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Dazary libró una ardua batalla contra la COVID-19

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El miedo no mella nunca la disposición de la enfermera Dazary Cruz Molina, una de los tantos profesionales de la salud en Cuba que han desafiado a la COVID-19, pandemia devastadora que aún arrebata vidas humanas en el orbe.

Desde su puesto habitual en la sala de terapia intermedia del Hospital Clínico Quirúrgico Amalia Simoni, de la ciudad de Camagüey, la Licenciada en Enfermería transformó su temor al microorganismo ante el cual se debatía, en la satisfacción de contribuir con la recuperación de los pacientes.

Tales ideas afloraron en su mente en el instante de asistir por primera vez a un caso positivo al nuevo coronavirus SARS-CoV-2, un pensamiento compartido también por el resto del personal médico del mundo para engrandecerse frente a la urgencia sanitaria que ha trastocado su quehacer.

Con poco más de una década de experiencia en la institución camagüeyana, Dazary no olvida los cuidados ofrecidos a las cerca de 10 personas ingresadas en la sala, cuando el 29 de abril último comenzó su primer ciclo de trabajo en la zona roja durante 14 días.

Especialmente recuerdo cómo, luego de casi un mes de haber laborado con los sospechosos, formé parte del equipo que estuvo en la parte de mayor riesgo con los enfermos, entre ellos un avileño de 20 años, quien- además de estar infectado- tenía como antecedente una tuberculosis, señaló.

Cuatro turnos de trabajo en un periodo de dos semanas bastaron para reafirmar su vocación por la Enfermería, así se resumen las anécdotas referidas por ella cuando explicó el apoyo dado a los contagiados durante el tratamiento.

En la sala los aquejados no estaban acoplados a un respirador artificial, pero a ellos sí se les brindó mucha ayuda, sobre todo psicológica, además de que debíamos cepillarles los dientes, arreglarles las camas y darles los alimentos, pues estaban alejados de su familia, subrayó.

Identificada con el sentir de un padre preocupado por la salud y el bienestar de su descendiente, la profesional camagüeyana sostuvo una estrecha comunicación por vía telefónica con el progenitor del avileño ya mencionado.

Las lágrimas me brotaban cada vez que hablaba con ese señor, pues me colocaba en su lugar al tener dos hijas- una de 19 años y otra de siete años de edad-, destacó y, al mismo tiempo, relató la alegría sentida cuando el joven pudo regresar a su casa restablecido.

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Durante los días que se encontraba alejada de la calidez de los integrantes de su hogar, Dazary creció espiritual y profesionalmente, sin dejar de seguir rigurosamente los protocolos de bioseguridad y emplear los medios de protección requeridos, para evitar contagiarse con la COVID-19.


Mis hijas, padre y esposo me transmitieron constantemente su cariño y preocupación, refirió al evocar esos momentos que la alentaron a sortear el peligro en cada una de las arduas jornadas de 24 horas, o cuando cumplió el tiempo de aislamiento establecido para el personal de salud expuesto, de acuerdo al periodo de incubación del SARS-CoV-2.

Sin embargo, su mensaje para la población sobre el cumplimiento de las medidas higiénicas es contundente cuando de seguro revive momentos similares en el Hospital donde continuó su formación, tras culminar en 2009 la licenciatura en la Universidad de Ciencias Médicas Carlos J. Finlay de Camagüey.

Ante el aumento considerable del número de contagios en la vecina provincia de Ciego de Ávila, tanto ella como los demás especialistas del “Amalia Simoni” se enfrascan hoy de nuevo en la batalla contra la peligrosa situación epidemiológica que existe, la cual solo se logra revertir con la disciplina individual.

Su centro hospitalario vuelve de nuevo a incorporarse totalmente a la atención de los enfermos ahora de la vecina Ciego de Ávila, pero lo hacen con el principio de la medicina de ser y llevar atención y salud a cualquier persona, porque en estos momentos de pandemia Cuba es una sola.