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Sí, quiero que Villa Clara gane

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Aunque es natural de Morón, municipio de la provincia de Ciego de Ávila, José Antonio García Uña ya se siente villaclareño. Desde finales del 2014, la vida lo trajo a este central territorio y, luego de casi seis años vinculado al entrenamiento del equipo provincial de béisbol para la Serie Nacional, ahora asume la dirección del conjunto anaranjado.

Todavía los peloteros de Ciego, a quienes entrenó tanto en ligas inferiores como para la serie del 2013, le cuestionan: “¿tú no querrás que Villa Clara gane, no?”; sin embargo, durante estos años José Antonio aprendió a amar la camiseta de los Leopardos Azucareros: “Yo soy villaclareño, deseo que este equipo salga adelante y se corone campeón de la serie 60: Sí, yo quiero que Villa Clara gane”.

Claro, insistió, nunca resulta sencillo jugar contra antiguos compañeros (como Yorelvis Charles Martínez, actual director de Los Tigres avileños) y alumnos; por eso prefiere no pensar en algún choque definitorio entre ambos conjuntos.

La trayectoria profesional de García Uña en la provincia más central de Cuba, aunque corta, ha resultado fértil: luego de acompañar al equipo de Manicaragua durante una edición de la Serie Provincial de Béisbol, integró un grupo multidisciplinario dirigido por el profesor César Valdés y, desde la edición 56 de la Serie Nacional, ha desempeñado diferentes funciones dentro del team provincial (al frente de la reserva, entrenador, coach de primera, coach de banca y ahora mánager).

A José Antonio la responsabilidad de dirigir los Azucareros le tomó por sorpresa –comenta– pues fue algo a lo que no aspiraba, pero que asume con la mayor alegría y respeto. Su equipo -junto con Industriales, Santiago de Cuba y Pinar del Río- se erige como uno de los cuatro grandes de la historia del béisbol cubano luego del triunfo de la Revolución, y transita ahora por un importante proceso de renovación que impone gran reto ante la exigente afición.

Sin embargo, la experiencia resulta una garantía de éxito ante cada nueva misión que asuma García Uña, este hombre a quienes algunos insisten en llamar el mentor científico del equipo Villa Clara.

Como él mismo apunta, tantos años de trabajo con categorías inferiores en su municipio natal, además de la práctica ininterrumpida del béisbol desde muy pequeño hasta sus 28 años, la experiencia internacionalista en la República Bolivariana de Venezuela y el marcado interés por la investigación lo ayudarán, sin dudas, en el nuevo camino.

Luego de concluir su carrera en activo, iniciada desde edades muy tempranas a partir de la influencia de su padre y sus tíos, y graduarse de Licenciatura en Cultura Física y Deporte, trabajó con niños durante varios años, un paso que considera esencial para la superación de cualquier entrenador, por la preparación metodológica y las largas horas de estudio que demanda.

Además, ha disfrutado ampliamente el crecimiento de los pequeños a quienes formó, y se llena de satisfacción cuando los ve conformar la nómina de equipos provinciales y nacionales; así como cuando antes que profesor lo llaman padre y, convertidos en grandes peloteros, recurren a él en busca de algún consejo.

En Ciego, reconoce, tuvo la suerte de presenciar cómo la generación que preparó desde niños, encontró su lugar en equipos nacionales; y cita algunos nombres, aunque insiste en que son muchos más: Osvaldo Vázquez, Humberto Morales, Yeorlian Rodríguez, Raul González…

La experiencia en Venezuela –explica– donde entrenó equipos juveniles con todos los recursos, le dio la posibilidad de conocer mejor al atleta extranjero y al cubano; mientras el primero se entrega al deporte, sobre todo, por un objetivo económico, el segundo, va al terreno por amor, por deseos de jugar béisbol. Y esa característica tan propia del deporte nacional quiere reforzarla en el conjunto que ahora dirige, para formar peloteros que salgan al juego a disfrutar.

José Antonio encuentra placer en la superación profesional e, incluso, sueña un día dedicarse completamente a la investigación científica, por eso no es poca su participación en eventos de ciencia y técnica con trabajos orientados, fundamentalmente, a la búsqueda de medios de enseñanza para perfeccionar el bateo, las acciones técnico-tácticas en el terreno y para introducir el entrenamiento deportivo moderno en la pelota cubana.

El nuevo mánager, consciente de los riesgos que puede traer consigo la innovación, apuesta por un entrenamiento lo más contemporáneo posible y el trabajo a fondo con la sabermetría actual para conformar una formación defensiva y trazar estrategias de picheo, una iniciativa que, unida al legado de los anteriores mentores, permitirá a los anaranjados continuar haciendo historia.

José Antonio García Uña, a sus 43 años, ha aportado mucho más al béisbol de lo que su profunda humildad le permite reconocer. No hay un ápice de autosuficiencia en este hombre que se despoja de toda confianza para depositarla en sus Leopardos Azucareros, a quienes admira profundamente.

Algo sí me dice lleno de fuerza en la mirada este guajiro de Ciro Redondo, a quien su familia le legó la pasión por el béisbol y que, por ahora, se mantiene viva en su sobrino Brayan: “nunca he tenido interés por dedicarme a otro deporte, si vuelvo a nacer, seré pelotero”.