física, médica o social es una máxima de la Revolución desde el triunfo definitivo en enero de 1959, garantías que se aseguran ante cualquier contexto y a pesar de los embates que provoca a la economía el bloqueo económico, financiero y comercial de los Estados Unidos.

Esta ayuda gratuita incluye colchón, sábanas, el módulo suministrado por el Ministerio de Salud Pública con lona, tela antiséptica, toalla, jabones y otros productos imprescindibles para el cuidado y protección de Yuliet, además de la chequera permanente entregada por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social a Yudisleydis por ser la máxima cuidadora.

A la niña no la dejan de visitar --comenta--, hace solo unos días vino la trabajadora social y también acuden del consultorio médico de la familia, muestra del trabajo que se realiza desde el Policlínico Aquiles Espinosa, área de salud a la cual pertenecen en el reparto Aguilera, de la ciudad tunera.

Como parte de la atención multisectorial y especializada, la rehabilitación de Yuliet se centró entonces en sus manos y pies para que no perdiera la movilidad, proceso en el cual la familia de Yudisleydis siempre ha estado presente pues el papá de la niña y ella se separaron desde que la pequeña nació y desde entonces no ha contado con su colaboración.

Bien sabemos de la difícil situación en el país y de las afectaciones provocadas por el cerco imperial y ahora con el enfrentamiento al nuevo coronavirus, pero los medicamentos controlados para el tratamiento nunca han faltado, nos priorizan en la farmacia central, incluso ahora que necesita otros a causa de la crisis de alergia agudizada por el polvo del Sahara, expresa la madre.

La joven de 35 años habla profundamente agradecida de la donación Junior High por la que Yuliet ha recibido tres sillas de ruedas, así como las tres ocasiones en que la niña ha estado grave y los profesionales de la salud en Las Tunas no han descansado hasta salvarla.

Yuliet no es igual a otros niños y niñas con parálisis cerebral --nos informa antes de que la conozcamos porque está al lado, en casa de la tía Leslie--, ella mantiene buen peso corporal y mueve con agilidad manos y pies, tiene una elasticidad impresionante y tuvo un desarrollo sexual normal y también en sus dientes. No tiene fortaleza en el tronco, pero gracias a la rehabilitación pudo comenzar a coger las cosas con su mano derecha.

La coordinadora del Departamento de Trabajo Social en el Policlínico Aquiles Espinosa, Nancy Rodríguez Quiñones, explicó a la ACN que Yuliet está entre los 26 infantes con PCI de esta área de salud, y su seguimiento por el equipo básico de trabajo desde la comunidad y el cuidado esmerado de la familia han hecho que a sus 16 años se mantenga estable.

Mientras la máster en Defectología, Jacqueline Rivera Velázquez, coordinadora provincial del Programa de Discapacidades en el oriental territorio, significó que la atención sobrepasa al paciente para capacitar y asistir psicológicamente a las familias, pues convivir con una persona con este tipo de limitaciones exige de la preparación y la sensibilidad de quienes le rodean.

La PCI es descrita como la primera causa de discapacidad en la infancia y una de las principales afectaciones de la calidad de vida tanto para los pacientes como para sus familiares, una realidad que se desdibuja cuando por fin conocemos a Yuliet. El abuelo Jorge Luis dice que no puede con ella de lo grande que está, la primita Kely se niega a salir en las fotos, pero la tía Lesli lo resume todo en una frase: “Esta negrita es la alegría de nosotros”.

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