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A mitad del Escambray, ser profeta en tierra propia (+Fotos)

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Digamos que Escambray adentro las distintas demarcaciones pierden fronteras y las nomenclaturas de lugares y caseríos son solo un mecanismo para organizar la vida en sociedad. Digamos que uno vive en el Escambray y punto, así de simple y así de inmenso y entenderemos como un joven de 19 años se muda de un asentamiento urbano al corazón mismo de las montañas, a más de 800 metros sobre el nivel del mar.

Con esa edad, desde Manicaragua, llegó Julio Valladares Benítez a Picos Blancos, una comunidad puesta bien arriba entre las lomas villaclareñas y en la que, lo más seguro para salir de ella, serían los propios pies o las ancas de un animal de carga. Han pasado 10 años desde aquella primera vez y la convicción de Julio sigue siendo la misma: de aquí arriba no me voy a no ser que esto desaparezca.

A los 28 fue elegido Delegado del Poder Popular en Picos Blancos, ahora tiene 29 y su labor es avalada por quienes lo conocen y se benefician de su accionar diario. Allá arriba, a no ser por el transporte escaso (una guagua entra dos veces a la semana) y lo intransitable del camino, los vecinos cuentan con las necesidades básicas cubiertas: servicios de salud, comercio y gastronomía, agua potable y el privilegio natural del aire más puro y un paisaje despampanante.

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Allí hay, cuenta Julio, 196 habitantes exactos, la mayoría se dedican a quehaceres agrícolas enfocados en el café y el plátano y algunos cultivos varios para su propio consumo. Ahora, el joven delegado empuja para desarrollar el programa de patios y parcelas familiares y él mismo ha comenzado a dar el ejemplo.

De conjunto con mi esposa, confirma, la promotora cultural de la comunidad, ya planté pepino, calabaza, habichuela, un canterito de ajo porro...hay que sembrar porque lo pide el país y porque supone un alivio para los hogares, ya he logrado que varios vecinos se sumen y la meta es involucrarlos a todos, asegura.

A los 29 años uno piensa que la vida le pertenece y anda en pos de grandes éxitos y busca destacarse a golpe de méritos extraordinarios que la mayoría del tiempo no son tales. Pocos con esos años han descubierto que a veces, en lo más simple, está la combinación para triunfar: en Picos Blancos, pensemos, ha triunfado Julio.

Lo hace cada vez que un enfermo encuentra al doblar de su casa la medicina y cuando no se quedan detrás de la planificación provincial porque el delegado ha bajado a lomo de mula para representarlos en cada asamblea o decisión que se tome.

La victoria se evidencia en el júbilo de la enfermera y electora- Yanitza Corent Palacio- que corrobora que el cuadro básico de medicamentos no se extingue allí y muestra al consultorio número 12 tan preparado como un hospital y asegura se brindan consultas de estomatología, ginecología, pediatría.

Está, además, en la escuelita a la que apenas asisten nueve niños, pero a los que se les imparten, más allá de las asignaturas elementales, otras como Computación e Inglés con maestros que suben desde Manicaragua.

El próximo empeño de Julio es convertirse en radioaficionado para mantener la comunicación y transmitir en tiempo real lo que acontece en Picos Blancos. Además de Delegado se ha impuesto la misión de corresponsal que divulgue el día a día de una comunidad.

Por los trillos arrevesados del Escambray, a través del serpentear de los caminos entre lomas, Julio, a los 29 años, se aferra por el desarrollo de una comunidad que ha sobrevivido a migraciones al llano, tormentas y olvidos. Dicen que nadie es profeta en su propia tierra, pero, si pensamos al Escambray como un único territorio, podría apuntarse que Julio lo es.

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