All for Joomla The Word of Web Design

Una experiencia que valió la pena vivir

 

0509-Rostros_3.jpg

Guantánamo, 5 sept (ACN) Dispuesta a unirse a la brigada Henry Reeve en el combate contra la COVID-19, llegó primero la opción de Serbia, luego Argentina y después México, adónde finalmente viajó la doctora guantanamera Elianis Simillón Castillo, especialista en primer grado de Medicina General Integral del policlínico Asdrúbal López, de esta ciudad.

Posterior a una preparación impartida por profesores del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí, salieron hacia la nación azteca el 22 de abril, en momentos en que allí se superaba el millar de muertes por el coronavirus y la Ciudad de México reportaba la mayor cifra de defunciones y casos acumulados del país.

La brigada, integrada por 578 especialistas de diferentes áreas la distribuyeron por diferentes hospitales, y a ella le correspondió uno público, junto a casi una veintena de colaboradores, el Hospital General Balbuena, rememora la joven médico al evocar la experiencia de la que sería su primera misión en el exterior, en sus seis años de trabajo.

Me tocó el primer día de guardia, en un centro que no era puramente de COVID-19, sino de trauma- sock, en el cual se atienden enfermedades quirúrgicas y traumas craneales, y en el primer piso se habilitó un servicio de triaje (clasificación de pacientes), mientras en el tercero se adaptó una sala para los pacientes con el coronavirus.

Relata que hicieron de todo: fueron médicos, enfermeras, laboratoristas, tomaron muestras de PCR, de sangre, realizaron curas, suturas, asistieron en urgencias y emergencias, en jornadas de 24 horas, con descanso durante las siguientes 48.

El trato del personal cubano con los pacientes era distinto, creamos empatía con los enfermos, les ofrecimos apoyo y consuelo, les pasamos la mano, entonces llegó un momento en que preferían ser atendidos por nosotros, decían que teníamos un humanismo que no lo tiene nadie.

Riesgo de contagiarnos siempre existió, -señala -, pero contábamos con los medios de protección, overol, sobrebata, careta, guante doble y hasta triple, y disponíamos de un cuarto con baño, en el cual nos cambiábamos la ropa, y al salir de la zona roja ahí teníamos el agua bien caliente, la desinfección, todo con mucho cuidado.

0509-Rostros_4.jpg

¿Lo más difícil?; los recelos cuando llegamos, -responde-, no entendían que hubiéramos ido a ayudar, no a suplantarlos ni a cambiar su forma de trabajo, la creencia de que nos pagaban cientos de dólares, y eso hacía áspero el roce.

No concebían nuestra presencia por razones de humanismo, solidaridad, internacionalismo, que no hubiera otros fines de por medio, pero todo cambió después, hice muchas amistades y al final no querían que nos fuéramos, incluso allá quedaron 123 compañeros para apoyar en estados como Veracruz y Tabasco.

Lo otro fue la comida, adaptarnos al picante con que la cocinan, y la salsa de lo que aquí conocemos como tuna dulce, un plato que nos servían a diario en el hotel y no asimilábamos bien, a pesar de que les explicamos que eso no forma parte de nuestra cultura culinaria, pero lo sobrellevamos.

Y por supuesto, la separación de la familia, partimos de La Habana sin despedirnos, tengo un niño de cinco años y sabía que en México yo podía enfermar e incluso algo peor, pero había que hacerlo con la convicción de que todo saldría bien, que los dejábamos en manos de la Revolución, la cual los mantendría sanos y salvos y así los encontramos.

Refiere que la brigada dejó una huella en sus tres meses de trabajo, y por ejemplo en el hospital Enrique Cabrera, puramente de COVID-19, cuando llegó el personal cubano el índice de muertes era del 76 por ciento y al regreso estaba en un 34 aproximadamente.

En uno pediátrico, el Villa, no había médicos intensivistas y se enviaron dos especialistas nuestros, con lo cual disminuyó la muerte de neonatos, por eso creo que cumplimos con creces ese cometido, el esfuerzo valió la pena.

0509-Rostros_5.jpg

Los primeros pacientes de alta de coronavirus nos dirigieron palabras de agradecimiento, y recuerdo a una de 18 años con insuficiencia renal crónica en estado terminal e insistimos para transfundirla y extenderle el tiempo de vida, y cuando lo conseguimos me dijo: doctorita (así me llamaba), usted es muy buena, y murió, pero pudo despedirse de su familia.

Recalca Elianis que la experiencia de México fue inolvidable y muy fuerte, por eso cree más que merecido el premio Nobel de la Paz propuesto a la Henry Reeve desde países que saben de su trabajo en condiciones en extremo difíciles, con el sentido humanitario inculcado por Fidel.

Esa gratitud la manifestó también el pueblo mexicano en la persona de su presidente, Andrés Manuel López Obrador, al calificar de invaluable el apoyo de los médicos y enfermeros cubanos, en momentos complicados para el país.