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Una huella indeleble para José Antonio

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Al joven enfermero camagüeyano José Antonio Rodríguez Igarza la vida profesional se le ha multiplicado con el sonido ensordecedor de las sirenas de ambulancias, por la loable labor que despliega durante el traslado de casos sospechosos y positivos al nuevo coronavirus SARS-CoV-2.

Con apenas tres décadas de vida, reconoce la huella indeleble que ha dejado ese intenso quehacer en su formación como trabajador del Sistema Integrado de Urgencias Médicas (SIUM) en la provincia de Camagüey.

Una experiencia similar nunca la había tenido antes, afirmó categóricamente mientras detallaba momentos vividos desde marzo último, mes marcado en el calendario por ser el inicio de la incidencia de la pandemia en la nación caribeña.

Palabras no tengo para describir ese instante cuando conocí que debía estar bien de cerca de un enfermo, tuve la sensación de que el cuerpo se me enfriaba, pero esta es mi profesión y realicé el movimiento del paciente, aunque con temor, relató.

En ocasiones las jornadas transcurren tranquilamente, sin embargo, en otras hemos llevado pacientes desde el Hospital Militar Octavio de la Concepción y de la Pedraja y hasta el Clínico Quirúrgico Amalia Simoni- ambos en esta ciudad-, cuando requieren de una tomografía, ejemplificó.

El retorno de los convalecientes a sus viviendas es otra de las tareas diarias emprendidas por enfermeros y paramédicos del SIUM en el oriental territorio y que, al igual que el resto, demanda de una excelente preparación de cada uno de los especialistas, sobre todo los de cuidados intensivos.

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Es importante poseer una serie de conocimientos, estamos a expensas de lo que pueda suceder en el traslado, no podemos actuar con indecisiones, por lo cual el manejo debe efectuarse al instante y sin nerviosismo, especialmente teniendo en cuenta el estado de salud del paciente.

Asimismo, resaltó la relación que prima entre él y su compañero Rolando Peláez Montalván, con casi una década de trabajo también detrás del timón de las ambulancias, actualmente en tiempos de COVID-19 en el vehículo identificado con el número 6007, perteneciente a la base de transporte sanitario del Sistema en esa provincia.

El cumplimiento de las medidas de bioseguridad y el uso correcto de los medios de protección constituyen uno de los elementos principales para evitar la propagación del peligroso patógeno, comentó, y al mismo tiempo aseguró que mientras se adopten las precauciones dictadas por las autoridades sanitarias no debe existir miedo a contagiarse.

Luego de cada viaje en servicio del carro se procede a su desinfección con hipoclorito de sodio al 0,5 por ciento, esparciendo esa solución y dejándola actuar por unos 30 minutos, posteriormente se limpia con agua y se seca bien, y se espera por el transcurso de otro intervalo de tiempo para emplearlo nuevamente, especificó.

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Detrás de la respuesta rápida de los profesionales dedicados a encarar las emergencias y urgencias, el desempeño de los expertos de la mesa coordinadora- emplazada en la base de transporte sanitario en la capital provincial-, resulta esencial durante la presente situación epidemiológica y ante la inminencia de las demás necesidades de la población.

Alejados de los familiares, los enfermeros y paramédicos de las ambulancias completan también 14 días enfrascados en salvar vidas, como otros que desafían la pandemia en la zona roja de las unidades asistenciales, para luego permanecer aislados igual jornada en centros acondicionados con ese fin.

Una labor humanista y altruista, de sacrificios también, de los trabajadores del servicio del Sistema Integrado de Urgencias Médicas en Camagüey, otra de las piezas claves que tiene el sistema de salud cubano en el enfrentamiento eficaz y riguroso contra la COVID-19 y donde igual que en los hospitales, en las zonas roja, abundan los jóvenes.